Capítulo 1
PRIMERA PARTE: LA SALIDA DE EGIPTO
I. LOS HIJOS DE ISRAEL EN EGIPTO
Progreso de los hijos de Israel en Egipto
1Éstos son los nombres de los hijos de Israel que bajaron a Egipto con Jacob, cada uno con su familia:
² Rubén, Simeón, Leví, Judá,
³ Isacar, Zabulón, Benjamín,
⁴ Dan, Neftalí, Gad y Aser.
⁵ El total de los descendientes directos de Jacob era de setenta personas. José estaba ya en Egipto.
⁶ Luego murió José, y todos sus hermanos y toda aquella generación.
⁷ Pero los hijos de Israel fueron prolíficos y crecieron, se multiplicaron y se hicieron muy fuertes, hasta ir llenando el país entero.
Opresión de los hijos de Israel
⁸ Surgió en Egipto un nuevo rey que no había conocido a José,
⁹ y dijo a su pueblo: —Mirad, el pueblo de los hijos de Israel es ya más numeroso y fuerte que nosotros.
¹⁰ Vamos, actuemos astutamente con él, para que no siga multiplicándose y suceda que, si se declara una guerra, se unan a nuestros enemigos, peleen contra nosotros y luego abandonen el país.
¹¹ Así pues, les impusieron capataces que les oprimieran con duros trabajos mientras construían para el Faraón las ciudades de almacenaje Pitón y Ramsés.
¹² Pero cuanto más los oprimían, más se multiplicaban y propagaban. Los egipcios llegaron a sentir pavor ante los hijos de Israel,
¹³ así que los esclavizaron con crueldad
¹⁴ y les llenaron su vida de amargura, imponiéndoles trabajos severos como el de la arcilla y los ladrillos, y toda clase de faenas del campo; a todo tipo de trabajos los sometieron con crudeza.
¹⁵ Entonces el rey de los egipcios dio órdenes a las comadronas hebreas, una de las cuales se llamaba Sifrá y otra Puá:
¹⁶ —Cuando asistáis a las hebreas y llegue el momento del parto, si es niño, hacedlo morir, si es niña, dejadla con vida.
¹⁷ Pero las comadronas temían a Dios y no actuaron como les había ordenado el rey de Egipto, sino que dejaron con vida a los niños.
¹⁸ Entonces el rey egipcio las llamó y les dijo: —¿Por qué habéis hecho esto y habéis dejado con vida a los niños?
¹⁹ Respondieron las comadronas al Faraón: —Es que las mujeres hebreas no son como las egipcias; son fuertes y antes de que llegue la partera, ya han dado a luz.
²⁰ Dios favoreció a las comadronas y el pueblo se multiplicó y se hizo muy fuerte.
²¹ Y a las comadronas, por haber temido a Dios, les concedió numerosa descendencia.
²² Entonces el Faraón dio a todo su pueblo esta orden: —A todo niño que les nazca a los hebreos lo arrojaréis al Nilo; en cambio, a las niñas las dejaréis con vida.
II. VOCACIÓN DE MOISÉS
Capítulo 2
Nacimiento y primeros años de Moisés
¹ Un hombre de la casa de Leví tomó por esposa a una mujer de su misma tribu;
² ella concibió y dio a luz un niño y, viendo que era hermoso, lo tuvo escondido durante tres meses.
³ Al no poderlo ocultar por más tiempo, tomó una cesta de papiro, la calafateó con betún y pez, colocó en ella al niño y la puso entre los juncos, a la orilla del Nilo.
⁴ La hermana del niño se situó a lo lejos, para ver qué le ocurría.
⁵ La hija del Faraón bajó a bañarse mientras sus doncellas paseaban por la orilla del río. Cuando descubrió la cesta en medio de los juncos, envió a su sierva para que la recogiera.
⁶ Al abrirla vio al niño que lloraba, se compadeció de él y dijo: —Es un niño de los hebreos.
⁷ Entonces la hermana del niño dijo a la hija del Faraón: —¿Quieres que vaya a buscarte una nodriza que te amamante al niño?
⁸ —Ve —le contestó la hija del Faraón. Fue, pues, la joven y llamó a la madre del niño.
⁹ Y la hija del Faraón le dijo: —Llévate este niño y amamántamelo, que yo te daré tu salario. Tomó la mujer al niño y lo amamantó.
¹⁰ Cuando el niño creció, su madre lo llevó a la hija del Faraón, que lo trató como a un hijo y le impuso el nombre de Moisés, diciendo: «De las aguas lo he sacado».
Moisés en Madián
¹¹ En aquellos días, cuando Moisés se hizo mayor, salió adonde sus hermanos y comprobó sus duros trabajos. Vio entonces que un egipcio golpeaba a un hebreo, a uno de sus hermanos.
¹² Se volvió a un lado y a otro y, viendo que no había nadie, mató al egipcio y lo enterró en la arena.
¹³ Salió al día siguiente, vio a dos hebreos riñendo y dijo al agresor: —¿Por qué golpeas a tu compañero? 14Él respondió: —¿Quién te ha constituido príncipe y juez sobre nosotros? ¿Piensas acaso matarme como mataste al egipcio? Moisés tuvo miedo y se dijo: «Seguramente aquello ha trascendido».
¹⁵ Se enteró el Faraón del hecho y trató de matar a Moisés; pero Moisés huyó y se estableció en el país de Madián. Un día vino a sentarse junto al pozo.
¹⁶ El sacerdote de Madián tenía siete hijas. Vinieron a llenar los canales para abrevar el rebaño de su padre,
¹⁷ pero llegaron los pastores y las echaron. Entonces Moisés se levantó, las defendió, y les abrevó el rebaño.
¹⁸ Cuando las muchachas llegaron a casa, Reuel, su padre, les preguntó: —¿Cómo habéis venido hoy tan temprano?
¹⁹ Ellas contestaron: —Un egipcio nos ha librado de los pastores y además nos ha sacado agua y ha abrevado el rebaño.
²⁰ —¿Y dónde está? —preguntó el padre a sus hijas—. ¿Por qué le habéis dejado marchar? Llamadle para que comparta nuestro pan.
²¹ Moisés accedió a establecerse con este hombre, que le entregó por esposa a su hija Séfora.
²² Ésta le dio un hijo al que puso por nombre Guersom, porque dijo: «Extranjero soy en tierra ajena».
²³ Sucedió al cabo de mucho tiempo que murió el rey de Egipto. Los hijos de Israel gemían bajo la esclavitud. Clamaron y su grito desde la esclavitud llegó hasta Dios.
²⁴ Escuchó Dios su lamento y se acordó de su alianza con Abrahán, con Isaac y con Jacob.
²⁵ Y miró Dios a los hijos de Israel y cuidó de ellos.
Capítulo 3
Manifestación de Dios en la zarza ardiendo
¹ Moisés apacentaba el rebaño de su suegro Jetró, sacerdote de Madián; solía conducirlo al interior del desierto, llegando hasta el Horeb, el monte de Dios.
² El ángel del Señor se le manifestó en forma de llama de fuego en medio de una zarza. Moisés miró: la zarza ardía pero no se consumía.
³ Y se dijo Moisés: «Voy a acercarme y comprobar esta visión prodigiosa: por qué no se consume la zarza».
⁴ Vio el Señor que Moisés se acercaba a mirar y lo llamó de entre la zarza: —¡Moisés, Moisés! Y respondió él: —Heme aquí.
⁵ Y dijo Dios: —No te acerques aquí; quítate las sandalias de los pies, porque el lugar que pisas es tierra sagrada.
⁶ Y añadió: —Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob. Moisés se cubrió el rostro por temor a contemplar a Dios.
⁷ Luego dijo el Señor: —He observado la opresión de mi pueblo en Egipto, he escuchado su clamor por la dureza de sus opresores, y he comprendido sus sufrimientos.
⁸ He bajado para librarlos del poder de Egipto y para hacerlos subir de ese país a una tierra buena y espaciosa, a una tierra que mana leche y miel, al país de los cananeos, los hititas, los amorreos, los perezeos, jeveos y jebuseos.
⁹ Así es, el clamor de los hijos de Israel ha llegado hasta mí y he visto además la opresión a que los egipcios los someten.
¹⁰ Ahora, pues, ve: yo te envío al Faraón para que saques a mi pueblo, a los hijos de Israel, de Egipto.
Revelación del nombre del Señor
¹¹ Moisés respondió a Dios: —¿Quién soy yo para ir al Faraón y para sacar a los hijos de Israel de Egipto?
¹² Y le dijo Dios: —Yo estaré contigo, y ésta será la señal de que yo te envío: cuando saques al pueblo de Egipto, daréis culto a Dios en este mismo monte.
¹³ Moisés replicó: —Cuando me acerque a los hijos de Israel y les diga: «El Dios de vuestros padres me envía a vosotros», y me pregunten cuál es su nombre, ¿qué he de decirles?
¹⁴ Y le dijo Dios a Moisés: —Yo soy el que soy. Y añadió: —Así dirás a los hijos de Israel: «Yo soy» me ha enviado a vosotros.
¹⁵ Y le dijo más: —Así dirás a los hijos de Israel: «El Señor, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob, me envía a vosotros». Éste es mi nombre para siempre; así seré invocado de generación en generación.
Misión de Moisés
16»Ve, reúne a los ancianos de Israel y diles: «Se me ha manifestado el Señor, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob y me ha dicho: “Os he visitado y he visto lo que os hacen en Egipto;
¹⁷ he resuelto sacaros de la opresión egipcia y subiros al país de los cananeos, de los amorreos, de los perezeos, de los jeveos y de los jebuseos, a una tierra que mana leche y miel”.
¹⁸ Ellos te escucharán; luego, tú y los ancianos de Israel iréis al rey de Egipto y le diréis: “El Señor, Dios de los hebreos, se nos ha manifestado; tenemos que hacer un viaje de tres días por el desierto para ofrecer sacrificios al Señor, nuestro Dios”.
¹⁹ Yo sé que el rey de Egipto no os permitirá marchar si no es con mano poderosa;
²⁰ pero yo extenderé mi mano y heriré a Egipto con toda clase de prodigios que obraré en medio de ellos; después de esto, os dejará salir. 21»Haré que este pueblo halle gracia a los ojos de los egipcios de modo que cuando salgáis no vayáis con las manos vacías,
²² sino que cada mujer pedirá a su vecina y a la que vive con ella objetos de plata y oro, y vestidos que pondréis sobre vuestros hijos y sobre vuestras hijas; así despojaréis a los egipcios».
Capítulo 4
Poder de Moisés para hacer prodigios
¹ Moisés respondió: —No van a creerme ni van a escuchar mi voz pues dirán que no se me ha manifestado el Señor.
² El Señor le preguntó: —¿Qué tienes en tu mano? Contestó Moisés: —Un bastón.
³ Entonces le dijo el Señor: —Arrójalo al suelo. Lo arrojó al suelo y se convirtió en una serpiente, y Moisés huyó de ella.
⁴ Volvió a decirle el Señor a Moisés: —Extiende tu mano y agárrala por la cola. Extendió su mano, la atrapó y volvió a ser de nuevo un bastón en su mano.
⁵ —Con esto creerán que se te ha manifestado el Señor, el Dios de sus padres, el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob.
⁶ Y continuó el Señor: —Mete tu mano en tu seno. Moisés metió su mano en su seno y, al sacarla, estaba cubierta de lepra, blanca como la nieve.
⁷ Le dijo de nuevo: —Mete otra vez tu mano en tu seno. La metió otra vez y, al sacarla, estaba como el resto de su cuerpo.
⁸ —De esta manera, si no te creen ni atienden al primer prodigio, creerán al segundo.
⁹ Y si tampoco creen por estos dos prodigios ni escuchan tu voz, toma agua del Nilo, derrámala en el suelo y el agua que sacaste del Nilo se convertirá en sangre sobre el suelo.
Aarón, portavoz de Moisés
¹⁰ Dijo entonces Moisés al Señor: —Señor, desde siempre he sido hombre premioso de palabra, y aún ahora que has hablado a tu siervo, sigo siendo torpe de boca y de lengua.
¹¹ El Señor le respondió: —¿Quién ha dado boca al hombre? ¿O quién hace al mudo o al sordo, al que ve o al que no ve? ¿Acaso no soy yo, el Señor?
¹² Ve, pues, que yo estaré en tu boca y te enseñaré lo que has de decir.
¹³ Replicó Moisés: —Señor, envía a otro, a quien quieras.
¹⁴ Entonces se inflamó la ira del Señor contra Moisés y dijo: —¿No está tu hermano Aarón, el levita? Sé que habla muy bien. Él va a salir a tu encuentro y cuando te vea, se alegrará en su corazón.
¹⁵ Háblale y pon tus palabras en su boca. Yo estaré en tu boca y en la suya, y os enseñaré lo que habéis de hacer. 16Él hablará por ti al pueblo; él será como tu boca y tú serás como su dios.
¹⁷ Toma en tu mano este bastón, pues con él harás los prodigios.
Regreso de Moisés a Egipto
¹⁸ Entonces volvió Moisés junto a Jetró su suegro y le dijo: —Permíteme volver con mis hermanos que están en Egipto, para ver si viven todavía. Jetró le contestó: —Vete en paz.
¹⁹ El Señor dijo a
Moisés en Madián
: —Anda, vuelve a Egipto, que han muerto todos los hombres que atentaban contra tu vida.
²⁰ Tomó, pues, Moisés a su mujer y a sus hijos, los acomodó en su asno y regresó al país de Egipto. Moisés llevaba en su mano el bastón de Dios.
²¹ El Señor dijo a Moisés: —Cuando llegues de regreso a Egipto ten en cuenta todos los prodigios que he puesto en tu mano y hazlos ante el Faraón. Yo endureceré su corazón y no dejará salir al pueblo.
²² Entonces tú dirás al Faraón: «Así dice el Señor: Israel es mi hijo, mi primogénito.
²³ Yo te ordeno: Deja salir a mi hijo para que me dé culto; pero si te opones a dejarlo salir, yo mismo daré muerte a tu hijo primogénito».
Circuncisión del hijo de Moisés
²⁴ Sucedió que en el camino, en un lugar de descanso, salió el Señor al encuentro de Moisés con intención de matarlo.
²⁵ Entonces, Séfora tomó un cuchillo de pedernal, cortó el prepucio a su hijo y lo colocó a los pies de Moisés diciendo: —Eres esposo de sangre para mí.
²⁶ Y el Señor le soltó cuando ella dijo: «Eres esposo de sangre para mí», por la circuncisión.
Encuentro de Moisés con Aarón
²⁷ Y dijo el Señor a Aarón: —Ve al encuentro de Moisés en el desierto. Fue, pues, se encontró con él en el monte de Dios y le besó.
²⁸ Moisés transmitió a Aarón todas las palabras con las que el Señor le comunicaba su misión, y todas las señales que le había mandado hacer.
²⁹ Moisés y Aarón fueron y reunieron a todos los ancianos de los hijos de Israel.
³⁰ Aarón repitió todas las palabras que el Señor había dicho a Moisés y realizó las señales ante el pueblo.
³¹ El pueblo creyó y, al oír que el Señor había visitado a los hijos de Israel y que se había fijado en su opresión, se postraron y le adoraron.
Capítulo 5
Moisés ante el Faraón
¹ Más tarde Moisés y Aarón se presentaron al Faraón y le dijeron: —Así dice el Señor, Dios de Israel: «Deja salir a mi pueblo para que me celebre una fiesta en el desierto».
² Respondió el Faraón: —¿Quién es el Señor para que tenga que escuchar su voz y dejar salir a Israel? No conozco al Señor, y no pienso dejar salir a Israel.
³ Ellos dijeron: —El Dios de los hebreos se nos ha manifestado y tenemos que hacer una salida de tres días por el desierto y ofrecer sacrificios al Señor, nuestro Dios; de lo contrario nos castigará con peste o con espada.
⁴ El rey de Egipto les replicó: —¿Por qué vosotros, Moisés y Aarón, soliviantáis al pueblo en sus trabajos? Volved a vuestras tareas.
⁵ Y añadió el Faraón: —Ahora que el pueblo de la tierra es numeroso, ¿queréis interrumpir sus tareas?
Recrudecimiento del trabajo
⁶ Aquel mismo día el Faraón dio órdenes a los capataces del pueblo y a sus responsables:
⁷ —No volváis a dar al pueblo paja para los ladrillos como anteriormente; que vayan ellos a buscársela;
⁸ pero les exigiréis la misma cantidad de ladrillos que antes, sin rebajarla; pues son unos holgazanes, y por eso claman diciendo: «Tenemos que ir a ofrecer sacrificios a nuestro Dios».
⁹ Que se imponga a esos hombres un trabajo más pesado y que lo hagan; y que no presten atención a palabras engañosas.
¹⁰ Salieron los capataces del pueblo y sus responsables y hablaron al pueblo: —Así dice el Faraón: no os daré más paja;
¹¹ id vosotros a recogerla donde la encontréis; pero no disminuirá en nada vuestra tarea.
¹² El pueblo se dispersó por todo el país de Egipto para recoger la paja.
¹³ Los capataces les apremiaron diciendo: —Terminad vuestra tarea, la asignada para cada día, como cuando había paja.
¹⁴ Y a los responsables de los hijos de Israel que los capataces del Faraón habían puesto al frente, se les golpeaba diciendo: —¿Por qué no habéis completado ni ayer ni hoy la misma cantidad de ladrillos que antes?
¹⁵ Los responsables de los hijos de Israel fueron entonces a quejarse al Faraón, diciendo: —¿Por qué tratas así a tus siervos?
¹⁶ No se les da paja a tus siervos, y se nos exige hacer los mismos ladrillos. He aquí que tus siervos son golpeados, pero la culpa es de tu propio pueblo. 17Él contestó: —¡Holgazanes! ¡Sois unos holgazanes! Por eso decís: «Tenemos que ir a ofrecer sacrificios al Señor».
¹⁸ Y ahora, id a trabajar. No se os dará paja; habéis de entregar, sin embargo, la cantidad asignada de ladrillos.
Intercesión de Moisés
¹⁹ Los responsables de los hijos de Israel se vieron en gran aprieto cuando les dijeron: «No disminuiréis en nada la asignación diaria de ladrillos».
²⁰ Se encontraron con Moisés y Aarón que les estaban esperando a la salida de su visita al Faraón,
²¹ y les dijeron: —Que el Señor os examine y os juzgue, pues nos habéis hecho odiosos ante el Faraón y ante sus siervos, y habéis puesto en su mano una espada para matarnos.
²² Se volvió entonces Moisés hacia el Señor y le dijo: —Señor, ¿por qué maltratas a este pueblo? ¿Por qué me has enviado?
²³ Desde que me presenté al Faraón para hablarle en tu nombre, está maltratando a este pueblo y tú no te decides a librar a tu pueblo.
¹ Respondió el Señor a Moisés: —Ahora verás lo que voy a hacer al Faraón; pues obligado por mano fuerte los dejará salir, y por mi mano fuerte incluso los expulsará de su país.
Capítulo 6
Nueva llamada de Dios a Moisés
² Habló Dios a Moisés y le dijo: —Yo soy el Señor.
³ Me manifesté a Abrahán, a Isaac y a Jacob como El–Saday, pero no les di a conocer mi nombre, que es «Señor».
⁴ Y establecí mi alianza con ellos, para darles el país de Canaán, el país por el que peregrinaron y en el que habitaron como extranjeros.
⁵ Asimismo, he escuchado el gemido de los hijos de Israel esclavizados por los egipcios y he recordado mi alianza.
⁶ Por eso, di a los hijos de Israel: «Yo soy el Señor; os sacaré de las opresiones de los egipcios, os libraré de su servidumbre y os redimiré con brazo extendido y grandes castigos.
⁷ Os constituiré en pueblo mío y seré vuestro Dios, y sabréis que yo soy el Señor, vuestro Dios, que os saca de las opresiones de los egipcios.
⁸ Os introduciré en la tierra que con mano alzada juré dar a Abrahán, a Isaac y a Jacob. Y os la daré en propiedad. Yo, el Señor».
⁹ Moisés dijo esto a los hijos de Israel, pero ellos no le escucharon por el desánimo y por su pesada esclavitud.
¹⁰ El Señor habló a Moisés diciendo:
¹¹ —Ve a decir al Faraón, rey de Egipto, que deje salir de su tierra a los hijos de Israel.
¹² Pero Moisés replicó ante el Señor: —Si los hijos de Israel no me escuchan, ¿cómo me va a escuchar el Faraón, a mí que soy torpe de palabra?
¹³ Entonces el Señor habló a Moisés y a Aarón y les dio instrucciones para los hijos de Israel y para el Faraón, rey de Egipto, a fin de sacar a los hijos de Israel del país de Egipto.
Genealogía de Aarón y Moisés
14Éstos son los jefes según sus familias. Hijos de Rubén, primogénito de Israel: Henoc, Palú, Jesrón y Carmí; son las familias de Rubén.
¹⁵ Hijos de Simeón: Yemuel, Yamín, Ohad, Yaquín, Sójar y Saúl, hijo de la cananea; son las familias de Simeón. 16Éstos son los nombres de los hijos de Leví, por generaciones: Guersón, Quehat y Merarí; los años de vida de Leví fueron ciento treinta y siete.
¹⁷ Hijos de Guersón: Libní y Semeí, según sus familias.
¹⁸ Hijos de Quehat: Amram, Yishar, Hebrón y Uziel; los años de vida de Quehat fueron ciento treinta y tres.
¹⁹ Hijos de Merarí: Majlí y Musí. Hasta aquí las familias de Leví, por generaciones.
²⁰ Amram tomó por esposa a Yoquébed, su tía, de la que le nacieron Aarón y Moisés; los años de vida de Amram fueron ciento treinta y siete.
²¹ Hijos de Yishar: Coré, Néfeg y Zicrí.
²² Hijos de Uziel: Misael, Elisafán y Sitrí.
²³ Aarón tomó por esposa a Isabel, hija de Aminadab, y hermana de Najsón, de la que le nacieron Nadab, Abihú, Eleazar e Itamar.
²⁴ Hijos de Coré: Asir, Elcaná y Abiyasaf. Éstos forman las familias de los coreítas.
²⁵ Eleazar, hijo de Aarón, tomó por esposa a una de las hijas de Putiel y de ella le nació Pinjás. Éstos son los jefes de los levitas según sus familias. 26Éstos son, Aarón y Moisés, a quienes dijo el Señor: «Sacad a los hijos de Israel del país de Egipto a la manera de un ejército».
²⁷ Ellos son los que hablaron al Faraón, rey de Egipto para sacar de Egipto a los hijos de Israel. Éstos son Moisés y Aarón.
Capítulo 7
Anuncio de las plagas
²⁸ Ahora bien, el día que el Señor habló a Moisés en el país de Egipto,
²⁹ dijo el Señor a Moisés: —Yo soy el Señor. Di al Faraón, rey de Egipto, todo lo que yo te diga.
³⁰ Pero Moisés replicó ante el Señor: —Mira, que soy torpe de palabra, ¿cómo me va a escuchar el Faraón?
¹ Entonces dijo el Señor a Moisés: —Mira, yo te hago como un dios ante el Faraón; Aarón, tu hermano, será tu profeta.
² Tú le transmitirás todo lo que yo te ordene y Aarón, tu hermano, le hablará al Faraón para que deje salir de su país a los hijos de Israel.
³ Yo endureceré el corazón del Faraón, pero multiplicaré mis signos y prodigios en el país de Egipto.
⁴ El Faraón no os escuchará, pero yo extenderé mi mano contra Egipto y sacaré del país de Egipto a mis ejércitos, a mi pueblo, los hijos de Israel, mediante severos castigos.
⁵ Y así Egipto sabrá que yo soy el Señor, cuando extienda mi mano contra Egipto y saque a los hijos de Israel de en medio de ellos.
⁶ Moisés y Aarón así lo hicieron; como el Señor les había ordenado, lo hicieron.
⁷ Cuando hablaron al Faraón, Moisés tenía ochenta años y Aarón ochenta y tres.
III. LAS PLAGAS
El bastón prodigioso de Moisés
⁸ Habló el Señor a Moisés y a Aarón diciendo:
⁹ —Cuando el Faraón os diga: «Haced algún prodigio que os acredite», tú dirás a Aarón: «Toma tu bastón y arrójalo ante el Faraón»; y se convertirá en una serpiente.
¹⁰ Moisés y Aarón llegaron ante el Faraón e hicieron tal como les había mandado el Señor: Aarón arrojó su bastón delante del Faraón y de sus servidores, y se convirtió en una serpiente.
¹¹ El Faraón, entonces, llamó a sus sabios y a sus magos, y también ellos, los hechiceros de Egipto, hicieron lo mismo con sus encantamientos:
¹² cada uno arrojó su bastón y se convirtieron en serpientes; pero el bastón de Aarón devoró los bastones de los demás.
¹³ Sin embargo, se endureció el corazón del Faraón y no les escuchó, como había predicho el Señor.
Primera plaga: las aguas del Nilo
¹⁴ El Señor dijo a Moisés: —El corazón del Faraón es obstinado y no deja salir al pueblo.
¹⁵ Preséntate al Faraón por la mañana, cuando salga hacia el río; hazte el encontradizo a la orilla de Nilo, llevando en tu mano el bastón que se convirtió en serpiente.
¹⁶ Le dirás: «El Señor, Dios de los hebreos, me ha enviado para decirte esto: Deja salir a mi pueblo para que me dé culto en el desierto; hasta ahora no me has escuchado.
¹⁷ Pues así dice el Señor: En esto conocerás que yo soy el Señor; mira, golpearé con el bastón que hay en mi mano las aguas del Nilo y se convertirán en sangre:
¹⁸ los peces del Nilo morirán, el río quedará apestado y los egipcios no serán capaces de beber agua del Nilo».
¹⁹ Dijo además el Señor a Moisés: —Di a Aarón: «Toma tu bastón y extiende tu mano sobre las aguas de Egipto, sobre sus canales, sobre sus ríos, sus estanques y sus depósitos de agua; y se convertirán en sangre. Y habrá sangre en todo el país de Egipto, incluso en las vasijas de madera y de piedra».
²⁰ Moisés y Aarón hicieron como les había mandado el Señor. Levantó el bastón y golpeó las aguas del Nilo a la vista del Faraón y de sus siervos; y todas las aguas del Nilo se convirtieron en sangre.
²¹ Los peces del Nilo se murieron y las aguas se corrompieron; los egipcios no podían beber agua del Nilo y había sangre por todo el país de Egipto.
²² Pero los hechiceros de Egipto hicieron lo mismo con sus encantamientos, con lo que se endureció el corazón del Faraón, y no les escuchó, como había predicho el Señor.
²³ Se volvió, pues, el Faraón y regresó a su palacio sin tener esto en cuenta.
²⁴ Los egipcios tuvieron que excavar en los alrededores del Nilo buscando agua para beber, porque no podían beber las aguas del Nilo.
Capítulo 8
Segunda plaga: las ranas
²⁵ Transcurrieron siete días desde que el Señor golpeara el Nilo.
²⁶ Entonces dijo el Señor a Moisés: —Preséntate al Faraón y dile: «Así dice el Señor: Deja salir a mi pueblo para que me dé culto.
²⁷ Si tú te niegas a dejarlo salir, yo infestaré de ranas todo tu territorio.
²⁸ El Nilo se llenará de ranas que subirán y entrarán en tu casa, en tu alcoba y sobre tu propio lecho; y lo mismo en las casas de tus siervos y de tu pueblo, en tus hornos y en tus artesas.
²⁹ Las ranas os invadirán a ti, a tu pueblo y a todos tus siervos».
¹ El Señor dijo a Moisés: —Di a Aarón: «Extiende tu mano con el bastón sobre los canales, los ríos y los estanques, y haz que las ranas surjan sobre el país de Egipto».
² Aarón extendió la mano sobre las aguas de Egipto, y subieron las ranas e invadieron el país de Egipto.
³ Pero los hechiceros de Egipto hicieron lo mismo con sus encantamientos; e hicieron surgir ranas por el país de Egipto.
⁴ El Faraón llamó a Moisés y a Aarón y les dijo: —Pedid al Señor que aleje de mí y de mi pueblo las ranas y dejaré salir al pueblo para que ofrezca sacrificios al Señor.
⁵ Respondió Moisés al Faraón: —Indícame cuándo he de pedir por ti, por tus siervos y por tu pueblo para alejar las ranas de ti y de tu casa, y que queden solamente en el Nilo.
⁶ Y contestó: —Mañana. Moisés replicó: —Se hará como dices, para que sepas que no hay otro como el Señor, nuestro Dios.
⁷ Las ranas se alejarán de ti, de tu casa, de tus siervos y de tu pueblo; y se quedarán solamente en el Nilo.
⁸ Salieron, pues, Moisés y Aarón de la presencia del Faraón. Moisés invocó al Señor por lo de las ranas como había convenido con el Faraón.
⁹ El Señor hizo lo que Moisés pedía; y murieron las ranas de las casas, de los patios y de los campos.
¹⁰ Las recogieron en grandes montones, de modo que el país quedó apestado.
¹¹ Pero el Faraón, al ver que había un respiro, endureció su corazón y no les escuchó, como había predicho el Señor.
Tercera plaga: los mosquitos
¹² Dijo después el Señor a Moisés: —Di a Aarón: «Extiende tu bastón y golpea el polvo de la tierra y se convertirá en mosquitos sobre todo el país de Egipto».
¹³ Así lo hicieron. Aarón extendió su mano con el bastón, golpeó el polvo de la tierra y se convirtió en mosquitos sobre los hombres y los animales; todo el polvo de la tierra se convirtió en mosquitos sobre todo el país de Egipto.
¹⁴ Los hechiceros intentaron igualmente hacer salir mosquitos con sus encantamientos, pero no pudieron. Hubo, pues, mosquitos sobre los hombres y los animales.
¹⁵ Los hechiceros dijeron al Faraón: —Es el dedo de Dios. Pero el Faraón endureció su corazón y no les escuchó, como había predicho el Señor.
Cuarta plaga: los tábanos
¹⁶ Dijo después el Señor a Moisés: —Levántate temprano y preséntate al Faraón. Cuando salga hacia el río, le dirás: «Así dice el Señor: Deja salir a mi pueblo para que me dé culto.
¹⁷ Si tú no dejas salir a mi pueblo, yo haré salir tábanos contra ti, contra tus siervos, contra tu pueblo y contra tu casa; se llenarán de tábanos las casas de los egipcios y hasta el suelo que pisan.
¹⁸ Pero exceptuaré en ese día el país de Gosen donde habita mi pueblo, de suerte que allí no habrá tábanos para que sepas que yo soy el Señor en medio de la tierra.
¹⁹ Haré así distinción entre mi pueblo y tu pueblo; mañana mismo sucederá este signo».
²⁰ El Señor lo cumplió: una enorme cantidad de tábanos sobrevino sobre la casa del Faraón, sobre sus siervos y sobre todo el país de Egipto; y el país quedó infestado de tábanos.
²¹ Llamó entonces el Faraón a Moisés y a Aarón y les dijo: —Id y ofreced sacrificios a vuestro Dios, dentro de mi país.
²² Pero Moisés respondió: —No es posible hacerlo; porque el sacrificio que ofrecemos al Señor, nuestro Dios, es abominable a los egipcios; y si ofrecemos ante sus ojos los sacrificios que les son abominables, nos lapidarán.
²³ Tenemos que hacer tres jornadas de camino en el desierto y ofrecer sacrificios al Señor, nuestro Dios, como nos ha indicado.
²⁴ Y dijo el Faraón: —Os dejaré marchar para que ofrezcáis sacrificios al Señor, vuestro Dios, en el desierto, sólo con la condición de que no os alejéis demasiado. Y rogad por mí.
²⁵ Dijo Moisés: —En cuanto salga de tu presencia rogaré al Señor y mañana mismo los tábanos se alejarán del Faraón, de sus siervos y de su pueblo, sólo con la condición de que el Faraón no siga engañando para impedir que el pueblo salga a ofrecer sacrificios al Señor.
²⁶ Salió Moisés de la presencia del Faraón e imploró al Señor.
²⁷ El Señor actuó conforme a la petición de Moisés y los tábanos se alejaron del Faraón, de sus siervos y de su pueblo sin quedar ni uno.
²⁸ Pero el Faraón endureció su corazón también esta vez y no dejó salir al pueblo.
Capítulo 9
Quinta plaga: la epidemia del ganado
¹ El Señor dijo a Moisés: —Preséntate al Faraón y dile: «Así dice el Señor, Dios de los hebreos: Deja salir a mi pueblo para que me dé culto;
² porque si tú te niegas a dejarles salir y los sigues reteniendo,
³ la mano del Señor recaerá sobre tus ganados del campo, sobre los caballos, asnos, camellos, ovejas y vacas; será una peste muy grave.
⁴ Pero el Señor hará distinción entre el ganado de Israel y el ganado de Egipto de modo que no muera ninguno de los que pertenecen a los hijos de Israel».
⁵ Y el Señor señaló un plazo diciendo: —Mañana el Señor realizará esto en el país.
⁶ Al día siguiente cumplió el Señor su palabra y murió todo el ganado de los egipcios, pero del ganado de los hijos de Israel no murió ni uno.
⁷ El Faraón mandó hacer averiguaciones y, en efecto, del ganado de Israel no había muerto ni uno. Sin embargo, se endureció el corazón del Faraón y no dejó salir al pueblo.
Sexta plaga: las úlceras
⁸ Dijo el Señor a Moisés y a Aarón: —Tomad dos puñados de hollín del horno y que Moisés lo lance hacia el cielo a la vista del Faraón;
⁹ se convertirá en polvo por todo el país de Egipto y brotarán úlceras pustulentas en hombres y animales sobre todo el país de Egipto.
¹⁰ Tomaron hollín del horno y se presentaron ante el Faraón; Moisés lo lanzó hacia el cielo; y brotaron úlceras pustulentas en hombres y animales.
¹¹ Ni los magos pudieron mantenerse ante Moisés a causa de las erupciones, pues tenían las mismas erupciones que los demás egipcios.
¹² Pero el Señor endureció el corazón del Faraón y no les escuchó, como había predicho el Señor a Moisés.
Séptima plaga: el granizo
¹³ Dijo el Señor a Moisés: —Levántate temprano, preséntate ante el Faraón y dile: «Así dice el Señor, Dios de los hebreos: Deja salir a mi pueblo para que me dé culto.
¹⁴ Porque esta vez voy a enviar todas mis plagas sobre ti, sobre tus siervos y sobre tu pueblo, para que sepas que no hay como yo en toda la tierra.
¹⁵ Pues si hubiera extendido mi mano y os hubiera herido con peste a ti y a tu pueblo, habríais desaparecido de la tierra.
¹⁶ Pero para esto te he mantenido en pie, para mostrarte mi poder y para que sea anunciado mi nombre en toda la tierra.
¹⁷ Todavía te alzas frente a mi pueblo, para no dejarle salir.
¹⁸ Pues mira, mañana a esta hora haré llover un granizo tan fuerte como no lo ha habido en Egipto desde el día de su fundación hasta el presente.
¹⁹ Ahora pues, manda poner a salvo tu ganado y cuanto tengas en el campo; todo hombre o animal que se encuentre en el campo sin haberse recogido en casa morirá bajo el granizo que caerá sobre ellos».
²⁰ Algunos siervos del Faraón que temieron la palabra del Señor, hicieron refugiarse en casa a sus siervos y a sus ganados;
²¹ pero los que no atendieron la palabra del Señor, dejaron a sus siervos y ganados en el campo.
²² El Señor dijo a Moisés: —Extiende tu mano hacia el cielo y que caiga granizo en todo el país de Egipto sobre hombres y animales y sobre toda la hierba del campo en el país de Egipto.
²³ Moisés extendió su bastón hacia el cielo y el Señor lanzó truenos y granizo; y cayeron rayos sobre la tierra; el Señor hizo llover granizo sobre el país de Egipto.
²⁴ Llegó el granizo, y rayos junto con el granizo; cayó con tal fuerza como no lo había hecho en todo el país de Egipto, desde que fue fundado.
²⁵ El granizo hirió en todo el país de Egipto a cuanto había en el campo, tanto hombres como animales; el granizo estropeó toda la hierba del campo y destrozó todos los árboles del campo.
²⁶ Sólo en el territorio de Gosen, donde habitaban los hijos de Israel, no cayó el granizo.
²⁷ El Faraón mandó llamar a Moisés y a Aarón y les dijo: —He pecado esta vez. El Señor es justo, pero mi pueblo y yo somos impíos.
²⁸ Implorad al Señor, que cesen ya los truenos y el granizo. Os dejaré marchar; no continuaréis retenidos.
²⁹ Le respondió Moisés: —Cuando salga de la ciudad, alzaré mis manos hacia el Señor; cesarán los truenos y no habrá más granizo; para que sepas que la tierra entera es del Señor.
³⁰ Aunque bien sé que ni tú ni tus siervos teméis todavía al Señor Dios.
³¹ El lino y la cebada quedaron destrozados, pues la cebada ya estaba granada y el lino en flor.
³² En cambio, el trigo y la espelta no quedaron destrozados, por ser tardíos.
³³ Salió Moisés de la presencia del Faraón, fuera de la ciudad, alzó sus manos hacia el Señor y cesaron los truenos y el granizo y no cayó más lluvia sobre la tierra.
³⁴ Al ver el Faraón que había cesado la lluvia, el granizo y los truenos, volvió a pecar y endureció su corazón, lo mismo él que sus servidores.
³⁵ Se obcecó, pues, el corazón del Faraón y no dejó marchar a los hijos de Israel, como había predicho el Señor por medio de Moisés.
Capítulo 10
Octava plaga: las langostas
¹ Dijo el Señor a Moisés: —Preséntate al Faraón, porque soy yo quien ha endurecido su corazón y el de sus siervos para realizar estos signos míos en medio de ellos;
² y para que pueda contarse a tus hijos y a los hijos de tus hijos cómo he maltratado a Egipto y los signos que he realizado allí; para que sepáis que yo soy el Señor.
³ Moisés y Aarón se presentaron ante el Faraón y le dijeron: —Así dice el Señor, Dios de los hebreos: «¿Hasta cuándo rehusarás humillarte ante mí? Deja salir a mi pueblo para que me dé culto.
⁴ Pues si rehúsas dejar salir a mi pueblo, mira que mañana mismo atraeré la langosta sobre tu territorio;
⁵ cubrirá la superficie del país hasta el punto de que no podrá verse el suelo; consumirá lo poco que se os salvó del granizo y devorará todos los árboles que os crecen en el campo.
⁶ Llenarán tus casas, las de tus siervos y las casas de todos los egipcios, como jamás lo vieron tus padres y los padres de tus padres desde que empezaron a existir sobre la tierra hasta hoy». Y volviéndose, se retiró de la presencia del Faraón.
⁷ Entonces los siervos del Faraón le dijeron: —¿Hasta cuándo va a seguir molestándonos ése? Deja salir a esos hombres para que den culto al Señor, su Dios. ¿Aún no te das cuenta de que Egipto se está arruinando?
⁸ Hicieron, pues, volver a Moisés y a Aarón ante el Faraón y él les dijo: —Id y dad culto al Señor, vuestro Dios. Ahora bien, ¿quiénes tendrán que ir?
⁹ Respondió Moisés: —Iremos con nuestros jóvenes y nuestros ancianos, con nuestros hijos y nuestras hijas, con nuestras ovejas y nuestras vacas, pues es la fiesta del Señor para nosotros.
¹⁰ Y les dijo: —¡Así que el Señor estará con vosotros en cuanto os deje marchar a vosotros y a vuestros pequeños! Ved cómo vuestra mala intención está patente.
¹¹ No será así; id sólo los varones y dad culto al Señor, puesto que eso es lo que pedís. Y fueron arrojados de la presencia del Faraón.
¹² Entonces el Señor dijo a Moisés: —Extiende tu mano sobre el país de Egipto atrayendo la langosta; que suba sobre el país de Egipto y devore toda la hierba, todo lo que quedó del granizo.
¹³ Extendió Moisés su bastón sobre el país de Egipto y el Señor hizo soplar viento solano sobre el país todo aquel día y toda la noche. A la mañana siguiente, el viento solano había arrastrado la langosta
¹⁴ que invadió por entero el país de Egipto y se posó en todo el territorio egipcio. Tal cantidad de langostas no la hubo antes ni la habrá después.
¹⁵ Cubrieron toda la superficie del país hasta el punto de quedar oscurecido; devoraron toda la hierba del país, todos los frutos de los árboles que había dejado el granizo; no quedó absolutamente nada verde en los árboles ni en el suelo en todo el país de Egipto.
¹⁶ Se apresuró el Faraón a llamar a Moisés y a Aarón y les dijo: —He pecado contra el Señor, vuestro Dios, y contra vosotros.
¹⁷ Pero perdonad por esta vez mi pecado y rogad al Señor, vuestro Dios, que aleje de mí al menos esta pena mortal.
¹⁸ Salió Moisés de la presencia del Faraón y rogó al Señor.
¹⁹ El Señor hizo soplar fuerte viento del oeste que arrastró la langosta hacia el Mar Rojo; no quedó ni una sola langosta en el territorio de Egipto.
²⁰ Pero el Señor endureció el corazón del Faraón y no dejó marchar a los hijos de Israel.
Novena plaga: las tinieblas
²¹ El Señor dijo a Moisés: —Extiende tu mano hacia el cielo y que sobrevenga sobre el país de Egipto una oscuridad tan densa que se pueda palpar.
²² Extendió, pues, Moisés su mano hacia el cielo y sobrevino una oscuridad muy densa sobre el país de Egipto durante tres días.
²³ No se veían unos a otros durante los tres días y no pudieron moverse de donde estaban. En cambio, los hijos de Israel tenían luz en sus poblados.
²⁴ El Faraón llamó a Moisés y a Aarón y les dijo: —Id a dar culto al Señor; que queden únicamente vuestras ovejas y vuestras vacas; pueden acompañaros también vuestros pequeños.
²⁵ Respondió Moisés: —Aunque tú nos dieras víctimas para los sacrificios y holocaustos para ofrecerlos al Señor, nuestro Dios,
²⁶ nuestro ganado tiene que venir también con nosotros. No quedará ni una res, porque de ellos hemos de tomar para dar culto al Señor, nuestro Dios. Además, nosotros no sabemos con qué hemos de dar culto al Señor, hasta que lleguemos allí.
²⁷ Pero el Señor endureció el corazón del Faraón que no quiso dejarles marchar.
²⁸ Y dijo el Faraón a Moisés: —Sal de mi presencia y guárdate de volver a ver mi rostro, porque el día que vuelva a verte ante mí morirás.
²⁹ Respondió Moisés: —Tal como has dicho, no volveré a ver tu rostro.
Capítulo 11
Décima plaga: anuncio de la muerte de los primogénitos
¹ Dijo el Señor a Moisés: —Todavía he de atraer una plaga más sobre el Faraón y sobre Egipto; después os dejará marchar de aquí. Cuando os deje marchar, hasta os expulsará de aquí.
² Habla, por tanto, al pueblo y que cada hombre pida a su vecino, y cada mujer a su vecina, objetos de plata y de oro.
³ El Señor hizo grato el pueblo a los ojos de Egipto; también Moisés llegó a ser un gran personaje en Egipto ante los siervos del Faraón y ante el pueblo.
⁴ Moisés dijo: —Así dice el Señor: «En la mitad de la noche yo saldré por medio de Egipto,
⁵ y morirá en el país de Egipto todo primogénito, desde el primogénito del Faraón, que se sienta en su trono, hasta el primogénito de la esclava dedicada a moler; y también los primogénitos de los animales.
⁶ Un gran clamor se oirá en todo el país de Egipto, como nunca lo hubo ni lo habrá jamás.
⁷ Pero entre los hijos de Israel ni siquiera un perro aullará ni por hombres ni por animales; para que sepáis que el Señor hace distinción entre Egipto e Israel.
⁸ Y bajarán hasta mí todos estos siervos tuyos y se postrarán ante mí diciendo: “Sal, tú y el pueblo que te venera”. Entonces saldré». Moisés salió muy enojado de la presencia del Faraón.
⁹ Y el Señor dijo a Moisés: —El Faraón no os escuchará, para que tengan que multiplicarse mis prodigios en el país de Egipto.
¹⁰ Moisés y Aarón habían realizado todos estos prodigios ante el Faraón; pero el Señor endureció el corazón del Faraón y no dejó marchar a los hijos de Israel de su país.
Capítulo 12
IV. LA PASCUA
Institución de la Pascua
¹ El Señor habló a Moisés y a Aarón en el país de Egipto, diciendo:
² —Este mes será para vosotros el comienzo de los meses; será el primero de los meses del año.
³ Hablad a toda la comunidad de Israel diciendo: «El día diez de este mes tomará cada uno un cordero por familia, uno por casa.
⁴ Si la familia es demasiado pequeña para consumirlo, se unirá con su vecino más próximo hasta completar el número de personas suficiente para comer la res entera.
⁵ Ha de ser un animal sin defecto, macho, de un año, escogido de entre los corderos o cabritos.
⁶ Lo guardaréis hasta el día catorce de este mes y toda la asamblea de la comunidad de Israel lo inmolará entre dos luces.
⁷ Luego tomarán la sangre y untarán las dos jambas y el dintel de las casas donde se va a comer.
⁸ Comerán la carne esa misma noche; la comerán asada al fuego, con panes ácimos y hierbas amargas.
⁹ No comeréis nada de ella crudo o cocido en agua, sino asado al fuego con su cabeza, patas y vísceras.
¹⁰ No dejaréis nada para la mañana siguiente; si algo quedara, lo quemaréis.
¹¹ »Lo habéis de comer así: ceñidas vuestras cinturas, las sandalias en los pies, y el bastón en vuestras manos; lo comeréis deprisa: pues es la Pascua del Señor.
¹² Esta noche pasaré por el país de Egipto y heriré a todo primogénito del país de Egipto, tanto de hombres como de animales; y haré justicia sobre los dioses de Egipto. Yo, el Señor.
¹³ La sangre será vuestra señal sobre las casas donde estéis; cuando yo vea la sangre pasaré de largo sobre vosotros, y no habrá entre vosotros plaga exterminadora cuando yo hiera el país de Egipto.
¹⁴ Este día será para vosotros memorable y lo celebraréis como fiesta del Señor; lo celebraréis como institución perpetua de generación en generación.
Celebración de los Ácimos
15»Durante siete días comeréis panes ácimos; desde el primer día haréis desaparecer de vuestras casas toda levadura, pues el que coma pan fermentado, será extirpado de Israel; y esto, desde el día primero hasta el séptimo.
¹⁶ El día primero habrá asamblea santa y también la habrá el día séptimo; en ellos no haréis trabajo alguno; únicamente prepararéis la comida que vayáis a tomar.
¹⁷ Guardaréis los Ácimos, porque en este día yo saqué vuestros ejércitos del país de Egipto; y guardaréis este día de generación en generación como institución perpetua. 18»En este primer mes comeréis ácimos desde el día catorce por la tarde hasta el día veintiuno por la tarde.
¹⁹ Durante estos días no habrá levadura en vuestras casas, pues todo el que coma algo fermentado será extirpado de la comunidad de Israel, tanto el extranjero como el nativo.
²⁰ No comeréis nada fermentado; en todos vuestros lugares de asentamiento comeréis panes ácimos».
Instrucciones sobre la Pascua
²¹ Moisés llamó a todos los ancianos de Israel y les dijo: —Id y tomad un cordero por familia e inmolad la pascua.
²² Tomad un manojo de hisopo, mojadlo en la sangre que hay en la vasija y untad con ella el dintel y las dos jambas, y que ninguno de vosotros salga de la puerta de su casa hasta la mañana siguiente.
²³ El Señor pasará hiriendo a los egipcios; pero cuando vea la sangre en el dintel y en las dos jambas, el Señor pasará de largo sobre vuestras puertas y no permitirá al exterminador entrar en vuestras casas para herir.
²⁴ Guardaréis este mandato del Señor, como institución perpetua para vosotros y vuestros hijos para siempre.
²⁵ Cuando entréis en la tierra que va a daros el Señor, como os prometió, guardaréis este rito.
²⁶ Y cuando vuestros hijos os pregunten qué significa este rito para vosotros,
²⁷ responderéis: «Éste es el sacrificio de la Pascua del Señor, que pasó de largo por las casas de los hijos de Israel, cuando hirió a los egipcios y preservó nuestras casas». El pueblo se postró en adoración.
²⁸ Los hijos de Israel fueron e hicieron todo como el Señor había ordenado a Moisés y a Aarón.
Muerte de los primogénitos
²⁹ Sucedió, en efecto, que a media noche el Señor hirió a todos los primogénitos en el país de Egipto, desde el primogénito del Faraón que se sienta en su trono hasta el primogénito del cautivo que está en prisión; y también a todo primogénito de animal.
³⁰ El Faraón se levantó de noche junto con todos sus servidores y todos los egipcios; y hubo un gran clamor en Egipto porque no había casa donde no hubiera un muerto.
³¹ Aquella misma noche el Faraón llamó a Moisés y a Aarón y les dijo: —Levantaos y salid de en medio de mi pueblo, vosotros y los hijos de Israel; id y dad culto al Señor según vuestro deseo.
³² Recoged también vuestras ovejas y vuestras vacas, como habíais pedido, y marchaos. Y bendecidme también a mí.
Las provisiones para la salida
³³ Los egipcios apremiaban al pueblo para que salieran rápidamente del país, pues decían: «Vamos a morir todos».
³⁴ El pueblo recogió la masa antes de que fermentara, envolvió las artesas en mantas y cargó con ella a las espaldas.
³⁵ Los hijos de Israel hicieron lo que había dicho Moisés y pidieron a los egipcios objetos de plata y de oro, y vestidos.
³⁶ El Señor hizo grato el pueblo a los ojos de los egipcios, que accedieron a sus peticiones. Así despojaron a los egipcios.
Preparativos para salir de Egipto
³⁷ Los hijos de Israel salieron de Ramsés hacia Sucot, unos seiscientos mil hombres de a pie, sin contar los niños.
³⁸ Subió con ellos además una gran multitud; y ovejas y vacas, en grandes rebaños.
³⁹ Cocieron la masa que habían sacado de Egipto e hicieron panes ácimos porque aún no había fermentado, pues al ser expulsados de Egipto no pudieron entretenerse; ni siquiera prepararon provisiones para el camino.
⁴⁰ La estancia de los hijos de Israel en Egipto fue de cuatrocientos treinta años.
⁴¹ Pasados estos cuatrocientos treinta años, el mismo día salieron todos los ejércitos del Señor del país de Egipto.
⁴² Noche de vela fue ésta para el Señor, para sacarlos del país de Egipto; noche de vela en honor del Señor será para todos los hijos de Israel, de generación en generación.
Nuevas instrucciones sobre la Pascua
⁴³ El Señor dijo a Moisés y a Aarón: —Ésta es la ley de la Pascua: «Ningún extranjero podrá comerla.
⁴⁴ Los siervos comprados con dinero serán circuncidados y sólo entonces podrán comerla.
⁴⁵ El advenedizo y el mercenario no podrán comerla.
⁴⁶ Se comerá en la misma casa, sin sacar fuera nada de carne; y no le quebraréis ningún hueso.
⁴⁷ Toda la comunidad de Israel la celebrará.
⁴⁸ Si un extranjero que vive entre vosotros quiere celebrar la Pascua del Señor, que se circuncide él y todo varón de su familia; después podrá acercarse a participar de ella. Será como un nativo. Pero ningún incircunciso podrá comerla.
⁴⁹ La misma ley regirá para el nativo y para el extranjero que habita en medio de vosotros».
⁵⁰ Así lo hicieron todos los hijos de Israel; como lo había ordenado el Señor a Moisés y a Aarón, así lo hicieron.
⁵¹ Aquel mismo día el Señor sacó de Egipto a los hijos de Israel a la manera de un ejército.
Capítulo 13
Ley de los primogénitos
¹ El Señor habló a Moisés diciendo:
² —Conságrame todo primogénito de los hijos de Israel. Todo lo que abre el seno materno tanto de hombres como de animales será para mí.
Instrucciones sobre los Ácimos
³ Moisés dijo al pueblo: —Acordaos de este día en que salisteis de Egipto, de la casa de la esclavitud, pues el Señor os ha sacado de allí con mano fuerte. No comeréis pan fermentado.
⁴ Salís hoy mismo en el mes de Abib.
⁵ Cuando el Señor te haya introducido en la tierra de los cananeos, de los hititas, de los jeveos y de los jebuseos, la que había jurado a tus padres que te entregaría, tierra que mana leche y miel, celebrarás este rito en este mes:
⁶ Durante siete días comerás panes ácimos y el día séptimo será fiesta en honor del Señor.
⁷ Durante los siete días sólo se comerá pan ácimo y no se verá nada fermentado ni levadura en todo tu territorio.
⁸ Ese día lo transmitirás a tus hijos, diciendo: «Esto es por lo que me hizo el Señor cuando salí de Egipto».
⁹ Este rito será como señal en tu mano y como memorial ante tus ojos para que la ley del Señor esté en tu boca, porque con mano fuerte te sacó el Señor de Egipto.
¹⁰ Guardarás esta ley año tras año, en la fecha establecida.
Instrucciones sobre los primogénitos
11»Cuando el Señor te haya introducido en la tierra del cananeo, como te ha jurado a ti y a tus padres, y te la haya entregado,
¹² ofrecerás al Señor todo primogénito; todo primer nacido de animales, si es macho, será para el Señor.
¹³ El primer nacido del asno lo rescatarás con un cordero; si no lo rescatas, lo desnucarás. Pero al primogénito del hombre entre tus hijos has de rescatarlo. 14»Y cuando el día de mañana tu hijo te pregunte: «¿Qué significa esto?», le responderás: «Con mano fuerte nos sacó el Señor de Egipto, de la casa de la esclavitud.
¹⁵ Como el Faraón se obstinó en no dejarnos salir, el Señor dio muerte a todos los primogénitos en Egipto, tanto de hombres como de animales. Por eso, yo ofrezco en sacrificio al Señor todo primer nacido macho, y rescato a todo primogénito de mis hijos.
¹⁶ Esto será como señal en tu mano y como recordatorio ante tus ojos; porque con mano fuerte nos sacó el Señor de Egipto».
V. SALIDA DE EGIPTO
Inicio de la salida
¹⁷ Cuando el Faraón dejó marchar al pueblo, Dios no lo llevó por el camino de la región de los filisteos, aunque es el más corto; pues se dijo Dios: «No sea que el pueblo, al ver inminente la batalla, se arrepienta y se vuelva a Egipto».
¹⁸ Hizo Dios que el pueblo diera un rodeo por el camino del desierto hacia el Mar Rojo. Los hijos de Israel salieron de Egipto bien equipados.
¹⁹ Moisés tomó consigo los huesos de José, porque éste había hecho jurar a los hijos de Israel, diciendo: «Con toda seguridad os visitará Dios; entonces llevad con vosotros mis huesos».
²⁰ Partieron, pues, de Sucot y acamparon en Etam, al borde del desierto.
²¹ El Señor caminaba al frente de ellos, de día en columna de nube para guiarlos por el camino, y de noche en columna de fuego para alumbrarles; así podían caminar de día y de noche.
²² Nunca faltó al frente del pueblo, ni la columna de nube por el día, ni la columna de fuego por la noche.
Capítulo 14
Iniciativa del Señor
¹ El Señor habló a Moisés diciendo:
² —Di a los hijos de Israel que se vuelvan y acampen junto a Pi–Hajirot, entre Migdal y el mar, frente a Baal–Safón. Frente a este lugar acamparéis de cara al mar.
³ El Faraón pensará de los hijos de Israel: «Andan perdidos por el país y el desierto les cierra el paso».
⁴ Yo endureceré el corazón del Faraón y los perseguirá; y manifestaré mi gloria a costa del Faraón y de su ejército; y sabrán los egipcios que yo soy el Señor. Y así lo hicieron.
Persecución por parte de los egipcios
⁵ Cuando anunciaron al rey de Egipto que el pueblo había huido, se mudó el corazón del Faraón y el de sus servidores en contra del pueblo, y dijeron: —¿Qué hemos hecho dejando salir a Israel de nuestra servidumbre?
⁶ Entonces hizo uncir sus carros y reunió consigo a su pueblo;
⁷ tomó seiscientos carros escogidos y todos los carros de Egipto, con sus correspondientes guerreros.
⁸ El Señor endureció el corazón del Faraón, rey de Egipto, el cual persiguió a los hijos de Israel. Pero los hijos de Israel salían con aire de triunfo.
⁹ Los egipcios los persiguieron, todos los caballos, los carros del Faraón, los jinetes y el ejército; y les dieron alcance cuando acampaban junto a Pi–Hajirot frente a Baal–Safón.
¹⁰ El Faraón estaba cerca cuando los hijos de Israel alzaron la vista y vieron que los egipcios seguían tras ellos. Entonces los hijos de Israel temieron mucho y clamaron al Señor.
¹¹ Y dijeron a Moisés: —¿Acaso no había sepulcros en Egipto, para que nos hayas traído a morir en el desierto? ¿Qué has hecho con nosotros sacándonos de Egipto?
¹² ¿No es esto lo que te decíamos en Egipto: «Déjanos; continuaremos sirviendo a los egipcios; es preferible servir a los egipcios que morir en el desierto»?
¹³ Moisés respondió al pueblo: —No temáis, manteneos firmes y veréis la salvación que el Señor os concede hoy, porque los egipcios que ahora veis, no volveréis a verlos jamás.
¹⁴ El Señor peleará por vosotros y vosotros podréis estar tranquilos.
Paso del Mar Rojo
¹⁵ El Señor dijo a Moisés: —¿Por qué clamas hacia mí? Di a los hijos de Israel que se pongan en camino.
¹⁶ Y tú, alza tu bastón y extiende tu mano hacia el mar y divídelo para que los hijos de Israel pasen por medio del mar como por tierra seca.
¹⁷ Yo, por mi parte, voy a endurecer el corazón de los egipcios para que entren tras ellos; así manifestaré mi gloria a costa del Faraón y de todo su ejército, de sus carros y de sus guerreros.
¹⁸ Y sabrán los egipcios que yo soy el Señor, cuando yo muestre mi gloria a costa del Faraón, de sus carros y de sus guerreros.
¹⁹ El ángel de Dios, que iba delante del campamento de Israel, se puso en marcha y se situó tras ellos. Se puso en marcha también la columna de nube que iba delante de ellos y se situó detrás,
²⁰ interponiéndose entre el campamento de los egipcios y el campamento de Israel; la nube era tan oscura por un lado y tan luminosa por otro, que no pudieron acercarse unos a otros en toda la noche.
²¹ Moisés extendió su mano sobre el mar, y el Señor, mediante un viento solano que sopló toda la noche, empujó el mar hasta que se secó, y se dividieron las aguas.
²² Los hijos de Israel entraron por medio del mar como por lo seco y las aguas formaban como una muralla a derecha e izquierda.
²³ Los egipcios los persiguieron con todos los caballos del Faraón, los carros y los guerreros, entrando tras ellos hasta el medio del mar.
²⁴ Al romper el alba el Señor observó desde la columna de nube y fuego los campamentos de los egipcios y los desbarató.
²⁵ Hizo que se trabaran las ruedas de sus carros, de modo que avanzaran con dificultad. Entonces los egipcios se dijeron: —Huyamos de delante de Israel porque el Señor combate a su favor en contra de los egipcios.
²⁶ El Señor dijo a Moisés: —Extiende tu mano sobre el mar y las aguas se volverán sobre los egipcios, sobre sus carros y sus guerreros.
²⁷ Extendió Moisés su mano sobre el mar y éste volvió a su estado habitual al rayar el día. Los egipcios al huir, se encontraron con las aguas y así el Señor precipitó a los egipcios al medio del mar.
²⁸ Las aguas volvieron, y cubrieron los carros y los guerreros de todo el ejército del Faraón, que había entrado tras ellos en el mar. No escapó ni uno solo.
²⁹ Los hijos de Israel pasaron por medio del mar como por lo seco y las aguas formaban como una muralla a derecha e izquierda.
³⁰ Así el Señor salvó aquel día a Israel de la mano de los egipcios, e Israel pudo ver a los egipcios muertos a la orilla del mar.
³¹ Israel vio la mano poderosa con la que el Señor trató a Egipto, y el pueblo temió al Señor y creyó en el Señor y en Moisés, su siervo.
Capítulo 15
Himno triunfal
¹ Entonces Moisés y los hijos de Israel entonaron este cántico al Señor. Y decían: —Quiero cantar al Señor, vencedor excelso: caballos y caballeros al mar ha precipitado.
² El Señor es mi fuerza y mi vigor, Él me ha salvado. Él es mi Dios, quiero alabarlo; el Dios de mi padre, quiero ensalzarlo.
³ El Señor es un fuerte guerrero, su nombre es el Señor.
⁴ Los carros del Faraón, todo su ejército, los ha precipitado en el mar; los mejores guerreros bajo el Mar Rojo han sucumbido.
⁵ Los ha sepultado el abismo, como piedras llegaron hasta el fondo.
⁶ Tu diestra, Señor, reverbera en su poder; tu diestra, Señor, doblega al enemigo.
⁷ En tu inmensa majestad a tus adversarios derribas; das suelta a tu furor y como paja los devoras.
⁸ Al soplo de tu ira se amontonaron las aguas; las olas como un dique se elevaron; y en el fondo del mar se cuajaron los abismos.
⁹ Decíase el enemigo: «Los perseguiré, les daré alcance; repartiré el botín, quedará saciada mi codicia; voy a desenvainar la espada, los exterminará mi mano».
¹⁰ Pero soplaste con tu aliento y el mar los cubrió; como plomo se hundieron en las profundas aguas.
¹¹ ¿Quién como tú, Señor, entre los dioses? ¿Quién como tú, glorioso en santidad, temible en tus proezas, que obras maravillas?
¹² Extendiste tu diestra y la tierra los tragó.
¹³ Guiaste con ternura al pueblo que salvaste. Con poder lo llevaste a tu morada santa.
¹⁴ Lo oyeron los pueblos y temblaron; agudo dolor invadió a los filisteos.
¹⁵ Los príncipes de Edom se estremecieron; a los jefes de Moab los abatió el terror; todos los habitantes de Canaán se acobardaron.
¹⁶ Espanto y pavor los asaltaron; ante la fuerza de tu brazo enmudecieron como piedras; hasta que pasó tu pueblo, Señor, hasta que pasó el pueblo que te habías adquirido.
¹⁷ Los llevarás y los plantarás en el monte de tu heredad, el lugar que tú, Señor, te has preparado como trono, en el Santuario que han fundado tus manos, Señor.
¹⁸ El Señor reina por siempre jamás.
¹⁹ Cuando los caballos del Faraón con sus carros y guerreros entraron en el mar, el Señor hizo que las aguas se volvieran sobre ellos, mientras que los hijos de Israel pasaron por medio del mar como por tierra seca.
²⁰ María, la profetisa, hermana de Aarón, tomó en sus manos un pandero y todas las mujeres la siguieron también con panderos y danzas a coro.
²¹ Y María les iba respondiendo: «Cantad al Señor, vencedor excelso: caballos y caballeros al mar ha precipitado».
VI. LA TRAVESÍA DEL DESIERTO
Las aguas amargas: Mará
²² Moisés hizo partir a Israel desde el Mar Rojo y los condujo hacia el desierto del Sur. Caminaron durante tres días por el desierto sin encontrar agua,
²³ hasta llegar a Mará; pero no pudieron beber el agua de Mará porque eran aguas amargas. De ahí le viene el nombre de Mará.
²⁴ El pueblo, entonces, murmuró contra Moisés, diciendo: —¿Qué vamos a beber?
²⁵ Moisés clamó al Señor y el Señor le mostró un trozo de madera; Moisés lo arrojó al agua y el agua se volvió dulce. Allí mismo el Señor dio leyes y normas al pueblo y lo puso a prueba,
²⁶ diciéndoles: —Si escuchas la voz del Señor, tu Dios, y pones por obra lo que es recto a sus ojos, si prestas oído a sus preceptos y observas sus leyes, no te impondré los sufrimientos que impuse a Egipto. Pues yo soy el Señor, el que te sana.
²⁷ Después llegaron a Elim, donde había doce manantiales de agua y setenta palmeras. Y acamparon allí junto al agua.
Capítulo 16
El maná y las codornices
¹ Toda la comunidad de los hijos de Israel partió de Elim y el día quince del segundo mes de su salida del país de Egipto, llegó al desierto de Sin, que está entre Elim y el Sinaí.
² La comunidad de los hijos de Israel murmuraba contra Moisés y contra Aarón en el desierto.
³ Los hijos de Israel les decían: —¿Quién nos hubiera dado morir a manos del Señor en el país de Egipto, cuando nos sentábamos junto a la olla de carne y comíamos pan hasta saciarnos? Porque vosotros nos habéis sacado a este desierto para matar de hambre a toda esta asamblea.
⁴ El Señor dijo a Moisés: —He aquí que voy a hacer llover para vosotros pan desde el cielo; el pueblo saldrá a recoger cada día la porción cotidiana; así les pondré a prueba y veré si se comporta según mi ley o no.
⁵ El sexto día, habrán de preparar lo que han recogido, que será el doble de lo que recolectan cada día.
⁶ Moisés y Aarón dijeron a todos los hijos de Israel: —Esta tarde sabréis que es el Señor quien os ha sacado del país de Egipto,
⁷ y por la mañana veréis la gloria del Señor, que ha escuchado vuestras murmuraciones contra Él; pues nosotros ¿qué somos para que nos difaméis?
⁸ Moisés añadió: —El Señor os dará por la tarde carne para comer y por la mañana pan para saciaros, porque ha escuchado vuestras murmuraciones contra Él; pues nosotros ¿qué somos? No van contra nosotros vuestras murmuraciones, sino contra el Señor.
⁹ Moisés dijo a Aarón: —Di a toda la comunidad de los hijos de Israel: «Acercaos ante el Señor porque ha escuchado vuestras murmuraciones».
¹⁰ Y ocurrió que mientras hablaba Aarón a toda la comunidad de los hijos de Israel, volvieron su rostro hacia el desierto, y he aquí que la gloria del Señor se manifestó en la nube.
¹¹ Entonces el Señor dijo a Moisés:
¹² —He escuchado las murmuraciones de los hijos de Israel. Diles: «Al atardecer comeréis carne y por la mañana os saciaréis de pan. Así conoceréis que yo soy el Señor, vuestro Dios».
¹³ Aquella tarde, en efecto, subieron las codornices y cubrieron el campamento; y por la mañana, hubo una capa de rocío alrededor del campamento.
¹⁴ Al evaporarse la capa de rocío quedó sobre la superficie del desierto una cosa blanca delgada, como escarcha sobre la tierra.
¹⁵ Al verlo los hijos de Israel se dijeron entre sí: —¿Man–hu? (que significa: «¿Qué es esto?») Pues no sabían lo que era. Moisés les dijo: —Esto es el pan que el Señor os da como alimento.
¹⁶ Ésta es la orden que ha dado el Señor: tome cada uno según su necesidad, un ómer por cabeza, según el número de personas; cada uno recogerá también para los que están en su tienda.
¹⁷ Así hicieron los hijos de Israel y recogieron unos más y otros menos.
¹⁸ Luego lo midieron con el ómer y ni a los que tomaron más les sobraba ni a los que tomaron menos les faltaba; cada uno había recogido según su necesidad.
¹⁹ Moisés les dijo: —Que nadie guarde nada para mañana.
²⁰ Sin embargo no le escucharon y algunos dejaron parte para la mañana siguiente, pero crió gusanos y se pudrió; y Moisés se irritó con ellos.
²¹ Lo recogían, por tanto, por la mañana, cada uno según su necesidad, pues el calor del sol lo derretía.
²² El día sexto recogían el doble de pan, dos ómer para cada uno. Vinieron entonces los representantes de la comunidad y se lo contaron a Moisés. 23Él les dijo: —He aquí lo que ha dicho el Señor: «Mañana es sábado, descanso consagrado para el Señor: lo que debáis cocer, cocedlo; lo que debáis hervir, hervidlo, y todo lo que sobre guardadlo como reserva para mañana».
²⁴ Y lo guardaron para el día siguiente como lo había ordenado Moisés y no se pudrió ni se agusanó.
²⁵ Moisés dijo: —Comedlo hoy, porque hoy es sábado en honor del Señor; hoy no encontraréis nada en el campo.
²⁶ Seis días lo recogeréis y el séptimo día, el sábado, no habrá nada.
²⁷ De hecho, el día séptimo salieron algunos del pueblo para recoger y no encontraron nada.
²⁸ El Señor dijo a Moisés: —¿Hasta cuándo os negaréis a guardar mis preceptos y mis leyes?
²⁹ Mirad que el Señor os ha dado el sábado; por eso os da el sexto día ración para dos días; permaneced cada uno en su sitio; que nadie salga de su sitio el día séptimo.
³⁰ El pueblo descansó el día séptimo.
³¹ La casa de Israel lo llamó maná; era como una semilla de coriandro, blanco y su sabor como una torta de miel.
³² Y Moisés dijo: —Éste es el mandamiento que el Señor ha ordenado: llenad un ómer de esto y conservadlo para vuestras generaciones, para que vean el pan que os di de comer en el desierto cuando os saqué del país de Egipto.
³³ Moisés dijo a Aarón: —Toma un recipiente, pon en él un ómer de maná y déjalo delante del Señor, para conservarlo de generación en generación.
³⁴ Aarón, tal como el Señor ordenó a Moisés, lo dejó delante del Testimonio para conservarlo.
³⁵ Los hijos de Israel comieron el maná durante cuarenta años hasta su entrada en tierra habitada; comieron el maná hasta su entrada en los confines de la tierra de Canaán.
³⁶ El ómer de maná es la décima parte de un efah.
Capítulo 17
El agua de la roca
¹ Toda la comunidad de los hijos de Israel partió del desierto de Sin, haciendo etapas, según indicaba el Señor. Y acamparon en Refidim, donde el pueblo no halló agua para beber.
² El pueblo entonces se quejó a Moisés diciendo: —Danos agua para beber. Y les respondió: —¿Por qué os querelláis conmigo? ¿Por qué tentáis al Señor?
³ Pero el pueblo continuaba sediento y murmuró contra Moisés: —¿Por qué nos has sacado de Egipto para dejarnos morir de sed, a nosotros, a nuestros hijos y a nuestros ganados?
⁴ Moisés clamó al Señor diciendo: —¿Qué puedo hacer con este pueblo? Casi llegan a apedrearme.
⁵ Respondió el Señor a Moisés: —Pasa delante del pueblo acompañado de algunos ancianos de Israel, lleva en tu mano el bastón con que golpeaste el Nilo y emprende la marcha.
⁶ Yo estaré junto a ti sobre la roca en el Horeb; golpearás la roca y saldrá agua para que beba el pueblo. Lo hizo así Moisés a la vista de los ancianos de Israel.
⁷ Y llamó a aquel lugar Masá y Meribá por la querella de los hijos de Israel y por haber tentado al Señor diciendo: «¿Está el Señor entre nosotros, o no?»
Victoria sobre Amalec
⁸ Vino entonces Amalec y atacó a Israel en Refidim.
⁹ Moisés dijo a Josué: —Elige unos hombres y sal a combatir contra Amalec. Yo estaré de pie en la cima del monte con el bastón de Dios en la mano.
¹⁰ Hizo Josué como Moisés le había ordenado y combatió contra Amalec; mientras, Moisés, Aarón y Jur subieron a la cima del monte.
¹¹ Resultó que cuando Moisés alzaba las manos, vencía Israel, pero cuando las dejaba caer, vencía Amalec.
¹² Como se le cansaban las manos a Moisés, acercaron una piedra, se la pusieron debajo y se sentó sobre ella, en tanto que Aarón y Jur le sujetaban las manos, cada uno por un lado. Y así sus manos se mantuvieron en alto hasta la puesta del sol.
¹³ Josué derrotó a Amalec y a su pueblo a filo de espada.
¹⁴ Luego el Señor dijo a Moisés: —Escribe esto en un libro para que sirva de recuerdo, y transmite a Josué que yo he de borrar por completo la memoria de Amalec de debajo del cielo.
¹⁵ Entonces Moisés edificó un altar al que puso por nombre «El Señor es mi bandera»,
¹⁶ diciendo: —Mano al estandarte del Señor; el Señor está en guerra contra Amalec de generación en generación.
Capítulo 18
Encuentro de Jetró con Moisés
¹ Jetró, sacerdote de Madián, suegro de Moisés, se enteró de todo lo que Dios había hecho con Moisés y con Israel su pueblo, y cómo el Señor había sacado a Israel de Egipto.
² Entonces Jetró, suegro de Moisés, tomó a Séfora, mujer de Moisés, a la que éste había abandonado,
³ y a sus dos hijos: el uno llamado Guersom, porque Moisés dijo: «Huésped he sido en tierra extranjera»;
⁴ y el otro Eliézer, porque dijo Moisés: «El Dios de mi padre es mi protección y me ha librado de la espada del Faraón».
⁵ Se llegó, pues, Jetró, suegro de Moisés, con los hijos y con la mujer hasta Moisés en el desierto donde estaba acampado al pie del monte de Dios.
⁶ Y le hizo saber a Moisés: —Yo, Jetró, tu suegro, vengo hasta ti con tu mujer y tus dos hijos.
⁷ Moisés entonces salió al encuentro de su suegro Jetró, se postró y le besó. Se saludaron mutuamente y entraron en la tienda.
⁸ Moisés contó a su suegro todo lo que había hecho el Señor con el Faraón y con los egipcios en favor de Israel; y todas las adversidades que les habían sobrevenido en el camino y cómo el Señor les había librado de ellas.
⁹ Se alegró Jetró de todo el bien que el Señor había hecho a Israel, librándolo de la mano de los egipcios,
¹⁰ y dijo: —Bendito sea el Señor, que os ha librado de la mano de los egipcios y de la mano del Faraón.
¹¹ Ahora reconozco que el Señor es más grande que todos los dioses, porque ha librado al pueblo de la mano de los egipcios precisamente cuando con más insolencia los trataban.
¹² Después Jetró, suegro de Moisés, ofreció un holocausto y sacrificios a Dios: Aarón y todos los ancianos de Israel vinieron a participar de la comida con el suegro de Moisés en presencia de Dios.
Institución de los jueces
¹³ Al día siguiente Moisés se sentó para administrar justicia entre el pueblo; y el pueblo estuvo ante Moisés desde la mañana hasta la noche.
¹⁴ Al ver el suegro de Moisés todo lo que éste hacía por el pueblo, le dijo: —¿Qué sentido tiene que tú hagas esto por el pueblo? ¿Por qué eres tú el único que te sientas, haciendo que el pueblo entero tenga que permanecer ante ti desde la mañana hasta la noche?
¹⁵ Contestó Moisés a su suegro: —Es que el pueblo viene a mí para consultar a Dios;
¹⁶ cuando tienen un pleito vienen a mí y yo administro justicia entre unos y otros, dándoles a conocer los decretos y las leyes de Dios.
¹⁷ Entonces el suegro de Moisés le dijo: —No está bien lo que haces.
¹⁸ Te agotarás por completo tú y este pueblo que te acompaña; es éste un quehacer demasiado pesado para ti y no podrás llevarlo a cabo tú solo.
¹⁹ Así pues, escúchame; voy a darte un consejo y que Dios esté contigo: Sé tú valedor del pueblo ante Dios, y presenta ante Dios sus asuntos;
²⁰ enseña al pueblo los decretos y las leyes, y dales a conocer el camino que deben seguir y las obras que deben realizar.
²¹ Pero elígete de entre el pueblo hombres probados, temerosos de Dios, hombres fieles y honrados, y colócalos al frente, como jefes de mil, de cien, de cincuenta y de diez.
²² Que sean ellos quienes juzguen al pueblo en todo momento: que te presenten a ti los asuntos graves, pero en los demás que juzguen ellos. Así se aliviará el peso que llevas encima y ellos lo compartirán contigo.
²³ Si atiendes mi advertencia, Dios mismo te dará instrucciones, tu podrás resistir y, además, este pueblo podrá volver en paz a su puesto.
²⁴ Escuchó Moisés la voz de su suegro e hizo todo lo que le indicó.
²⁵ Escogió, pues, hombres probados entre todo Israel y los colocó al frente del pueblo, como jefes de mil, de cien, de cincuenta y de diez.
²⁶ Ellos juzgaban al pueblo en todo momento; los asuntos más graves se los presentaban a Moisés, y en los demás juzgaban ellos.
²⁷ Moisés despidió a su suegro que se volvió a su tierra.
SEGUNDA PARTE: EL PUEBLO DE ISRAEL EN EL SINAÍ
Capítulo 19
VII. LA ALIANZA DEL SINAÍ
Llegada a la región del Sinaí
¹ A los tres meses de la salida del país de Egipto, ese mismo día, los hijos de Israel llegaron al desierto del Sinaí.
² Habían salido de Refidim, llegaron al desierto del Sinaí y acamparon. Israel puso allí el campamento frente a la montaña.
Promesa divina
³ Moisés subió hacia Dios y el Señor lo llamó desde la montaña y le dijo: —Esto has de decir a la casa de Jacob y esto has de anunciar a los hijos de Israel: «
⁴ Vosotros habéis visto lo que he hecho con los egipcios y cómo os he llevado en alas de águila y os he traído hacia mí.
⁵ Ahora, pues, si de veras escucháis mi voz y guardáis mi alianza, seréis mi propiedad exclusiva entre todos los pueblos, porque mía es toda la tierra;
⁶ vosotros seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa». Éstas son las palabras que has de decir a los hijos de Israel.
⁷ Fue, pues, Moisés y convocó a los ancianos del pueblo y les expuso todas las palabras que el Señor le había ordenado.
⁸ El pueblo entero respondió a una diciendo: —Haremos cuanto ha dicho el Señor. Y Moisés comunicó al Señor la respuesta del pueblo.
⁹ Entonces dijo el Señor a Moisés: —He aquí que Yo voy a presentarme a ti en una densa nube para que el pueblo oiga cuándo me comunico contigo, y así te crean a ti siempre. Y Moisés refirió al Señor la respuesta de su pueblo.
Teofanía
¹⁰ El Señor dijo a Moisés: —Ve al pueblo y haz que se purifiquen hoy y mañana; que laven sus vestidos.
¹¹ Y que estén preparados para el tercer día, porque el día tercero el Señor descenderá a la vista de todo el pueblo sobre el monte Sinaí.
¹² Señalarás un límite al pueblo alrededor de la montaña y le dirás: «Os guardaréis de subir a la montaña, y hasta de aproximaros a su falda. El que se aproxime a la montaña morirá sin remedio».
¹³ Pero nadie pondrá la mano sobre el culpable, sino que será lapidado o asaeteado; sea hombre o animal no quedará con vida. Sólo cuando suene el cuerno, subirán a la montaña.
¹⁴ Bajó, pues, Moisés de la montaña hasta el pueblo, hizo que se purificaran, y lavaron sus vestidos.
¹⁵ Y dijo al pueblo: —Estad preparados para el tercer día; y no os lleguéis a mujer alguna.
¹⁶ El día tercero, al despuntar la aurora, hubo truenos y relámpagos, y una densa nube sobre la montaña, y un sonido muy intenso de trompeta. Todo el pueblo que estaba en el campamento se estremeció.
¹⁷ Moisés hizo salir al pueblo del campamento al encuentro de Dios; ellos se detuvieron al pie de la montaña.
¹⁸ Todo el monte Sinaí humeaba porque el Señor había descendido sobre él en el fuego. El humo subía como humo de horno y toda la montaña se estremeció violentamente.
¹⁹ El sonido de la trompeta se fue haciendo más intenso: Moisés hablaba y Dios le respondía con el trueno.
²⁰ El Señor descendió sobre el monte Sinaí, sobre la cima de la montaña. Luego el Señor llamó a Moisés a la cumbre de la montaña y allí subió Moisés.
²¹ Y dijo el Señor a Moisés: —Baja y advierte al pueblo que no se acerquen a mirar al Señor; si no, morirán muchos de ellos.
²² Además, los sacerdotes que se acercan al Señor, que se purifiquen para que el Señor no los castigue.
²³ Moisés dijo al Señor: —El pueblo no podrá subir al monte Sinaí, porque tú nos has amenazado al decir: «Señala un límite a la montaña y declárala sagrada».
²⁴ El Señor le respondió: —Anda, baja; y después, subid tú y Aarón; pero los sacerdotes y el pueblo que no traspasen el límite con intención de subir hacia el Señor para que no los castigue.
²⁵ Bajó, pues, Moisés a donde estaba el pueblo y se lo transmitió.
Capítulo 20
El Decálogo
¹ Entonces Dios pronunció todas estas palabras, diciendo:
² —Yo soy el Señor, tu Dios, que te ha sacado del país de Egipto, de la casa de la esclavitud.
³ »No tendrás otro dios fuera de mí. 4»No te harás escultura ni imagen, ni de lo que hay arriba en el cielo, ni de lo que hay abajo en la tierra, ni de lo que hay en las aguas por debajo de la tierra.
⁵ No te postrarás ante ellos ni les darás culto, porque yo, el Señor, tu Dios, soy un Dios celoso que castigo la culpa de los padres en los hijos hasta la tercera y la cuarta generación de aquellos que me odian;
⁶ pero tengo misericordia por mil generaciones con los que me aman y guardan mis mandamientos.
⁷ »No tomarás el nombre del Señor, tu Dios, en vano, pues el Señor no dejará impune al que tome su nombre en vano.
⁸ »Recuerda el día del sábado, para santificarlo.
⁹ Durante seis días trabajarás y harás tus tareas.
¹⁰ Pero el día séptimo es sábado, en honor del Señor, tu Dios. No harás en él trabajo alguno, ni tú ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu ganado, ni el extranjero que habita junto a ti.
¹¹ Pues el Señor en seis días hizo el cielo y la tierra, el mar y todo lo que contiene, pero el día séptimo descansó. Por eso el Señor bendijo el día del sábado y lo santificó.
¹² »Honra a tu padre y a tu madre para que se prolonguen tus días sobre la tierra que el Señor, tu Dios, te da.
¹³ »No matarás.
¹⁴ »No cometerás adulterio.
¹⁵ »No robarás.
¹⁶ »No darás falso testimonio contra tu prójimo.
²¹ 17 »No codiciarás los bienes de tu prójimo; ni codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su esclavo ni su esclava, ni su buey, ni su asno ni nada de lo que pertenezca a tu prójimo.
¹⁸ Todo el pueblo percibía los truenos y los relámpagos, el sonido de la trompeta y la montaña humeante; y se llenaron de temor y se mantenían a distancia.
¹⁹ Entonces le dijeron a Moisés: —Habla tú con nosotros y te escucharemos; pero que no hable Dios con nosotros, no sea que muramos.
²⁰ Respondió Moisés al pueblo: —No temáis, pues Dios ha venido para probaros, para que su temor esté ante vuestros ojos y no pequéis.
²¹ Y el pueblo se mantuvo a distancia mientras Moisés se acercaba hacia la densidad de la nube donde estaba Dios.
Capítulo 21
VIII. CÓDIGO DE LA ALIANZA
Leyes sobre el culto
²² Entonces dijo el Señor a Moisés: —Así hablarás a los hijos de Israel: «Vosotros habéis visto que os he hablado desde el cielo.
²³ No os fabricaréis dioses de plata, ni os haréis dioses de oro. 24»Me harás un altar de tierra y me sacrificarás sobre él tus holocaustos y tus sacrificios de comunión, tu ganado menor y tu ganado mayor; en todo lugar donde haga conmemorar mi nombre, vendré a ti y te bendeciré. 25»Y en caso de hacerme un altar de piedra, no lo edificarás con piedras talladas, pues al dejar caer tu escoplo sobre ellas, las profanarías. 26»Tampoco subirás a mi altar por escalones, para que, al subir por ellos, no quede al descubierto tu desnudez».
Leyes sobre los esclavos
1»Éstas son las normas que les expondrás: Ex
² «Cuando adquieras un esclavo hebreo, te servirá seis años y al séptimo quedará libre sin pagar;
³ si entró solo, solo saldrá; si estaba casado, su mujer saldrá con él.
⁴ Pero si fue el dueño quien le dio esposa, y de ella hubieran nacido hijos o hijas, la mujer y los hijos serán del dueño y él saldrá solo.
⁵ Si el esclavo dijera con insistencia: «Amo a mi dueño, a mi mujer y a mis hijos, no quiero quedar libre»,
⁶ entonces su dueño lo llevará ante Dios y, acercándolo a la puerta o a la jamba, le perforará la oreja con un punzón y así será su esclavo para siempre. 7»Cuando un hombre venda a su hija como esclava, ésta no saldrá de la esclavitud como salen los varones.
⁸ Si cayera en desgracia a los ojos de su dueño para quien estaba destinada, éste le permitirá ser rescatada; no podrá venderla a un pueblo extranjero y ser desleal con ella.
⁹ Si la destina para su hijo, la tratará como a una hija suya.
¹⁰ Si toma otra nueva mujer, no le negará a la primera ni la comida ni el vestido ni el derecho conyugal;
¹¹ si no le proporciona esas cosas, ella podrá marcharse de balde, sin pagar dinero.
Leyes sobre el homicidio
12»El que hiera a un hombre causándole la muerte deberá morir.
¹³ Si no estaba al acecho, sino que Dios permitió que cayera a manos de él, yo te mostraré un lugar donde pueda refugiarse;
¹⁴ pero si por odio uno llega a matar a su prójimo con alevosía, hasta de mi altar lo arrancarás para darle muerte. 15»El que hiera a su padre o a su madre deberá morir. 16»El que rapte a un hombre, tanto si lo ha vendido como si lo tiene en su poder, deberá morir. 17»El que maldiga a su padre o a su madre deberá morir.
Leyes sobre daños a personas
18»Cuando dos hombres riñan, y uno hiere a su prójimo con una piedra o con el puño y no muere pero tiene que guardar cama:
¹⁹ si se levanta y puede caminar por la calle apoyado en su cayado, el que le hirió quedará exculpado; sólo tendrá que pagar lo que haya perdido por la enfermedad y los gastos de la curación. 20»Cuando uno golpee con un bastón a su esclavo o a su esclava, y mueren a manos del dueño, será reo de venganza;
²¹ pero si sobrevive un día o dos, no será reo, puesto que es parte de su hacienda.
²² »Cuando algún hombre, en el fragor de una riña, golpee a una mujer embarazada provocándole el parto, pero sin causar más daño, el culpable será multado según lo que imponga el marido de la mujer y decidan los magistrados.
²³ Pero si se sigue algún daño, pagarás vida por vida,
²⁴ ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie,
²⁵ quemadura por quemadura, herida por herida, contusión por contusión. 26»Cuando uno golpee a su esclavo o a su esclava en un ojo, y los deja tuertos, los dejará libres en compensación del ojo.
²⁷ Y si le hace saltar un diente a su esclavo o a su esclava, le dejará libre en compensación del diente. 28»Cuando un buey cornee a un hombre o a una mujer, y le causa la muerte, será apedreado; no se comerá su carne, pero el dueño quedará exculpado.
²⁹ Pero si el buey ya corneaba antes y su dueño, aun sabiéndolo no lo tenía vigilado, en caso de que el buey mate a un hombre o a una mujer, el buey será apedreado y también su dueño será reo de muerte.
³⁰ Y si al dueño le imponen una compensación, pagará el precio que le hayan impuesto por conservar la vida.
³¹ Si cornea a un niño o a una niña, se actuará según la misma norma.
³² Pero si el buey cornea a un siervo o a una sierva, se pagarán treinta siclos de plata al dueño del esclavo, y el buey será apedreado.
Capítulo 22
Leyes sobre daños a posesiones
33»Cuando uno abra un pozo o excave una cisterna y no lo tape, y cae allí un buey o un asno,
³⁴ el propietario de la cisterna pagará con dinero: resarcirá al dueño de los animales, y la res muerta será para él. 35»Cuando un buey cornee a otro buey y le cause la muerte, venderán el buey vivo y se repartirán el dinero; y también se repartirán la res muerta.
³⁶ Pero si era notorio que el buey corneaba antes y su dueño no lo tenía vigilado, éste deberá pagar buey por buey y el animal muerto será para él.
³⁷ »Cuando uno robe un buey o una oveja y lo mata o lo vende, pagará cinco reses de ganado mayor por el buey y cuatro reses de ganado menor por la oveja. 1»Si un ladrón es sorprendido asaltando una propiedad, es herido y muere, no habrá venganza de sangre;
² pero si ya luce el sol, habrá venganza de sangre. El ladrón deberá indemnizar; y si no tiene nada, será vendido por lo que robó;
³ y si lo robado, sea un buey, un asno o una oveja, se encuentra todavía vivo en su poder, pagará el doble.
⁴ »Cuando uno destroce un campo o una viña, dejando a su ganado pastar en campo ajeno, pagará con lo mejor de su ganado y lo mejor de su viña. 5»Cuando se declare un incendio y se propague por los espinos devorando haces, mieses o un campo, el que provocó el incendio deberá indemnizar. 6»Cuando uno entregue dinero o cualquier objeto en depósito a su prójimo, y lo roban de casa del depositario y se encuentra al ladrón, éste pagará el doble.
⁷ Si el ladrón no aparece, el dueño de la casa se acercará ante Dios y jurará que no ha puesto su mano sobre la propiedad de su prójimo. 8»En toda causa delictiva, sobre un buey o un asno o una oveja o un vestido o cualquier cosa desaparecida, si uno dice: “Esto es así”, el pleito de ambos se llevará ante Dios, y aquél a quien Dios declare culpable pagará el doble a su prójimo. 9»Si uno entrega en depósito a su prójimo un asno o un buey o una oveja o cualquier otro animal, y mueren, se dañan o son robados, sin que nadie lo vea,
¹⁰ se interpondrá entre ambos el juramento por el Señor de que aquél no ha puesto sus manos en la propiedad de su prójimo; el propietario aceptará el juramento y el depositario no tendrá que pagar.
¹¹ Pero si se lo robaron en su presencia, tendrá que pagar al dueño.
¹² Y si el animal ha sido despedazado, aportará los despojos y no tendrá que pagar. 13»Cuando uno pida prestado a su prójimo un animal y se dañe o muera, en ausencia del dueño, tendrá que pagar.
¹⁴ Pero si el dueño estaba con él, no tendrá que pagar. Si el préstamo fue en alquiler, la indemnización va incluida en el alquiler.
Caso de violación
15»Cuando uno seduzca a una doncella no desposada y tenga relación con ella, pagará la dote y la tomará como esposa.
¹⁶ Si su padre se niega a desposarla con él, pagará en dinero la dote que se acostumbra dar a las doncellas.
Capítulo 23
Leyes sociales
17»No dejarás con vida a la hechicera. 18»El que se ayunta a un animal, deberá morir. 19»El que ofrezca sacrificios a otros dioses distintos del Señor, será entregado al anatema. 20»No maltratarás ni oprimirás al extranjero, pues extranjeros fuisteis vosotros en el país de Egipto.
²¹ No maltratarás a la viuda y al huérfano.
²² Si le haces daño, clamará a mí y yo escucharé su clamor;
²³ se inflamará mi cólera y os haré morir a espada, dejando viudas a vuestras mujeres y huérfanos a vuestros hijos. 24»Si prestas dinero a uno de mi pueblo, al pobre que vive contigo, no te portarás con él como un usurero; no le exigirás intereses. 25»Si tomas en prenda el manto de tu prójimo, se lo devolverás antes de que el sol se ponga,
²⁶ porque es su única ropa y con ella abriga su piel; si no, ¿con qué va a dormir? En caso contrario clamará a mí, y yo le escucharé porque soy misericordioso. 27»No blasfemarás contra Dios ni maldecirás al príncipe de tu pueblo. 28»No retrasarás la ofrenda de tu mies y de tu vendimia. »Me entregarás al primogénito de tus hijos.
²⁹ Lo mismo harás con tu ganado mayor y menor: siete días estará la cría con su madre y al séptimo me la entregarás. 30»Hombres santos habréis de ser para mí. No comeréis carne de animal despedazado en el campo; se la echaréis a los perros.
Deberes de justicia
1»No difundirás rumores falsos, ni echarás una mano a los malvados para dar testimonio falso. 2»No seguirás a la mayoría para obrar el mal, ni te inclinarás a la mayoría en un pleito violando la justicia. 3»Tampoco con el pobre te mostrarás parcial en el pleito.
⁴ »Cuando encuentres el buey de tu enemigo o su asno extraviado, deberás llevárselo. 5»Cuando veas el asno del que te aborrece caído bajo su carga, no pasarás de largo; deberás prestarle ayuda. 6»No violarás el derecho del indigente en su pleito. 7»Manténte alejado de causas falsas; no harás morir al inocente y al justo, porque yo no absolveré al culpable. 8»No aceptarás soborno, porque el soborno ciega a los prudentes y pervierte las causas de los justos. 9»No oprimirás al extranjero; también vosotros conocéis los sentimientos del extranjero, porque extranjeros fuisteis en el país de Egipto.
Año sabático y sábado
10»Durante seis años sembrarás tu tierra y recogerás el producto,
¹¹ pero el séptimo la dejarás descansar, sin cultivarla, para que coman también los pobres de tu pueblo y el resto lo coman los animales del campo. Lo mismo harás con tu viña y tu olivar. 12»Durante seis días harás tus trabajos, pero el séptimo descansarás para que reposen también tu buey y tu asno, y tengan respiro el hijo de tu esclava y el extranjero. 13»Guardad todo lo que os he dicho. No invocaréis el nombre de otros dioses. ¡Ni se oiga de tus labios!
Leyes cultuales
14»Tres veces al año celebrarás fiesta en mi honor: 15»Guardarás la fiesta de los Ácimos. Durante siete días comerás pan ácimo, como te he ordenado, en el tiempo establecido del mes de Abib, porque en él te saqué de Egipto. »No te presentarás ante mí con las manos vacías. 16»Observarás también la fiesta de la Siega, de las primicias de tus faenas, de cuanto sembraste en el campo; y la fiesta de la Recolección, al terminar el año, cuando hayas recogido los productos del campo. 17»Tres veces al año se presentarán todos tus varones ante la presencia del Señor Dios. 18»No ofrecerás la sangre de mi sacrificio junto con pan fermentado ni guardarás hasta la mañana siguiente la grasa de los sacrificios de mi fiesta.
¹⁹ »Llevarás a la casa del Señor, tu Dios, lo mejor de las primicias de tus campos. »No cocerás el cabrito en la leche de su madre.
Advertencias y promesas
20»He aquí que yo enviaré un ángel delante de ti, para que te guarde en el camino y te conduzca al lugar que he preparado.
²¹ Compórtate en su presencia y escucha su voz. No te rebeles contra él, porque no perdonará vuestro delito ya que mi nombre está en él.
²² Pero si escuchas su voz y haces todo lo que yo diga, seré enemigo de tus enemigos y adversario de tus adversarios;
²³ pues mi ángel caminará delante de ti y te conducirá a la tierra de los amorreos, hititas, perezeos, cananeos, jeveos y jebuseos; yo los exterminaré.
²⁴ »No te postrarás ante sus dioses ni les servirás ni imitarás sus acciones; al contrario, los destruirás por completo y destrozarás sus estelas. 25»Servid al Señor, vuestro Dios, y Él bendecirá tu pan y tu agua. Y alejaré de ti la enfermedad;
²⁶ no habrá en tu tierra mujer que aborte ni que sea estéril; y colmaré el número de tus días.
²⁷ »Sembraré el pánico delante de ti; y haré que se turben todos los pueblos a los que te acerques y que todos tus enemigos vuelvan ante ti la espalda.
²⁸ Enviaré por delante avispas que expulsarán de tu presencia a jeveos, cananeos e hititas;
²⁹ pero no los expulsaré de tu presencia en un solo año, para que no quede la tierra desierta y se multipliquen las alimañas del campo,
³⁰ sino que los expulsaré de tu presencia poco a poco hasta que vayas creciendo y puedas tomar posesión de la tierra.
³¹ »Fijaré tus fronteras desde el Mar Rojo hasta el mar de los filisteos; y desde el desierto hasta el Éufrates. Entregaré en vuestras manos a los habitantes de esa tierra y los expulsarás de tu presencia.
³² No harás alianzas con ellos ni con sus dioses.
³³ No habitarán en tu tierra, no sea que te hagan pecar contra mí, sirviendo a sus dioses; todos ellos son para ti como una trampa».
Capítulo 24
IX. RATIFICACIÓN DE LA ALIANZA
Comida cultual y aspersión con la sangre
¹ Después el Señor dijo a Moisés: —Subid hasta el Señor tú y Aarón, Nadab y Abihú con setenta ancianos de Israel. Vosotros os postraréis a distancia.
² Sólo Moisés se acercará al Señor; ellos no se acercarán y el pueblo no subirá con ellos.
³ Vino, pues, Moisés y contó al pueblo todas las palabras del Señor y todas las normas. Y el pueblo entero respondió a una sola voz: —Haremos todo lo que ha dicho el Señor.
⁴ Luego Moisés escribió todas las palabras del Señor y, levantándose temprano por la mañana, construyó al pie de la montaña un altar y doce estelas por las doce tribus de Israel.
⁵ Mandó a algunos jóvenes de los hijos de Israel que ofrecieran holocaustos y que inmolaran novillos como sacrificio de comunión en honor del Señor.
⁶ Entonces Moisés tomó la mitad de la sangre y la echó en unos recipientes; la otra mitad la vertió sobre el altar.
⁷ Tomó después el libro de la alianza y lo leyó a oídos del pueblo, que respondió: —Haremos y obedeceremos todo lo que ha dicho el Señor.
⁸ A continuación tomó Moisés la sangre y roció con ella al pueblo, diciendo: —Ésta es la sangre de la alianza que ha hecho el Señor con vosotros de acuerdo con todas estas palabras.
⁹ Luego subieron Moisés y Aarón, Nadab y Abihú, y los setenta ancianos de Israel.
¹⁰ Y contemplaron al Dios de Israel; había bajo sus pies como un enlosado de zafiro con un brillo semejante al del cielo.
¹¹ Dios no extendió su mano sobre estos elegidos de los hijos de Israel y pudieron contemplar a Dios. Después comieron y bebieron.
Moisés sube de nuevo al monte
¹² Dijo el Señor a Moisés: —Sube hacia mí, a la montaña y quédate allí, pues voy a darte las tablas de piedra con la ley y los mandamientos que he escrito para instruirles.
¹³ Se levantaron Moisés y Josué, su ayudante. Moisés subió al monte de Dios;
¹⁴ pero antes dijo a los ancianos: —Quedaos esperándonos hasta que volvamos. Aarón y Jur están con vosotros; quien tenga algún pleito que recurra a ellos.
¹⁵ Cuando Moisés subió a la montaña, la nube la cubrió
¹⁶ y la gloria del Señor se posó sobre el monte Sinaí. La nube lo cubrió durante seis días; al séptimo el Señor llamó a Moisés de en medio de la nube.
¹⁷ La gloria del Señor se manifestaba a los ojos de los hijos de Israel como un fuego devorador sobre la cima del monte.
¹⁸ Moisés penetró dentro de la nube y subió hacia la montaña, y permaneció en la montaña cuarenta días y cuarenta noches.
Capítulo 25
X. NORMAS SOBRE EL SANTUARIO
Ofrendas para el Santuario
¹ El Señor dijo a Moisés:
² —Di a los hijos de Israel que reserven una ofrenda para mí; vosotros recogeréis para mí la ofrenda de toda persona generosa de corazón. 3Ésta es la ofrenda que habéis de recoger: oro, plata y bronce;
⁴ púrpura violácea, púrpura escarlata y carmesí, lino fino y pelo de cabra;
⁵ pieles de carnero teñidas de rojo, pieles selectas, y maderas de acacia;
⁶ aceite para las lámparas, aromas para el óleo de unción y para el incienso aromático;
⁷ piedras de ónice y piedras de engaste para el efod y el pectoral. 8»Constrúyeme un Santuario para que habite en medio de ellos.
⁹ Lo haréis conforme al modelo del Tabernáculo y de los utensilios que te voy a mostrar.
Capítulo 37
El Arca
10»Fabricarás un arca de madera de acacia de dos codos y medio de largo, un codo y medio de ancho y uno y medio de alto.
¹¹ La revestirás de oro puro por dentro y por fuera, y pondrás alrededor de ella una moldura de oro.
¹² Fundirás oro para cuatro anillas que pondrás en sus cuatro ángulos, dos a un lado y dos al lado opuesto.
¹³ Harás también varales de madera de acacia y los recubrirás de oro;
¹⁴ introducirás los varales por las anillas de los lados del arca para poder transportarla.
¹⁵ Los varales permanecerán en las anillas del arca y no se sacarán de allí.
¹⁶ Pondrás dentro del arca el Testimonio que te voy a dar. 17»Harás también un Propiciatorio de oro puro de dos codos y medio de largo y un codo y medio de ancho;
¹⁸ labrarás dos querubines de oro; serán de oro macizo y estarán en los dos extremos del Propiciatorio;
¹⁹ cada querubín estará en un extremo, formando un solo cuerpo con el Propiciatorio en ambos extremos.
²⁰ Los querubines tendrán las alas extendidas hacia arriba, cubriendo con ellas el Propiciatorio, y sus rostros estarán uno frente a otro, mirando al Propiciatorio.
²¹ Pondrás el Propiciatorio sobre el arca, dentro de la cual colocarás el Testimonio que te voy a dar.
²² Allí me reuniré contigo y te hablaré desde encima del Propiciatorio, entre los dos querubines que habrá sobre el arca del Testimonio; te comunicaré todo lo que tengas que ordenar a los hijos de Israel.
La mesa de los panes
23»Construirás una mesa de madera de acacia de dos codos de largo, uno de ancho y uno y medio de alto.
²⁴ La recubrirás de oro puro y pondrás una moldura de oro alrededor;
²⁵ le harás un reborde de un palmo con una moldura de oro alrededor del mismo.
²⁶ Fundirás oro para cuatro anillas y las pondrás en los cuatro ángulos correspondientes a las cuatro patas.
²⁷ Las anillas irán bajo el reborde para introducir por ellas los varales y poder transportar la mesa.
²⁸ Harás los varales de madera de acacia y los recubrirás de oro; con ellos se transportará la mesa. 29»Fabricarás también las fuentes, las escudillas, los tazones y las jarras de libación; todo ello de oro puro.
³⁰ Y pondrás sobre la mesa los panes de la proposición que estarán siempre ante mí.
El candelabro de oro
31»Labrarás también un candelabro de oro puro; el candelabro, su pie y su fuste serán de oro macizo; sus cálices, corolas y flores formarán un cuerpo con él.
³² Seis brazos saldrán de sus lados, tres de un lado y tres de otro.
³³ El primer brazo tendrá tres cálices con forma de flor de almendro con corola y flor; también el segundo tendrá tres cálices con forma de flor de almendro con corola y flor; y así los seis brazos que salen del candelabro.
³⁴ El candelabro tendrá cuatro cálices con forma de flor de almendro con corola y flor:
³⁵ un cáliz debajo de los dos primeros brazos formando un solo cuerpo; otro debajo de los dos siguientes y otro debajo de los dos últimos; así serán iguales los seis brazos que salen del candelabro.
³⁶ Los cálices y los brazos formarán un solo cuerpo con el candelabro y todo será de oro puro macizo. 37»Fabricarás también siete lámparas y las colocarás sobre el candelabro de forma que iluminen de frente;
³⁸ sus despabiladeras y sus platillos serán de oro puro.
³⁹ Se empleará un talento de oro puro para hacer el candelabro con todos sus utensilios.
⁴⁰ Fíjate y hazlo según el modelo que se te ha mostrado en la montaña.
Capítulo 26
El Tabernáculo
1»Construirás el Tabernáculo con diez tapices de lino torzal, de púrpura violácea, púrpura escarlata y carmesí, y con querubines artísticamente bordados en ellos.
² La longitud de cada tapiz será de veintiocho codos y la anchura de cuatro, todos de la misma medida.
³ Cinco tapices estarán unidos uno con otro y lo mismo los otros cinco.
⁴ Harás unos lazos de púrpura violácea en el borde del tapiz final de la primera serie y otros tantos en el borde del que remata la segunda serie.
⁵ Pondrás cincuenta lazos en el primer tapiz y otros cincuenta en el que remata la segunda serie, de modo que se correspondan unos con otros.
⁶ Harás cincuenta broches de oro y unirás los tapices uno con otro, de modo que el Tabernáculo forme un todo. 7»Tejerás también tapices de pelo de cabra en forma de tienda para el Tabernáculo; serán en total once.
⁸ La longitud de cada tapiz será de treinta codos y la anchura de cuatro; los once tapices de la misma medida.
⁹ Empalmarás cinco de los tapices en una parte y los seis restantes en otra, y doblarás el sexto en la parte delantera de la tienda.
¹⁰ Pondrás cincuenta lazos en el borde del tapiz que remata la primera serie y otros cincuenta en el borde del que remata la segunda.
¹¹ Fabricarás cincuenta broches de bronce por los que harás pasar los lazos, uniendo así la tienda de modo que forme un todo.
¹² De la parte sobrante de los tapices de la tienda, la mitad colgará por la parte posterior del Tabernáculo;
¹³ y el codo sobrante a todo lo largo de la tienda, a uno y otro lado; se extenderá a ambos lados del Tabernáculo para cubrirlo. 14»Harás también para la Tienda una cubierta de pieles de carnero, teñidas de rojo y una sobrecubierta de pieles selectas.
Armazón del Tabernáculo
15»Harás también para el Tabernáculo unos tablones de madera de acacia y los pondrás de pie.
¹⁶ La longitud de cada tablón será de diez codos y la anchura de codo y medio.
¹⁷ Cada uno tendrá dos espigones paralelos para ensamblarse; los tendrán todos los tablones del Tabernáculo.
¹⁸ De los tablones para el Tabernáculo, colocarás veinte en el flanco del Négueb, hacia el sur;
¹⁹ harás cuarenta basas de plata donde apoyar los veinte tablones; dos basas para cada tablón, ensamblando sus dos espigones. 20»En el segundo flanco del Tabernáculo, hacia el norte, pondrás otros veinte tablones,
²¹ con sus cuarenta basas de plata: dos basas para cada tablón, ensamblando sus dos espigones.
²² En el lado posterior del Tabernáculo, al poniente, pondrás seis tablones,
²³ y otros dos en los ángulos posteriores del Tabernáculo. 24Éstos irán unidos desde abajo hasta arriba en una sola pieza, formando así los dos ángulos del Tabernáculo.
²⁵ Serán, pues, ocho tablones con sus dieciséis basas, dos debajo de cada tablón. 26»Harás también unos travesaños de madera de acacia: cinco para sujetar los tablones de un lado del Tabernáculo,
²⁷ cinco para los tablones del lado opuesto, y cinco para los del lado posterior, al poniente.
²⁸ El travesaño central, a media altura de los tablones, pasará de un extremo a otro.
²⁹ Recubrirás de oro los tablones y harás de oro las anillas por donde pasarán los travesaños; también éstos los recubrirás de oro. 30»Erigirás el Tabernáculo según el modelo que se te ha mostrado en la montaña.
El velo del Tabernáculo
31»Confeccionarás un velo de púrpura violácea, púrpura escarlata y carmesí, y de lino torzal, con querubines artísticamente bordados.
³² Lo colgarás de cuatro columnas de madera de acacia, recubiertas de oro y provistas de ganchos de oro; sus cuatro basas serán de plata.
³³ Colgarás el velo debajo de los corchetes, y detrás del velo introducirás el arca del Testimonio; así, el velo os servirá de separación entre el Santo y el Santo de los Santos. 34»Pondrás el Propiciatorio sobre el arca del Testimonio, en el Santo de los Santos.
³⁵ Colocarás la mesa fuera del velo, y enfrente el candelabro; éste al lado meridional del Tabernáculo y la mesa al lado norte.
La cortina de la entrada
36»Harás también una cortina para la entrada de la Tienda; será de púrpura violácea, púrpura escarlata y carmesí y de lino torzal, todo artísticamente recamado.
³⁷ Para esta cortina harás cinco columnas de madera de acacia, recubiertas de oro y provistas de ganchos de oro; fundirás para ellas cinco basas en bronce.
Capítulo 27
El altar de los sacrificios
1»Construirás el altar de madera de acacia, de cinco codos de largo y cinco codos de ancho; será cuadrado y tendrá tres codos de alto.
² Harás unos cuernos en las cuatro esquinas formando un solo cuerpo con el altar, y lo recubrirás de bronce.
³ Harás recipientes para la ceniza, paletas, calderos, trinchantes y badiles; todos estos utensilios serán de bronce.
⁴ Harás para el altar un enrejado de bronce en forma de red, colocando en sus cuatro extremos cuatro anillas también de bronce.
⁵ Lo sujetarás debajo del reborde del altar de modo que la red llegue hasta la mitad del altar.
⁶ Harás para el altar varales de madera de acacia y los recubrirás de bronce;
⁷ éstos se introducirán por las anillas, a ambos lados del altar, cuando haya que transportarlo.
⁸ Lo harás hueco, con tablas, según se te ha mostrado en la montaña.
El atrio del Tabernáculo
9»Levantarás también el atrio del Tabernáculo. Por el lado del Négueb, al sur, tendrá un cortinaje de lino torzal de una longitud de cien codos a lo largo de ese lado.
¹⁰ Sus veinte columnas y sus veinte basas serán de bronce; los ganchos de las columnas y sus aros, de plata.
¹¹ Lo mismo en el lado norte: habrá un cortinaje de cien codos de longitud, con veinte columnas y veinte basas de bronce; los ganchos de las columnas y sus aros, de plata.
¹² A lo ancho del atrio, en el lado occidental, habrá un cortinaje de cincuenta codos, con diez columnas y diez basas.
¹³ En el lado oriental la anchura será también de cincuenta codos;
¹⁴ en él habrá quince codos de cortinaje con sus columnas y sus basas desde un extremo;
¹⁵ y desde el otro extremo, también quince codos de cortinaje con sus columnas y sus basas.
¹⁶ A la entrada del atrio habrá una cortina de veinte codos de púrpura violácea, púrpura escarlata y carmesí, y lino torzal, artísticamente recamada con sus cuatro columnas y sus cuatro basas.
¹⁷ Todas las columnas que rodean el atrio tendrán aros de plata, sus ganchos serán también de plata y sus basas de bronce. 18»La longitud del atrio será de cien codos, la anchura de cincuenta por ambos lados y la altura de cinco codos; todo de lino torzal, y las basas de bronce.
¹⁹ Todos los utensilios del Tabernáculo para todos los servicios con todos sus clavos y todos los clavos del atrio serán de bronce.
El aceite de las lámparas
20»Ordenarás además a los hijos de Israel que traigan aceite puro de oliva molida para alimentar permanentemente las lámparas.
²¹ Aarón y sus hijos las mantendrán a punto para que ardan de la noche a la mañana delante del Señor, en la Tienda de la Reunión, fuera del velo que cuelga delante del Testimonio. »Es ley perpetua para los hijos de Israel, de generación en generación.
Capítulo 28
Los ornamentos sacerdotales
1»Haz venir junto a ti de entre los hijos de Israel a Aarón, tu hermano, y a sus hijos para que ejerzan mi sacerdocio: Aarón, Nadab, Abihú e Itamar, hijos de Aarón.
² Harás vestiduras sagradas para Aarón, tu hermano, que expresen su gloria y esplendor.
³ Hablarás con todos los artistas a quienes he colmado de espíritu de sabiduría, y ellos confeccionarán las vestiduras de Aarón para que oficie el sacerdocio en mi honor. 4»Éstas son las vestiduras que han de hacer: un pectoral, un efod, un manto, una túnica bordada a cuadros, una tiara y una faja. Confeccionarán, pues, para Aarón, tu hermano, y para sus hijos, vestiduras sagradas para que oficien mi sacerdocio.
⁵ Se empleará oro, púrpura violácea, púrpura escarlata y carmesí, y lino fino.
El efod
6»
El efod
lo confeccionarán con oro, púrpura violácea, púrpura escarlata y carmesí, y lino torzal, artísticamente bordado.
⁷ Llevará dos hombreras para unir el efod en sus extremos.
⁸ El cinto, para ceñirlo por encima, formará una sola pieza con él y será del mismo tejido: oro, púrpura violácea, púrpura escarlata y carmesí, y lino torzal. 9»Tomarás dos piedras de ónice y grabarás sobre ellas los nombres de los hijos de Israel:
¹⁰ seis nombres en una piedra y seis en la otra, según el orden de nacimiento.
¹¹ Las tallarás como se tallan las piedras preciosas, grabarás los nombres de los hijos de Israel como se graban los sellos, y las encajarás en engarces de oro.
¹² Pondrás las dos piedras en las dos hombreras del efod, como piedras de memorial para los hijos de Israel. Así llevará Aarón sus nombres sobre las dos hombreras como memorial ante el Señor.
¹³ Harás engarces de oro,
¹⁴ y dos cadenillas de oro puro, trenzadas en forma de cordón; y las fijarás en los engarces.
El pectoral
15»Harás también el pectoral del juicio; lo harás artísticamente bordado como el efod: con oro, púrpura violácea, púrpura escarlata y carmesí, y lino torzal.
¹⁶ Será cuadrado y doble; de un palmo de largo y uno de ancho.
¹⁷ Lo adornarás con piedras preciosas, colocadas en cuatro filas: en la primera fila una sardónice, un topacio y una esmeralda;
¹⁸ en la segunda, un rubí, un zafiro y un diamante;
¹⁹ en la tercera, un ópalo, una ágata y una amatista;
²⁰ y en la cuarta fila, un crisólito, un ónice y un jaspe. Todas ellas irán encajadas en engarces de oro.
²¹ Las piedras serán doce como doce son los nombres de los hijos de Israel. Cada una llevará grabado, como se graban los sellos, el nombre de una de las doce tribus. 22»Harás para el pectoral cadenillas de oro puro, trenzadas a modo de cordones,
²³ y dos anillas de oro que pondrás en los dos extremos del pectoral.
²⁴ Pasarás los dos cordones de oro por las dos anillas de los extremos del pectoral,
²⁵ y los dos extremos de los cordones los unirás a los dos engarces y los fijarás en la parte delantera de las hombreras del efod.
²⁶ Harás otras dos anillas de oro y las fijarás en los extremos inferiores del pectoral, en el borde interior que toca con el efod.
²⁷ Harás otras dos anillas de oro y las fijarás en la parte inferior de las hombreras del efod, por delante, cerca de la juntura, por encima del cinto del efod.
²⁸ Se unirá el pectoral por sus anillas a las del efod con un cordón de púrpura violácea, de modo que el pectoral quede sobre el cinto del efod y no pueda desprenderse de él. 29»Aarón llevará los nombres de los hijos de Israel en el pectoral del juicio sobre su corazón cuando entre en el santuario, como memorial perpetuo ante el Señor.
³⁰ Pondrás en el efod del juicio los urim y los tummim para que estén sobre el corazón de Aarón cuando entre a la presencia del Señor. Así Aarón llevará constantemente sobre el corazón el juicio del Señor acerca de los hijos de Israel, cuando esté en la presencia del Señor.
El manto
31»Confeccionarás el manto del efod, todo él de púrpura violácea.
³² Tendrá en el centro una abertura para la cabeza; la abertura irá reforzada alrededor con un dobladillo, como el de las orlas, para que no se rasgue.
³³ En la parte inferior, en todo el vuelo del manto, pondrás granadas de púrpura violácea y púrpura escarlata y carmesí, y lino torzal; y entre ellas, también alrededor, campanillas de oro,
³⁴ alternando una campanilla de oro y una granada por todo el vuelo del manto. 35»Aarón se revestirá con él al oficiar; de este modo se oirá el tintineo al entrar en el santuario, en la presencia del Señor, y también al salir. Así no morirá.
La tiara
36»Fundirás una lámina de oro puro y grabarás, como se graba un sello, lo siguiente: «Consagrado al Señor».
³⁷ La sujetarás con un cordón de púrpura violácea, colocándola sobre la tiara, en la parte delantera.
³⁸ Estará, pues, sobre la frente de Aarón; así Aarón será portador de las culpas contra las cosas santas que los hijos de Israel puedan cometer al ofrecer los dones sagrados. La llevará siempre sobre la frente para que sean agradables ante el Señor.
³⁹ La túnica será de lino fino así como la tiara; el cinto estará artísticamente recamado.
Vestiduras sacerdotales
40»Para los hijos de Aarón confeccionarás túnicas y cinturones; y les prepararás tiaras que expresen su gloria y esplendor.
⁴¹ Con estas vestiduras revestirás a Aarón, tu hermano, y a sus hijos; los ungirás, los investirás y los santificarás para que sean sacerdotes en mi honor.
⁴² Les harás también calzones de lino para cubrir su desnudez desde la cintura a los muslos. 43»Aarón y sus hijos los llevarán puestos cuando entren en la Tienda de la Reunión o cuando se acerquen al altar para ser ministros en el Santo. Así no incurrirán en culpa y no morirán. »Es ley perpetua para Aarón y para sus generaciones.
Capítulo 29
Consagración de los sacerdotes
1»Éste es el rito que has de seguir para consagrar a los sacerdotes en mi honor. »Toma un novillo y dos carneros sin defecto,
² pan ácimo, tortas sin levadura amasadas con aceite y panes sin levadura untados en aceite; todo ello hecho con flor de harina.
³ Lo pondrás todo en un cesto y lo ofrecerás a la vez que el novillo y los dos carneros.
⁴ Mandarás que Aarón y sus hijos se acerquen a la puerta de la Tienda de la Reunión y les harás lavarse con agua.
⁵ Después, tomando las vestiduras, revestirás a Aarón con la túnica, el manto del efod, el efod y el pectoral, y le ceñirás con el cinto del efod.
⁶ Pondrás sobre su cabeza la tiara, y en la tiara la lámina santa.
⁷ Tomarás luego el aceite de la unción y lo derramarás sobre su cabeza para ungirlo. 8»A continuación mandarás que se acerquen sus hijos y los revestirás con las túnicas,
⁹ les ceñirás con los cinturones y les pondrás las tiaras. A ellos pertenece el sacerdocio por ley perpetua. Así investirás a Aarón y a sus hijos.
Sacrificios de consagración
¹⁰ »Mandarás traer el novillo ante la Tienda de la Reunión. Aarón y sus hijos impondrán sus manos sobre la cabeza del novillo.
¹¹ Luego lo inmolarás ante el Señor a la puerta de la Tienda de la Reunión;
¹² y tomando la sangre del novillo, untarás con tu dedo los cuernos del altar y derramarás toda la sangre al pie del altar.
¹³ Tomarás después toda la grasa que cubre las entrañas, toda la demás que cubre el hígado y los dos riñones con la grasa que hay sobre ellos, y lo pondrás a arder sobre el altar;
¹⁴ pero la carne del novillo, su piel y sus excrementos, los quemarás fuera del campamento. Es un sacrificio por el pecado. 15»Luego tomarás uno de los carneros. Aarón y sus hijos impondrán las manos sobre su cabeza.
¹⁶ Inmolarás el carnero y, tomando su sangre, la derramarán en torno al altar.
¹⁷ Descuartizarás después el carnero en trozos, lavarás sus entrañas y sus patas, las colocarás sobre los trozos y sobre la cabeza;
¹⁸ y pondrás a arder todo el carnero sobre el altar. Es un holocausto en honor del Señor, una ofrenda consumida, de suave aroma en honor del Señor.
¹⁹ »Luego tomarás el segundo carnero. Aarón y sus hijos impondrán las manos sobre su cabeza.
²⁰ Inmolarás el carnero y, tomando su sangre, untarás con ella el lóbulo de la oreja derecha de Aarón y el de sus hijos, y también el dedo pulgar de la mano derecha y del pie derecho; y derramarás la sangre restante en torno al altar.
²¹ Tomarás después sangre de la que hay sobre el altar y óleo de la unción, y ungirás a Aarón y sus vestiduras, a sus hijos y las vestiduras de sus hijos; así quedarán consagrados él y sus hijos, y las vestiduras de ambos. 22»A continuación, tomarás del carnero la grasa y la cola, la grasa que cubre las entrañas, toda la demás que cubre el hígado, los dos riñones con la grasa que hay sobre ellos y la pierna derecha. Es el carnero de la consagración.
²³ Del cesto de panes ácimos que están ante el Señor, tomarás un pan, una torta amasada con aceite y una oblea,
²⁴ y los pondrás sobre las manos de Aarón y las de sus hijos para que las balanceen ritualmente ante el Señor.
²⁵ Los recibirás de nuevo de sus manos y los pondrás a arder en el altar sobre el holocausto; es suave aroma en presencia del Señor, una ofrenda consumida en honor del Señor.
²⁶ »Tomarás el pecho del carnero de la consagración de Aarón y lo balancearás ritualmente ante el Señor. Esa será tu porción.
²⁷ Consagrarás el pecho balanceado ritualmente y la pierna reservada ritualmente, es decir, lo que ha sido balanceado y reservado del carnero de la investidura de Aarón y de sus hijos.
²⁸ Por ley perpetua esta porción, recibida de los hijos de Israel, será para Aarón y para sus hijos, pues es ofrenda reservada. En los sacrificios de comunión de los hijos de Israel habrá ofrenda reservada; es su ofrenda reservada para el Señor. 29»Las vestiduras sagradas de Aarón pasarán a sus descendientes para ser con ellas ungidos y consagrados.
³⁰ Durante siete días los vestirá aquel de sus hijos que le suceda y entre en la Tienda de la Reunión para oficiar en el santuario.
Banquete sacrificial
31»Después tomarás el carnero de la consagración y cocerás su carne en lugar santo;
³² Aarón y sus hijos comerán esa carne con el pan del cesto a la entrada de la Tienda de la Reunión.
³³ Comerán lo que ha servido de expiación al investirlos y consagrarlos; ningún profano podrá comerlo, porque es porción sagrada.
³⁴ Si sobra algo de la carne de la consagración o del pan hasta el día siguiente, lo quemarás. No podrá comerse porque es porción sagrada.
Consagración del altar
35»Harás, pues, con Aarón y con sus hijos conforme a cuanto te he ordenado. Siete días durará la consagración. 36»Cada día ofrecerás sobre el altar un novillo como sacrificio por el pecado, como expiación; purificarás el altar con este sacrificio por el pecado, luego lo ungirás para consagrarlo.
³⁷ Durante siete días harás la expiación y la consagración del altar. Así el altar será algo santísimo y cuanto lo toque quedará santificado.
Sacrificios cotidianos
38»He aquí lo que has de ofrecer sobre el altar: cada día y de modo perpetuo dos corderos de un año.
³⁹ El uno lo ofrecerás por la mañana y el otro al atardecer.
⁴⁰ Con el primero ofrecerás un décimo de flor de harina, un cuarto de hin de aceite de oliva molida y una libación de un cuarto de hin de vino.
⁴¹ El segundo cordero lo ofrecerás al atardecer con una ofrenda y una libación como las de la mañana; es suave aroma y ofrenda consumida en honor del Señor. 42»Es holocausto perpetuo que se hará de generación en generación ante el Señor a la puerta de la Tienda de la Reunión; allí me reuniré con vosotros para hablaros.
⁴³ Me reuniré con los hijos de Israel en ese lugar que quedará consagrado con mi gloria.
⁴⁴ Consagraré la Tienda de la Reunión y el altar; y a Aarón y a sus hijos los consagraré para que sean sacerdotes en mi honor.
⁴⁵ Habitaré en medio de los hijos de Israel y seré su Dios.
⁴⁶ Y reconocerán que yo soy el Señor, su Dios, que los saqué de la tierra de Egipto para habitar en medio de ellos. Yo, el Señor, su Dios.
Capítulo 30
El altar del incienso
1»Construirás un altar donde quemar incienso; lo harás de madera de acacia,
² de un codo de largo y un codo de ancho; será cuadrado y tendrá dos codos de alto; sus cuernos formarán un solo cuerpo con él.
³ Lo recubrirás de oro puro, tanto la parte superior como sus costados y sus cuernos; le harás alrededor una moldura de oro.
⁴ Debajo de la moldura, a ambos lados, pondrás dos anillas de oro y las colocarás en los dos lados para introducir por ellas los varales y poder así transportar el altar.
⁵ Harás los varales de madera de acacia y los recubrirás de oro. 6»Instalarás el altar delante del velo que oculta el arca del Testimonio, frente al Propiciatorio que cubre el Testimonio donde yo me encontraré contigo.
⁷ Aarón quemará sobre él incienso aromático; cada mañana lo quemará al preparar las lámparas,
⁸ y también al atardecer cuando las reavive; será el incienso perpetuo ante el Señor de generación en generación.
⁹ No ofreceréis sobre él incienso profano, ni holocaustos ni ofrendas, ni derramaréis sobre él libación alguna.
¹⁰ Aarón hará la expiación sobre los cuernos del altar una vez al año. Con la sangre del sacrificio expiatorio por el pecado, hará expiación sobre él una vez al año de generación en generación. »Este altar es cosa santísima para el Señor».
Aportación religiosa
¹¹ El Señor dijo a Moisés:
¹² —Cuando para hacer el censo hagas recuento de los hijos de Israel, cada uno, al ser inscrito, pagará al Señor el rescate de su propia persona para que no les sobrevenga ninguna plaga al ser inscrito.
¹³ Cada uno de los inscritos pagará medio siclo, según el siclo del santuario; cada siclo equivale a veinte guerah. Este medio siclo es lo reservado al Señor.
¹⁴ Todos los inscritos, de veinte años para arriba, pagarán lo reservado al Señor.
¹⁵ Al entregar el tributo reservado al Señor como tributo de su persona, ni el rico pagará más del medio siclo, ni el pobre menos.
¹⁶ Percibirás de los hijos de Israel el dinero de los tributos y lo destinarás al servicio de la Tienda de la Reunión. Así será para los hijos de Israel memorial ante el Señor por el rescate de sí mismos.
La pila de bronce
¹⁷ El Señor dijo a Moisés:
¹⁸ —Fundirás una pila de bronce, con su basa también de bronce, para las abluciones. La colocarás entre la Tienda de la Reunión y el altar; y pondrás agua en ella
¹⁹ para que Aarón y sus hijos se laven las manos y los pies.
²⁰ Antes de entrar en la Tienda de la Reunión se lavarán con esta agua para que no mueran; y lo mismo cuando se acerquen al altar para el servicio de quemar las ofrendas consumidas en honor del Señor.
²¹ Se lavarán, pues, las manos y los pies para que no mueran. »Es ley perpetua para ellos, para Aarón y sus generaciones, de generación en generación.
El óleo de la unción
²² El Señor dijo a Moisés:
²³ —Provéete de perfumes de primera calidad: de mirra pura, quinientos siclos; de cinamomo, la mitad: doscientos cincuenta siclos; de caña aromática, otros doscientos cincuenta;
²⁴ de casia, quinientos, según el siclo del santuario; y un hin de aceite de oliva.
²⁵ Con todo ello elaborarás el óleo de la unción sagrada; perfume preparado con arte de perfumistas es el óleo de la unción sagrada del Señor.
²⁶ Con él ungirás la Tienda de la Reunión y el arca del Testimonio,
²⁷ la mesa con todos sus utensilios y el candelabro con sus utensilios, el altar del incienso
²⁸ y el altar de los holocaustos con todos sus utensilios, la pila y su basa.
²⁹ Así los consagrarás y serán cosa santísima. Todo el que se acerque a ellos quedará consagrado. 30»Ungirás también a Aarón y a sus hijos y los consagrarás para que sean sacerdotes en mi honor.
³¹ Y dirás a los hijos de Israel: éste será el óleo de la unción santa de generación en generación.
³² No se derramará sobre ningún otro hombre ni haréis otro ungüento con una composición parecida. Es cosa sagrada y como sagrado lo habéis de tener.
³³ Cualquiera que elabore algo similar o lo derrame sobre un profano, será extirpado de su pueblo.
El incienso
³⁴ Dijo el Señor a Moisés: —Provéete de los siguientes aromas: estacte, uña olorosa, gálbano, especies aromáticas e incienso puro; todo ello a partes iguales.
³⁵ Prepararás con ello un incienso aromático, elaborado con arte de perfumista, sazonado con sal; será puro y santo.
³⁶ Una parte, que habrás triturado en polvo finísimo, la colocarás ante el Testimonio en la Tienda de la Reunión donde yo me reuniré contigo. Será para vosotros cosa santísima.
³⁷ El incienso
hecho según esta composición no será para uso privado. Será para ti cosa santa, consagrada al Señor.
³⁸ Cualquiera que prepare algo semejante para aspirar su perfume, será extirpado de su pueblo.
Capítulo 31
Los artesanos del Santuario
¹ El Señor dijo a Moisés:
² —Mira, he llamado por su nombre a Besalel, hijo de Urí, hijo de Jur, de la tribu de Judá,
³ y le he llenado del espíritu de Dios dotándole de sabiduría, inteligencia y experiencia en toda clase de trabajos
⁴ para idear y realizar proyectos en oro, plata y bronce;
⁵ para labrar piedras de engaste, para tallar madera y realizar cualquier tarea.
⁶ Yo mismo le he dado como ayudante a Oholiab, hijo de Ajisamac, de la tribu de Dan; además, en el corazón de todo artesano he infundido sabiduría para que pueda realizar todo lo que te he ordenado:
⁷ la Tienda de la Reunión, el arca del Testimonio, el Propiciatorio que la cubre y todos los utensilios de la Tienda;
⁸ la mesa con sus utensilios, el candelabro precioso con todos sus utensilios y el altar del incienso;
⁹ el altar de los holocaustos con sus utensilios, la pila y su basa;
¹⁰ las vestiduras de ceremonia, las vestiduras sagradas del sacerdote Aarón y las de sus hijos para el ministerio sacerdotal;
¹¹ el óleo de la unción y el incienso aromático para el santuario. Todo deben hacerlo según te he ordenado.
Descanso del sábado
¹² El Señor dijo a Moisés:
¹³ —Di a los hijos de Israel: «Ante todo guardaréis mis sábados, porque el sábado es una señal entre vosotros y yo de generación en generación, para que sepáis que yo soy el Señor que os santifica.
¹⁴ Guardaréis, pues, el sábado, porque es sagrado para vosotros; el que lo profane, deberá morir sin remedio; todo el que haga algún trabajo en sábado será extirpado de en medio de su pueblo.
¹⁵ Seis días se trabajará, pero el día séptimo será día de descanso completo, consagrado al Señor; todo el que haga algún trabajo en sábado deberá morir.
¹⁶ Los hijos de Israel guardarán el sábado celebrándolo de generación en generación como alianza perpetua.
¹⁷ Entre yo y los hijos de Israel será una señal perpetua, porque en seis días hizo el Señor los cielos y la tierra y el día séptimo concluyó y descansó». Las Tablas de la Ley
¹⁸ Cuando el Señor acabó de hablar con Moisés en el monte Sinaí, le dio las dos tablas del Testimonio, las tablas de piedra, escritas por el dedo de Dios.
Capítulo 32
XI. APOSTASÍA DEL PUEBLO
El becerro de oro
¹ El pueblo, viendo que Moisés tardaba en bajar del monte, se congregó en torno a Aarón y le dijeron: —Anda, haznos un dios que vaya delante de nosotros, pues de ese Moisés que nos sacó del país de Egipto no sabemos qué ha sido de él.
² Aarón les respondió: —Quitad los pendientes de oro de las orejas de vuestras mujeres, de vuestros hijos y de vuestras hijas, y traédmelos.
³ Todo el pueblo se quitó los pendientes de oro de sus orejas y los entregaron a Aarón. 4Él los recibió de sus manos, los moldeó con un cincel y, fundiéndolos, hizo un becerro. Ellos exclamaron: —Éste es tu dios, Israel, el que te ha sacado del país de Egipto.
⁵ Aarón, al verlo, edificó un altar ante él y proclamó: —Mañana habrá fiesta en honor del Señor.
⁶ Al día siguiente se levantaron temprano, ofrecieron holocaustos y presentaron sacrificios de comunión. Después el pueblo se sentó a comer y a beber, y luego se levantaron para divertirse.
La cólera del Señor
⁷ Entonces el Señor dijo a Moisés: —Anda, baja porque se ha pervertido tu pueblo, el que sacaste del país de Egipto.
⁸ Pronto se han apartado del camino que les había ordenado. Se han hecho un becerro fundido y se han postrado ante él; le han ofrecido sacrificios y han exclamado: «Éste es tu dios, Israel, el que te ha sacado del país de Egipto».
⁹ Y dijo el Señor a Moisés: —Ya veo que este pueblo es un pueblo de dura cerviz.
¹⁰ Ahora, deja que se inflame mi cólera contra ellos hasta consumirlos; de ti, en cambio, haré un gran pueblo.
Intercesión de Moisés
¹¹ Moisés entonces suplicó al Señor, su Dios, diciendo: —¿Por qué, Señor, ha de inflamarse tu cólera contra tu pueblo, al que has sacado del país de Egipto con gran poder y mano fuerte?
¹² ¿Por qué dar pie a que digan los egipcios: «Por malicia los ha sacado para matarlos entre las montañas y exterminarlos de la faz de la tierra»? Aplaca el furor de tu cólera y renuncia al mal con que amenazas a tu pueblo.
¹³ Acuérdate de Abrahán, de Isaac y de Israel, tus siervos, a quienes juraste por ti mismo diciendo: «Multiplicaré vuestra descendencia como las estrellas del cielo; y toda esta tierra que os he prometido se la daré a vuestra descendencia, para que la posean en herencia, para siempre».
¹⁴ El Señor renunció al mal que había anunciado hacer contra su pueblo.
Destrucción del becerro de oro
¹⁵ Se volvió Moisés y bajó del monte con las dos tablas del Testimonio en su mano; tablas escritas por ambos lados, escritas en una y otra cara.
¹⁶ Las tablas eran obra de Dios y su escritura, escritura de Dios, grabada en ellas.
¹⁷ Cuando Josué oyó el intenso griterío del pueblo, dijo a Moisés: —Hay voces de guerra en el campamento.
¹⁸ Moisés respondió: —No es clamor de quien grita: ¡victoria! No es clamor de quien grita: ¡derrota! Clamores de cantos rituales es lo que percibo.
¹⁹ Cuando Moisés se acercó al campamento y vio el becerro y las danzas, se inflamó su cólera y arrojó las tablas de su mano, destrozándolas al pie del monte.
²⁰ Luego tomó el becerro que habían hecho, lo puso al fuego y lo trituró hasta reducirlo a polvo; después lo esparció en agua y se la dio a beber a los hijos de Israel.
²¹ Y dijo Moisés a Aarón: —¿Qué te ha hecho este pueblo para que le hayas acarreado tan grave pecado?
²² Respondió Aarón: —No se inflame la cólera de mi señor; tú conoces que este pueblo está inclinado al mal.
²³ Me dijeron: «Haznos un dios que vaya delante de nosotros, pues de ese Moisés que nos sacó del país de Egipto, no sabemos qué ha sido de él».
²⁴ Yo les dije: «¿Quién tiene oro?». Ellos se desprendieron de él y me lo dieron; lo eché al fuego y salió este becerro.
Intervención de los levitas
²⁵ Al ver Moisés al pueblo descuidado, ya que Aarón les había inducido al abandono hasta llegar a ser objeto de burla entre sus enemigos,
²⁶ se plantó a la puerta del campamento y exclamó: —¡Quien esté de parte del Señor que se una a mí! Y se le unieron todos los hijos de Leví.
²⁷ Y añadió: —Así dice el Señor Dios de Israel: «Cíñase cada uno la espada al costado; pasad una y otra vez por el campamento de puerta en puerta, y que cada uno dé muerte incluso a su hermano, a su amigo o a su pariente».
²⁸ Los hijos de Leví hicieron lo mandado por Moisés; aquel día cayeron unos tres mil hombres del pueblo.
²⁹ Y Moisés dijo: —Hoy habéis consagrado vuestras manos en honor del Señor al enfrentarse cada uno incluso contra su hijo o contra su hermano; hoy el Señor os da su bendición.
Nueva intercesión de Moisés
³⁰ Al día siguiente Moisés dijo al pueblo: —Habéis cometido un pecado gravísimo, pero subiré hasta el Señor; quizá obtenga el perdón de vuestro pecado.
³¹ Volvió, pues, Moisés hasta el Señor y dijo: —¡Ay! Este pueblo ha cometido un pecado gravísimo, haciéndose un dios de oro.
³² Ahora bien, si les perdonaras su pecado… Si no, bórrame a mí del libro que tú has escrito.
³³ El Señor respondió: —Al que ha pecado contra mí es al que borraré de mi libro.
³⁴ Ahora, ve y conduce al pueblo adonde te he indicado; he aquí que mi ángel irá delante de ti; el día de mi visita les pediré cuentas de su pecado.
³⁵ Y el Señor castigó al pueblo por el becerro de oro que había hecho Aarón.
Capítulo 33
Orden de partida. El ángel acompañará al pueblo
¹ Dijo el Señor a Moisés: —Anda, parte de aquí, tú y el pueblo que sacaste del país de Egipto, hacia la tierra que prometí con juramento a Abrahán, a Isaac y a Jacob, diciendo: «A tu descendencia se la daré».
² Enviaré delante de ti un ángel y expulsaré al cananeo, al amorreo, al hitita, al perezeo, al jeveo y al jebuseo;
³ sube hacia la tierra que mana leche y miel. Yo no subiré contigo, porque eres un pueblo de dura cerviz; no sea que tenga que destruirte en el camino.
⁴ Al oír estas duras palabras, el pueblo hizo duelo y nadie se atavió con sus adornos.
⁵ Dijo entonces el Señor a Moisés: —Di a los hijos de Israel: Vosotros sois un pueblo de dura cerviz; si yo caminara contigo un solo instante, te exterminaría. Ahora quítate tus adornos y veré qué hago contigo.
⁶ Los hijos de Israel se despojaron de sus adornos desde el monte Horeb.
La Tienda de la Reunión
⁷ Moisés levantó la Tienda y la plantó fuera del campamento, a cierta distancia, y la llamó Tienda de la Reunión. Y así todo el que quería consultar al Señor, salía hacia la Tienda de la Reunión que estaba fuera del campamento.
⁸ Cuando Moisés salía hacia la Tienda de la Reunión, todo el pueblo se levantaba y permanecía en pie a la puerta de su tienda y le seguían con la vista hasta que entraba en la Tienda.
⁹ Y cuando Moisés entraba en la Tienda, descendía la columna de nube y se detenía a la puerta de la Tienda mientras el Señor hablaba con Moisés.
¹⁰ Todo el pueblo, cuando veía la columna de nube detenida a la puerta de la Tienda, se levantaba y cada uno se postraba junto a la puerta de su tienda.
¹¹ El Señor hablaba con Moisés cara a cara, como se habla con un amigo. Y cuando volvía al campamento el joven Josué, su ayudante, hijo de Nun, no se apartaba de la Tienda.
Oración de Moisés: Dios acompañará a su pueblo
¹² Moisés dijo al Señor: —Mira, tú me has dicho: «Haz subir a este pueblo»; pero no me has indicado a quién vas a enviar conmigo, a pesar de que me dices: «Yo te conozco por tu nombre, y tú has hallado gracia a mis ojos».
¹³ Ahora bien, si he hallado gracia a tus ojos, dame a conocer tus designios, para que llegue a conocerte y pueda hallar gracia a tus ojos. Considera que esta gente es tu pueblo.
¹⁴ El Señor respondió: —Yo mismo caminaré contigo y te daré el descanso.
¹⁵ Continuó Moisés: —Si no vienes tú mismo, no nos hagas partir de aquí;
¹⁶ pues ¿en qué se notará que tu pueblo y yo hemos hallado gracia a tus ojos, si tú no caminas con nosotros? Así, tu pueblo y yo nos distinguiremos de los demás pueblos que hay sobre la tierra.
¹⁷ El Señor dijo a Moisés: —Esta petición que me has dirigido también te la concederé, porque has hallado gracia a mis ojos y te conozco personalmente.
La visión de la gloria de Dios
¹⁸ Moisés exclamó: —Muéstrame tu gloria.
¹⁹ Y Él respondió: —Yo haré pasar todo mi esplendor ante ti, y ante ti proclamaré mi nombre —el Señor—, porque tengo misericordia de quien quiero y tengo compasión de quien quiero.
²⁰ Y añadió: —Pero no podrás ver mi rostro, pues ningún ser humano puede verlo y seguir viviendo.
²¹ Y continuó: —He ahí un lugar junto a mí; tú puedes situarte sobre la roca.
²² Cuando pase mi gloria, te colocaré en la hendidura de la roca y te cubriré con mi mano hasta que haya pasado.
²³ Luego retiraré mi mano y tú podrás ver mi espalda; pero mi rostro no se puede ver.
Capítulo 34
XII. RENOVACIÓN DE LA ALIANZA
¹ Dijo el Señor a Moisés: —Hazte tallar dos tablas de piedra como las primeras y escribiré sobre ellas las mismas palabras que había en las primeras que tú rompiste.
² Prepárate para mañana y sube temprano al monte Sinaí; permanece allí en la cima de la montaña.
³ Nadie subirá contigo ni aparecerá nadie en toda la montaña; ni siquiera el ganado menor o mayor pastará en la ladera de la montaña.
⁴ Así pues, Moisés talló dos tablas de piedra como las primeras, madrugó y subió temprano al monte Sinaí, como le había ordenado el Señor, llevando en su mano las dos tablas de piedra.
⁵ Descendió el Señor en la nube y se colocó junto a él e invocó el nombre del Señor.
Revelación de Dios
⁶ El Señor pasó delante de él proclamando: —Señor, Señor, Dios compasivo y misericordioso, lento a la cólera y rico en misericordia y fidelidad;
⁷ que mantiene su misericordia por mil generaciones, que perdona la culpa, el delito y el pecado, pero nada deja impune pues castiga la culpa de los padres en los hijos y en los hijos de los hijos hasta la tercera y cuarta generación.
⁸ Moisés, al instante, se postró en tierra y le adoró,
⁹ diciendo: —Señor mío, si he hallado gracia a tus ojos, camina, Señor, en medio de nosotros; cierto que éste es un pueblo de dura cerviz, pero tú, perdona nuestra culpa y nuestro pecado y recíbenos como heredad tuya.
La Alianza
¹⁰ El Señor le respondió: —He aquí que establezco una alianza: ante tu pueblo entero realizaré maravillas como nunca se han hecho en ningún país ni nación, de suerte que el pueblo que te rodea vea la obra de Dios, pues yo voy a realizar por medio de ti cosas que causen terror. 11»Guarda bien lo que hoy te ordeno; he aquí que yo expulsaré de tu presencia al amorreo, al cananeo, al hitita, al perezeo, al jeveo y al jebuseo.
¹² Cuida de no establecer pacto con los habitantes del país en el que vas a entrar, para que no sean como una trampa para ti.
¹³ Antes bien, destruiréis sus altares, derribaréis sus estelas y destrozaréis sus aserás.
Código Ritual
14»No te postrarás ante otros dioses, porque el Señor se llama «Dios celoso»; es un Dios celoso. 15»No establecerás alianza con los habitantes de ese país, no sea que cuando se prostituyan con sus dioses y les ofrezcan sacrificios, te inviten, y tú comas de su sacrificio.
¹⁶ No tomarás a sus hijas como esposas de tus hijos, no sea que cuando ellas se prostituyan con sus dioses, arrastren también a tus hijos a prostituirse con ellos. 17»No te harás dioses de metal fundido.
¹⁸ »Guardarás la fiesta de los Ácimos: durante siete días, como te he ordenado, comerás panes ácimos en el tiempo establecido del mes de Abib, porque en el mes de Abib saliste de Egipto. 19»Todo primer nacido es mío; y todo primer nacido macho de tu ganado, tanto del ganado mayor como del menor, es mío;
²⁰ pero el primer nacido del asno lo rescatarás con un cordero; si no lo rescatas, lo desnucarás. Al primogénito de tus hijos lo rescatarás; no te presentarás ante mí con las manos vacías.
²¹ »Seis días trabajarás, pero el día séptimo descansarás; descansarás incluso en tiempo de siembra o de siega.
²² »Celebrarás la fiesta de las Semanas, la de las primicias de la siega del trigo; y la fiesta de la Recolección al final del año. 23»Tres veces al año comparecerá todo varón ante el Señor, Dios de Israel.
²⁴ Pues cuando yo expulse a las naciones delante de ti y ensanche tus fronteras, nadie codiciará tus tierras mientras subes a presentarte ante el Señor, tu Dios, tres veces al año.
²⁵ »No inmolarás con pan fermentado la sangre de mi sacrificio. No guardarás hasta el día siguiente la víctima de la fiesta de Pascua.
²⁶ »Llevarás a la casa del Señor, tu Dios, lo mejor de las primicias de tu tierra. »No cocerás el cabrito en la leche de su madre.
²⁷ El Señor dijo a Moisés: —Escribe estas palabras, porque a tenor de ellas establezco alianza contigo y con Israel.
²⁸ Moisés estuvo allí con el Señor cuarenta días y cuarenta noches; no comió pan ni bebió agua, y escribió sobre las tablas las palabras de la alianza, los diez mandamientos.
El resplandor de Moisés
²⁹ Cuando Moisés bajó del monte, llevaba en su mano las tablas del Testimonio, pero no sabía que su rostro se había vuelto radiante por haber hablado con el Señor.
³⁰ Aarón y todos los hijos de Israel miraron a Moisés y al ver que su rostro se había vuelto radiante, temieron acercarse a él.
³¹ Entonces Moisés los llamó y Aarón y todos los jefes de la comunidad se volvieron hacia él y pudo hablarles.
³² Después se acercaron todos los hijos de Israel y él les ordenó todo lo que el Señor le había dicho en el monte Sinaí.
³³ Al terminar de hablar con ellos, Moisés se cubrió el rostro con un velo.
³⁴ Cuando Moisés entraba a la presencia del Señor para hablar con Él se quitaba el velo hasta que salía; y al salir, transmitía a los hijos de Israel lo que el Señor le había ordenado.
³⁵ Los hijos de Israel veían que el rostro de Moisés se había vuelto radiante; él volvía a cubrirse el rostro con el velo hasta que entraba para hablar con el Señor.
Capítulo 35
XIII. CONSTRUCCIÓN DEL SANTUARIO
Descanso sabático
¹ Moisés reunió a toda la asamblea de los hijos de Israel y les dijo: —Esto es lo que el Señor ha ordenado hacer:
² durante seis días trabajaréis, pero el día séptimo será para vosotros sagrado, día de descanso completo en honor del Señor. Todo el que haga algún trabajo en él morirá.
³ No haréis fuego en ninguno de vuestros poblados en día de sábado.
Generosidad en las ofrendas
⁴ Moisés dijo a toda la asamblea de los hijos de Israel: —Esto es lo que ha ordenado el Señor: «
⁵ Reservad para el Señor una ofrenda de vuestros bienes; que toda persona generosa de corazón reserve una ofrenda para el Señor: oro, plata y bronce,
⁶ púrpura violácea y púrpura escarlata y carmesí, lino torzal y pelo de cabra,
⁷ pieles de carnero teñidas de rojo, pieles selectas y maderas de acacia;
⁸ aceite para las lámparas, aromas para el óleo de la unción y para el incienso aromático;
⁹ piedras de ónice y piedras de engaste para el efod y el pectoral. 10»Que vengan todos los que sean más hábiles entre vosotros y ejecuten lo que ha ordenado el Señor:
¹¹ el Tabernáculo, la Tienda y su cubierta; los corchetes, los tablones, los travesaños, las columnas y las basas;
¹² el arca con sus varales; el Propiciatorio y el velo de separación;
¹³ la mesa con sus varales y todos sus utensilios; los panes de la proposición;
¹⁴ el candelabro para el alumbrado con sus utensilios y sus lámparas; el aceite para las lámparas;
¹⁵ el altar del incienso con sus varales; el óleo de la unción y el incienso aromático; la cortina de entrada de la puerta del Tabernáculo;
¹⁶ el altar de los holocaustos con el enrejado de bronce y sus varales y todos sus utensilios; la pila con su basa;
¹⁷ los cortinajes del atrio con sus postes y sus basas, la cortina de la puerta del atrio;
¹⁸ los clavos del Tabernáculo y los del atrio con sus cuerdas;
¹⁹ las vestiduras de ceremonia para oficiar en el santuario; las vestiduras sagradas del sacerdote Aarón y las de sus hijos para ejercer el sacerdocio».
²⁰ Entonces toda la comunidad de los hijos de Israel salió de la presencia de Moisés;
²¹ y aquellos a quienes les movía su corazón y les impulsaba su espíritu vinieron y trajeron la ofrenda del Señor para las obras de la Tienda de la Reunión, para el culto y para las vestiduras sagradas.
²² Vinieron hombres y mujeres: todos los de corazón generoso trajeron zarcillos, pendientes, anillos, brazaletes y toda clase de objetos de oro, presentando cada uno su oro como ofrenda balanceada ritualmente en honor del Señor.
²³ Todo el que poseía púrpura violácea, púrpura escarlata y carmesí, lino torzal, pelo de cabra, pieles de carnero teñidas de rojo y pieles selectas, las traían.
²⁴ Los que podían aportar plata y bronce, lo traían como ofrenda reservada al Señor; y lo mismo los que poseían madera de acacia para los diversos usos.
²⁵ Las mujeres más hábiles hilaron con sus manos y trajeron labores de púrpura violácea y púrpura escarlata y carmesí, y también lino torzal.
²⁶ Las mujeres con corazón bien dispuesto y con habilidad para ello tejieron el pelo de cabra.
²⁷ Los principales del pueblo trajeron piedras de ónice y piedras de engaste para el efod y el pectoral;
²⁸ perfumes y aceite para las lámparas, para el óleo de la unción y para el incienso aromático.
²⁹ Trajeron sus ofrendas todos los hombres y mujeres de corazón bien dispuesto para contribuir en los trabajos que, por medio de Moisés, el Señor había ordenado hacer. Así los hijos de Israel trajeron sus ofrendas voluntarias al Señor.
Capítulo 36
Elección de los artesanos
³⁰ Moisés dijo a los hijos de Israel: —Mirad, el Señor ha llamado por su nombre a Besalel, hijo de Urí, hijo de Jur, de la tribu de Judá;
³¹ le ha llenado de espíritu de Dios, dotándole de sabiduría, inteligencia y experiencia en toda clase de trabajos:
³² para idear y realizar proyectos en oro, plata y bronce;
³³ para labrar piedras de engaste, para tallar madera y realizar cualquier trabajo artístico.
³⁴ Además, a él y a Oholiab, hijo de Ajisamac, de la tribu de Dan, les ha puesto en su corazón el don de enseñar a otros, lo mismo que
³⁵ les ha llenado de sabiduría para realizar cualquier trabajo de escultura y de arte; para bordar en púrpura violácea y púrpura escarlata y carmesí, y en lino torzal; para idear y realizar toda clase de trabajos.
¹ Besalel, Oholiab y todos los hombres sabios en cuyo corazón el Señor había infundido sabiduría e inteligencia para saber realizar todas las obras destinadas al culto del santuario, realizaron todo de acuerdo con lo que había ordenado el Señor.
² Moisés llamó para realizarlo a Besalel, a Oholiab y a todos los hombres sabios en cuyo corazón el Señor había infundido sabiduría, a todos cuyo corazón les impulsaba a colaborar en el trabajo.
³ Ellos tomaron de Moisés las ofrendas reservadas que los hijos de Israel habían aportado para realizar las obras destinadas al culto del santuario. Mientras tanto, la gente seguía trayendo ofrendas voluntarias cada mañana.
⁴ Entonces los artesanos que realizaban las obras del santuario, dejaron cada uno el trabajo que realizaban y vinieron a Moisés
⁵ para decirle: —El pueblo sigue trayendo más de lo que se necesita para la ejecución del trabajo que el Señor ha ordenado hacer.
⁶ Entonces Moisés ordenó que se divulgara esto por el campamento: —Que nadie, ni hombre ni mujer, reserve ya más ofrendas para el santuario. Y el pueblo suspendió sus aportaciones,
⁷ pues lo reunido era suficiente para realizar las obras, y aún sobraba.
Construcción del Tabernáculo
⁸ Los artesanos más sabios entre los que participaban en las obras hicieron el Tabernáculo con diez tapices de lino torzal, de púrpura violácea, púrpura escarlata y carmesí, y con querubines artísticamente bordados en ellos.
⁹ La longitud de cada tapiz era de veintiocho codos y la anchura de cuatro, todos de la misma medida.
¹⁰ El artesano correspondiente unió cinco tapices uno con otro; y lo mismo los otros cinco.
¹¹ Hizo unos lazos de púrpura violácea en el borde del tapiz final de la primera serie y otros tantos en el borde del que remata la segunda serie.
¹² Puso cincuenta lazos en el primer tapiz y otros cincuenta en el que remata la segunda serie, correspondiéndose unos con otros.
¹³ Hizo cincuenta broches de oro y unió los tapices uno con otro, de modo que el Tabernáculo formara un todo.
¹⁴ Tejió también tapices de pelo de cabra en forma de tienda para el Tabernáculo. Hizo once tapices.
¹⁵ La longitud de cada tapiz era de treinta codos y la anchura de cuatro, los once tapices de la misma medida.
¹⁶ Empalmó cinco tapices en una parte y los seis restantes en otra.
¹⁷ Puso cincuenta lazos en el borde del tapiz que remata la primera serie y otros cincuenta en el borde del que remata la segunda.
¹⁸ Fabricó cincuenta broches de bronce, uniendo así la Tienda de modo que formara un todo.
¹⁹ Confeccionó también para la Tienda una cubierta de pieles de carnero teñidas de rojo y una sobrecubierta de pieles selectas.
El armazón del Tabernáculo
²⁰ Hizo también para el Tabernáculo unos tablones de madera de acacia y los puso de pie.
²¹ La longitud de cada tablón era de diez codos y la anchura de codo y medio.
²² Cada uno tenía para ensamblarse dos espigones paralelos; los tenían todos los tablones del Tabernáculo.
²³ De los tablones para el Tabernáculo, colocó veinte en el flanco del Négueb, hacia el sur.
²⁴ Hizo cuarenta basas de plata donde apoyar los veinte tablones; dos basas para cada tablón, ensamblando sus dos espigones.
²⁵ En el segundo flanco del Tabernáculo, hacia el norte, puso otros veinte tablones
²⁶ con sus cuarenta basas de plata: dos basas para cada tablón, ensamblando sus espigones.
²⁷ En el lado posterior del Tabernáculo, al poniente, puso seis tablones;
²⁸ y otros dos en los ángulos posteriores del Tabernáculo. 29Éstos iban unidos desde abajo hasta arriba en una sola pieza, formando así los dos ángulos del Tabernáculo.
³⁰ Eran, pues, ocho tablones con sus dieciséis basas, dos debajo de cada tablón.
³¹ Hizo también unos travesaños de madera de acacia: cinco para sujetar los tablones de un lado del Tabernáculo;
³² cinco para los tablones del lado opuesto, y cinco para los del lado posterior, al poniente.
³³ Hizo el travesaño central, a media altura de los tablones, de modo que pasara de un extremo a otro.
³⁴ Recubrió de oro los tablones y fabricó de oro las anillas por donde pasaban los travesaños; también éstos los recubrió de oro.
El velo del Tabernáculo
³⁵ Compuso el velo de púrpura violácea, púrpura escarlata y carmesí, y de lino torzal con querubines artísticamente bordados.
³⁶ Para colgarlo hizo cuatro columnas de madera de acacia recubiertas de oro y provistas de ganchos de oro; fundió para ellas cuatro basas de plata.
³⁷ Confeccionó también una cortina para la entrada de la Tienda, de púrpura violácea, de púrpura escarlata y carmesí, y de lino torzal, todo artísticamente recamado;
³⁸ y las cinco columnas con sus ganchos. Recubrió de oro sus capiteles y sus varillas y fundió sus cinco basas en bronce.
Capítulo 37
El Arca
¹ Besalel fabricó el arca con madera de acacia de dos codos y medio de largo, un codo y medio de ancho y uno y medio de alto.
² La revistió de oro puro por dentro y por fuera y puso alrededor de ella una moldura de oro.
³ Fundió oro para las cuatro anillas que puso en sus cuatro ángulos, dos a un lado y dos al lado opuesto.
⁴ Hizo también varales de madera de acacia y los recubrió de oro;
⁵ introdujo los varales por las anillas de los lados del arca para poder transportarla.
⁶ Hizo también un Propiciatorio de oro puro de dos codos y medio de largo, y un codo y medio de ancho.
⁷ Labró dos querubines de oro; los hizo de oro macizo para los dos extremos del Propiciatorio.
⁸ Puso cada querubín en un extremo formando un solo cuerpo con el Propiciatorio; los querubines estaban en los extremos.
⁹ Los querubines tenían las alas extendidas hacia arriba cubriendo con ellas el Propiciatorio, y sus rostros estaban uno frente a otro mirando al Propiciatorio.
La mesa de los panes
¹⁰ Construyó también la mesa de madera de acacia de dos codos de largo, uno de ancho y uno y medio de alto.
¹¹ La recubrió de oro puro y le puso una moldura de oro alrededor.
¹² Le hizo en torno a ella un reborde de un palmo con una moldura de oro alrededor del mismo.
¹³ Fundió oro para cuatro anillas y las puso en los cuatro ángulos correspondientes a las cuatro patas.
¹⁴ Las anillas iban bajo el reborde para introducir por ellas los varales y poder transportar la mesa.
¹⁵ Hizo los varales de madera de acacia y las recubrió de oro; con ellos se transportaba la mesa.
¹⁶ Fabricó también los utensilios que habían de estar sobre la mesa: las fuentes, las escudillas, los tazones y las jarras de libación; todo ello de oro puro.
El candelabro de oro
¹⁷ Labró también el candelabro de oro puro; hizo de oro macizo el candelabro, su pie y su fuste; sus cálices, corolas y flores formaban un cuerpo con él.
¹⁸ Seis brazos salían de sus lados, tres de un lado y tres de otro.
¹⁹ El primer brazo tenía tres cálices con forma de flor de almendro con corola y flor; también el segundo tenía tres cálices con forma de flor de almendro con corola y flor; y así los seis brazos que salían del candelabro.
²⁰ El candelabro tenía cuatro cálices con forma de flor de almendro con corola y flor:
²¹ un cáliz debajo de los dos primeros brazos, formando un solo cuerpo; otro debajo de los dos siguientes y otro debajo de los dos últimos; así eran iguales los seis brazos que arrancan del candelabro.
²² Los cálices y los brazos formaban un solo cuerpo con el candelabro y todo era de oro puro macizo.
²³ Hizo también las siete lámparas, las despabiladeras y los platillos; todo de oro puro.
²⁴ Empleó un talento de oro puro para hacer el candelabro con todos sus utensilios.
Capítulo 30
El altar del incienso
²⁵ Construyó también el altar del incienso, de madera de acacia, cuadrado, de un codo de largo y un codo de ancho, y de dos codos de alto; sus cuernos formaban un solo cuerpo con él.
²⁶ Lo recubrió de oro puro, tanto la parte superior como sus costados y sus cuernos; le hizo alrededor una moldura de oro.
²⁷ Debajo de la moldura, a ambos lados, puso dos anillas de oro y las colocó en los dos lados para introducir por ellas los varales y poder transportar el altar.
²⁸ Hizo los varales de madera de acacia y los recubrió de oro.
²⁹ Elaboró el óleo de la unción sagrada y el incienso aromático puro, preparado como lo hace un perfumista.
Capítulo 27
El altar de los sacrificios
¹ Construyó el altar de los holocaustos con madera de acacia, cuadrado, de cinco codos de largo y cinco codos de ancho, y de tres codos de alto.
² Colocó los cuernos en las cuatro esquinas formando un solo cuerpo con el altar, y lo recubrió de bronce.
³ Fabricó también todos los utensilios del altar: recipientes para la ceniza, paletas, calderos, trinchantes y badiles; todos estos utensilios eran de bronce.
⁴ Fundió para el altar un enrejado de bronce, en forma de red, y lo puso bajo el reborde del altar, de modo que la red llegaba hasta la mitad del altar.
⁵ Soldó cuatro anillas a los cuatro extremos del enrejado de bronce para introducir por ellas los varales.
⁶ Hizo los varales de madera de acacia y los recubrió de bronce;
⁷ luego los introdujo por las anillas colocadas a los lados del altar para transportarlo. Hizo el altar hueco y con tablas.
⁸ Construyó la pila de bronce, con su basa también de bronce, y con los espejos de las mujeres que servían a la puerta de la Tienda de la Reunión.
El atrio del santuario
⁹ Compuso también el atrio. Por el lado del Négueb, al sur, estaba el cortinaje del atrio, de lino torzal, de cien codos.
¹⁰ Sus veinte columnas y sus veinte basas eran de bronce; los ganchos de las columnas y sus aros, de plata.
¹¹ Por el lado norte había igualmente un cortinaje de cien codos; sus veinte columnas y sus veinte basas eran de bronce, los ganchos de las columnas y sus aros, de plata.
¹² Por el lado occidental había un cortinaje de cincuenta codos con diez columnas y diez basas; los ganchos de las columnas y sus aros eran de plata.
¹³ El lado oriental, al este, era de cincuenta codos;
¹⁴ en él había quince codos de cortinaje con tres columnas y tres basas, desde un extremo hasta la entrada.
¹⁵ Y desde el extremo opuesto —en el centro estaba la entrada del atrio— otros quince codos de cortinaje con tres columnas y tres basas.
¹⁶ Todo el cortinaje que rodeaba el atrio era de lino torzal.
¹⁷ Las basas de las columnas eran de bronce; sus ganchos y sus aros, de plata; los capiteles estaban revestidos de plata y todas las columnas del atrio tenían aros de plata.
¹⁸ La cortina de la entrada
del atrio estaba artísticamente recamada, de púrpura violácea y púrpura escarlata y carmesí, y de lino torzal; era de veinte codos de largo y cinco de alto, de la misma medida que el ancho del cortinaje del atrio.
¹⁹ Sus cuatro columnas y sus cuatro basas eran de bronce; los ganchos, de plata, los capiteles recubiertos de plata y las anillas también de plata.
²⁰ Todos los clavos del Tabernáculo y del atrio que lo rodea eran de bronce. Material empleado 21Éste es el cómputo de lo empleado en el Tabernáculo, el Tabernáculo del Testimonio, contabilizado a indicación de Moisés por los levitas bajo la dirección de Itamar, hijo del sacerdote Aarón.
²² Besalel, hijo de Urí, hijo de Jur, de la tribu de Judá realizó todo lo que el Señor había ordenado a Moisés,
²³ junto con Oholiab, hijo de Ajisamac, de la tribu de Dan, como artesano, perito y bordador en púrpura violácea, púrpura escarlata y carmesí, y lino torzal.
²⁴ Todo el oro empleado en las obras, en todas las obras del santuario, es decir el oro de la ofrenda, fue de veintinueve talentos y setecientos treinta siclos, en siclos del santuario.
²⁵ La plata entregada por los inscritos en el censo de la comunidad fue de cien talentos y mil setecientos setenta y cinco siclos, en siclos del santuario.
²⁶ Correspondía una becá, es decir, medio siclo, en siclos del santuario, por cada nombre de los inscritos en el censo, de veinte años para arriba; en total seiscientos tres mil quinientos cincuenta hombres.
²⁷ Los cien talentos de plata fueron empleados en la fundición de las cien columnas del santuario y sus basas, un talento por columna.
²⁸ Con los mil setecientos setenta y cinco siclos hizo los ganchos de las columnas, recubrió sus capiteles y fijó las anillas.
²⁹ El bronce de la ofrenda fue de setenta talentos y dos mil cuatrocientos siclos.
³⁰ Con él hizo las basas de la entrada de la Tienda de la Reunión, el altar de bronce y su rejilla, y todos los utensilios del altar;
³¹ hizo además las basas del recinto del atrio, las basas de la entrada del atrio, todos los clavos del santuario y los del recinto del atrio.
Capítulo 28
Los ornamentos sacerdotales
¹ Con la púrpura violácea, la púrpura escarlata y carmesí, y el lino torzal confeccionaron las vestiduras de ceremonia para el servicio del santuario, así como las vestiduras sagradas para Aarón, según había ordenado el Señor a Moisés.
El efod
² Hicieron, pues, el efod, de oro, de púrpura violácea, púrpura escarlata y carmesí, y lino torzal.
³ Prepararon láminas de batido y las cortaron en hilos para entretejerlos en recamado con la púrpura violácea, la púrpura escarlata y carmesí, y el lino torzal.
⁴ Le hicieron dos hombreras para unir el efod en sus extremos.
⁵ El cinto para ceñirlo formaba una sola pieza con él y era del mismo tejido: oro, púrpura violácea, púrpura escarlata y carmesí, y lino torzal, como había ordenado el Señor a Moisés.
⁶ Tallaron las dos piedras de ónice encajadas en engarces de oro, y grabaron en ellas, como se graban los sellos, los nombres de los hijos de Israel;
⁷ las pusieron en las dos hombreras del efod, como piedras que serían ante el Señor memorial de los hijos de Israel, como había ordenado el Señor a Moisés.
El pectoral
⁸ Confeccionó el pectoral artísticamente bordado como el efod: con oro, púrpura violácea, púrpura escarlata y carmesí, y lino torzal;
⁹ era cuadrado, pero doble, de un palmo de largo y uno de ancho.
¹⁰ Lo adornaron con piedras preciosas, colocadas en cuatro filas: en la primera fila una sardónice, un topacio y una esmeralda;
¹¹ en la segunda, un rubí, un zafiro y un diamante;
¹² en la tercera, un ópalo, una ágata y una amatista;
¹³ y en la cuarta fila, un crisólito, un ónice y un jaspe. Todas ellas iban encajadas en engarces de oro.
¹⁴ Las piedras eran doce como doce son los nombres de los hijos de Israel. Cada una llevaba grabado, como se graban los sellos, el nombre de cada una de las tribus.
¹⁵ Fabricaron para el pectoral cadenillas de oro puro, trenzadas a modo de cordones.
¹⁶ Hicieron dos engarces de oro y dos anillas de oro que pusieron en los dos extremos del pectoral.
¹⁷ Pasaron los dos cordones de oro por las dos anillas de los extremos del pectoral,
¹⁸ y los dos extremos de los cordones los unieron a los dos engarces y los fijaron en la parte delantera de las hombreras del efod.
¹⁹ Fabricaron otras dos anillas de oro y las fijaron en los extremos inferiores del pectoral, en el borde interior que toca con el efod.
²⁰ Hicieron otras dos anillas de oro y las fijaron en la parte inferior de las hombreras del efod, por delante, cerca de la juntura, por encima del cinto del efod.
²¹ Unieron el pectoral por sus anillas a las del efod con un cordón de púrpura violácea, de modo que el pectoral quedaba sobre el cinto del efod y no podía desprenderse de él, como había ordenado el Señor a Moisés.
El manto
²² Confeccionó el manto del efod, tejido, todo de púrpura violácea;
²³ tenía una abertura en el centro, como la de una dalmática, reforzada alrededor con un dobladillo para que no se rasgara.
²⁴ Hicieron en la parte inferior, en todo el vuelo del manto, granadas de púrpura violácea, púrpura escarlata y carmesí, y lino torzal;
²⁵ hicieron campanillas de oro puro y las pusieron entre las granadas en todo el vuelo del manto,
²⁶ alternando una campanilla y una granada alrededor de todo el vuelo del manto. Se usaba para oficiar, como había ordenado el Señor a Moisés.
Otros ornamentos
²⁷ Confeccionaron las túnicas de lino, tejidas para Aarón y sus hijos;
²⁸ la tiara de lino y los adornos de las tiaras de lino; y también los calzones de lino torzal;
²⁹ asimismo los cinturones de lino torzal, de púrpura violácea, púrpura escarlata y carmesí, artísticamente recamados, como había ordenado el Señor a Moisés.
La tiara
³⁰ Fundieron una lámina, la diadema sagrada, de oro puro, y grabaron en ella, como se graba un sello, lo siguiente: «Consagrado al Señor».
³¹ Sujetaron en ella un cordón de púrpura violácea, colocándola en la parte alta de la tiara, como había ordenado el Señor a Moisés.
³² Así se terminaron las obras del Tabernáculo y de la Tienda de la Reunión. Los hijos de Israel hicieron todo según había ordenado el Señor a Moisés. Así lo hicieron.
Entrega de las obras a Moisés
³³ Presentaron a Moisés el Tabernáculo, la Tienda y sus utensilios, los corchetes y los tablones, los travesaños, las columnas y las basas;
³⁴ la cubierta de pieles de carnero teñidas de rojo, la sobrecubierta de pieles selectas y el velo protector;
³⁵ el arca del Testimonio, sus varales y el Propiciatorio;
³⁶ la mesa con sus utensilios y los panes de la proposición;
³⁷ el candelabro con sus lámparas, es decir, las lámparas que se ponen en él, y todos sus utensilios junto con el aceite del alumbrado;
³⁸ el altar de oro, el óleo de la unción y el incienso aromático; la cortina de la entrada de la tienda;
³⁹ el altar de bronce con su enrejado de bronce, los varales y todos sus utensilios; la pila y su basa;
⁴⁰ el cortinaje del atrio, las columnas con sus basas; el tapiz para la entrada del atrio; las cuerdas y los clavos; y los demás utensilios para el servicio del Tabernáculo de la Tienda de la Reunión;
⁴¹ las vestiduras de ceremonia para oficiar en el santuario, las vestiduras sagradas del sacerdote Aarón y las de sus hijos para ejercer el sacerdocio.
⁴² Tal como había ordenado el Señor a Moisés, así realizaron los hijos de Israel todas las obras.
⁴³ Vio Moisés todo el trabajo y comprobó cómo lo habían realizado; tal como había ordenado el Señor, así lo habían hecho. Y Moisés los bendijo.
Capítulo 40
Consagración del Santuario
¹ Dijo el Señor a Moisés:
² —El día primero del primer mes erigirás el Tabernáculo de la Tienda de la Reunión;
³ pondrás en él el arca del Testimonio y la cubrirás con el velo.
⁴ Introducirás la mesa, disponiendo sobre ella lo que hay que disponer; introducirás el candelabro, poniendo sobre él las lámparas.
⁵ Instalarás el altar de oro para el incienso delante del arca del Testimonio y colocarás el tapiz a la puerta del Tabernáculo.
⁶ Instalarás el altar de los holocaustos delante de la puerta del Tabernáculo de la Tienda de la Reunión.
⁷ Colocarás la pila entre la Tienda de la Reunión y el altar, y echarás agua en ella.
⁸ Levantarás alrededor el atrio y colocarás la cortina de la entrada del atrio. 9»Tomarás el aceite de la unción y ungirás el Tabernáculo y todo lo que hay en él; lo consagrarás con todos sus utensilios y será cosa sagrada.
¹⁰ Ungirás el altar de los holocaustos con todos sus utensilios; lo consagrarás y el altar será cosa sacratísima.
¹¹ Ungirás la pila con su basa y la consagrarás. 12»Después harás que Aarón y sus hijos se acerquen a la puerta de la Tienda de la Reunión y los lavarás con agua.
¹³ Te ocuparás de que Aarón se revista con las vestiduras sagradas, le ungirás y le consagrarás para que ejerza el sacerdocio en mi honor.
¹⁴ Luego harás que se acerquen sus hijos; los vestirás con túnicas y
¹⁵ les ungirás como has ungido a su padre para que ejerzan el sacerdocio en mi honor. Esta unción les confiere el sacerdocio perpetuo de generación en generación.
Obediencia de Moisés
¹⁶ Moisés realizó todo; lo hizo conforme el Señor se lo había ordenado.
¹⁷ En el primer mes del año segundo, el día primero quedó erigido el Tabernáculo.
¹⁸ Moisés erigió el Tabernáculo, asentó las basas, puso los tablones con sus travesaños y levantó las columnas;
¹⁹ extendió la Tienda por encima del Tabernáculo y puso por encima de la Tienda la cubierta, como había ordenado el Señor a Moisés.
²⁰ Luego tomó el Testimonio y lo introdujo en el arca; colocó en ella los varales y puso el Propiciatorio en la parte superior del arca;
²¹ introdujo el arca en el Tabernáculo, colgó el velo de separación y de este modo quedó oculta el arca del Testimonio, como había ordenado el Señor a Moisés.
²² Instaló también la mesa en la Tienda de la Reunión, al lado norte del Tabernáculo, fuera del velo;
²³ y sobre ella colocó en orden los panes ante el Señor, como había ordenado el Señor a Moisés.
²⁴ Puso el candelabro en la Tienda de la Reunión, frente a la mesa, al lado sur del Tabernáculo;
²⁵ y colocó sobre él las lámparas ante el Señor, como había ordenado el Señor a Moisés.
²⁶ También instaló el altar de oro en la Tienda de la Reunión, delante del velo;
²⁷ y sobre él quemó el incienso aromático, como había ordenado el Señor a Moisés.
²⁸ Colocó la cortina a la entrada del Tabernáculo.
²⁹ Capítulo 27
El altar de los sacrificios
se puso a la entrada del Tabernáculo de la Tienda de la Reunión, y sobre él ofreció el holocausto y la ofrenda, como había ordenado el Señor a Moisés.
³⁰ Colocó la pila entre la Tienda de la Reunión y el altar y echó agua en ella para lavarse;
³¹ Moisés, Aarón y sus hijos se lavaron con ella las manos y los pies;
³² se lavaban cada vez que entraban en la Tienda de la Reunión o se acercaban al altar.
³³ Finalmente levantó el atrio alrededor del Tabernáculo y del altar, y puso la cortina a la entrada del atrio. Así terminó Moisés toda la obra.
Presencia del Señor en el Tabernáculo
³⁴ Entonces la nube cubrió la Tienda de la Reunión y la gloria del Señor llenó el Tabernáculo.
³⁵ Moisés no podía entrar en la Tienda de la Reunión, porque la nube moraba sobre ella y la gloria del Señor llenaba el Tabernáculo.
³⁶ En todas las etapas, cuando la nube se levantaba del Tabernáculo, los hijos de Israel se ponían en marcha.
³⁷ Si no se levantaba, no partían hasta que se levantara.
³⁸ Pues durante el día la nube del Señor se posaba sobre el Tabernáculo, y durante la noche el fuego se posaba a la vista de la casa de Israel. Así en todas las etapas