01 D - Libro del Génesis - Texto bíblico Gn 11,27-50,26

LIBRO DEL GÉNESIS

Gn 11,27-50,26

Continuación del Capítulo 11

SEGUNDA PARTE: ORIGEN Y FORMACIÓN DEL PUEBLO ELEGIDO

VI. FAMILIA E HISTORIA DE ABRAHÁN

 ²⁷ Ésta es la descendencia de Téraj: Téraj engendró a Abrán, Najor y Arán. Arán engendró a Lot.

²⁸ Arán murió antes que su padre Téraj, en su país natal, Ur de los caldeos.

²⁹ Abrán y Najor tomaron esposa. La mujer de Abrán se llamaba Saray; y la mujer de Najor, Milcá, hija de Arán, el padre de Milcá y de Yiscá.

³⁰ Saray era estéril; no tenía hijos.

³¹ Téraj tomó a su hijo Abrán, a su nieto Lot, hijo de Arán, y a su nuera Saray, la mujer de su hijo Abrán, y salieron juntos de Ur de los Caldeos, para ir a la tierra de Canaán. Llegaron hasta Jarán y se establecieron allí.

³² Los días de Téraj fueron doscientos cinco años; y murió en Jarán. 

Capítulo 12

Vocación de Abrán y promesa divina

¹ El Señor dijo a Abrán: —Vete de tu tierra y de tu patria y de casa de tu padre, a la tierra que yo te mostraré;

² de ti haré un gran pueblo, te bendeciré, y engrandeceré tu nombre que servirá de bendición.

³ Bendeciré a quienes te bendigan, y maldeciré a quienes te maldigan; en ti serán bendecidos todos los pueblos de la tierra.

⁴ Abrán se marchó tal como le había mandado el Señor, y con él fue Lot. Tenía Abrán setenta y cinco años cuando salió de Jarán. ⁵ Abrán llevó consigo a Saray, su mujer, y a Lot, su sobrino, con todos los bienes que había obtenido y la gente que había adquirido en Jarán. Salieron para ir a la tierra de Canaán, y llegaron a la tierra de Canaán.

⁶ Abrán atravesó la tierra de Canaán hasta el lugar sagrado de Siquem, hasta la encina de Moré. Los cananeos habitaban entonces en el país.

⁷ El Señor se manifestó a Abrán y le dijo: —A tu descendencia daré esta tierra. Abrán construyó allí un altar al Señor que se le había manifestado.

⁸ Desde allí pasó a la montaña al oriente de Betel, donde plantó la tienda, entre Betel a occidente y Ay a oriente; y construyó allí un altar al Señor e invocó el nombre del Señor.

⁹ Después Abrán reemprendió el viaje yendo, por etapas, al Négueb. 

Abrán en Egipto

¹⁰ Entonces sobrevino el hambre en el país, y Abrán bajó a Egipto a habitar allí porque el hambre apretaba en el país.

¹¹ Cuando estaba a punto de entrar en Egipto, le dijo a Saray, su mujer: —Mira, sé que eres mujer hermosa;

¹² en cuanto te vean los egipcios dirán: «Ésa es su mujer»; y me matarán a mí, y a ti te dejarán con vida.

¹³ Por favor, di que eres mi hermana para que me vaya bien gracias a ti, y con tu ayuda conserve la vida.

¹⁴ En efecto, cuando Abrán entró en Egipto, los egipcios vieron que la mujer era muy hermosa.

¹⁵ La vieron los ministros del faraón y la elogiaron ante el faraón; y la mujer fue llevada al palacio del faraón.

¹⁶ A Abrán le fue bien gracias a ella y obtuvo ovejas y vacas, asnos, esclavos y esclavas, asnas y camellos.

¹⁷ Pero el Señor hirió al faraón y a su casa con grandes plagas, debido a Saray mujer de Abrán.

¹⁸ Entonces el faraón llamó a Abrán y le dijo: —¿Qué es lo que me has hecho? ¿Por qué no me advertiste que era tu mujer?

¹⁹ ¿Por qué me dijiste que era tu hermana, dejando que yo la tomara por esposa? Pues ahora, ahí tienes a tu mujer, tómala y vete.

²⁰ Y el faraón dio órdenes a sus hombres para que les despidieran a él y a su mujer con todo lo que tenía. 

Capítulo 13

Abrán en Betel

¹ Abrán subió de Egipto al Négueb con su mujer y todo cuanto tenía, acompañado de Lot.

² Abrán era muy rico en ganado, plata y oro.

³ Fue viajando por etapas desde el Négueb hasta Betel, hasta el lugar en el que había puesto antes la tienda entre Betel y Ay,

⁴ el lugar en el que al principio había construido un altar y había invocado Abrán el nombre del Señor. ⁵ También Lot que iba con Abrán tenía ovejas, vacas, y tiendas;

⁶ pero la región no les permitía habitar juntos, porque tenían mucha hacienda y no había lugar para ambos.

⁷ Por eso surgieron disputas entre los pastores del ganado de Abrán y los pastores del ganado de Lot. Además, los cananeos y los perezeos habitaban entonces en el país. 

Separación de Abrán y Lot

⁸ Entonces Abrán dijo a Lot: —Por favor, no haya discordias entre tú y yo, entre mis pastores y los tuyos, ya que somos hermanos.

⁹ ¿No tienes todo el país ante ti? Sepárate de mí, te lo ruego; si vas a la izquierda, yo iré a la derecha; y si a la derecha, yo iré a la izquierda.

¹⁰ Lot alzó la vista y vio la vega entera del Jordán; toda ella hasta Soar era de regadío antes de que el Señor destruyera Sodoma y Gomorra, como el jardín del Señor, como el país de Egipto.

¹¹ Lot eligió para sí toda la vega del Jordán, y se dirigió al Oriente. Así se separaron el uno del otro.

¹² Abrán se estableció en tierra de Canaán, y Lot en las ciudades de la vega, ocupando las tierras hasta Sodoma.

¹³ Pero los habitantes de Sodoma eran perversos y pecadores empedernidos contra el Señor. 

Nueva promesa de Dios a Abrán

¹⁴ El Señor dijo a Abrán después de que Lot se separara de su lado: —Alza la vista desde el lugar en que estás y mira al norte, al sur, al este y al oeste.

¹⁵ Toda la tierra que ves te la daré a ti y a tu descendencia para siempre.

¹⁶ Haré a tu descendencia como el polvo de la tierra; si alguien puede contar el polvo de la tierra, también podrá contar tu descendencia.

¹⁷ Levántate y recorre el país a lo largo y a lo ancho, porque a ti te lo voy a dar.

¹⁸ Entonces Abrán levantó la tienda y fue a establecerse junto a la encina de Mambré que está en Hebrón, y allí construyó un altar al Señor. 

Capítulo 14

Apresamiento de Lot

¹ Sucedió en tiempos de Amrafel, rey de Sinar, Arioc, rey de Elasar, Quedorlaómer, rey de Elam, y Tidal, rey de Goim,

² que hicieron la guerra a Bera, rey de Sodoma, a Birsá, rey de Gomorra, a Sinab, rey de Admá, a Seméber, rey de Seboim, y al rey de Bela, es decir, de Soar.

³ Estos últimos se reunieron en el valle de Sidim, es decir, «el Mar de la Sal».

⁴ Durante doce años habían servido a Quedorlaómer, pero el año décimo tercero se rebelaron. ⁵ El año décimo cuarto vino Quedorlaómer con sus reyes aliados y derrotaron a los refaítas en Astarot–Carnaim, a los zuzitas en Am, a los emitas en Savé– Quiriataim

⁶ y a los joritas en las montañas de Seír, hasta El– Parán que está junto al desierto.

⁷ Luego volvieron y llegaron a En– Mispat, es decir, a Cadés, sometieron todo el territorio de los amalecitas y también a los amonitas que habitaban en Jasasón– Tamar.

⁸ Entonces salieron el rey de Sodoma y el de Gomorra, el rey de Admá, el rey de Seboim y el rey de Bela, es decir, de Soar, y presentaron batalla en el valle de Sidim

⁹ a Quedorlaómer, rey de Elam, a Tidal, rey de Goim, a Amrafel, rey de Sinar y a Arioc, rey de Elasar; cuatro reyes contra cinco.

¹⁰ En el valle de Sidim había muchos pozos de asfalto, y cuando huían los reyes de Sodoma y de Gomorra cayeron en ellos; los demás huyeron a la montaña.

¹¹ Se apoderaron de toda la riqueza de Sodoma y de Gomorra con todas sus provisiones, y se fueron.

¹² También se apoderaron de Lot, el sobrino de Abrán, y de sus riquezas —pues habitaba en Sodoma— y se fueron. 

Liberación de Lot

¹³ Vino un fugitivo y se lo contó a Abrán el hebreo, que acampaba junto a la encina de Mambré el amorreo, hermano de Escol y de Aner, ambos aliados de Abrán.

¹⁴ Cuando Abrán oyó que su sobrino había sido apresado, reunió a su gente, a los nacidos en su casa, en total, trescientos dieciocho, y salió en persecución hasta Dan.

¹⁵ Cayó con su gente sobre ellos por la noche y los derrotó. Luego los persiguió hasta Jobá, que está al norte de Damasco,

¹⁶ y recuperó todas las riquezas; también rescató a su sobrino Lot con sus riquezas, a las mujeres y a la gente. 

Encuentro con Melquisedec

¹⁷ Cuando Abrán volvía de derrotar a Quedorlaómer y a sus reyes aliados, el rey de Sodoma le salió al encuentro en el valle de Savé, es decir, «el valle del Rey».

¹⁸ Melquisedec, rey de Salem, que era sacerdote del Dios Altísimo, ofreció pan y vino,

¹⁹ y le bendijo diciendo: —Bendito sea Abrán por parte del Dios Altísimo, creador de cielo y tierra;

²⁰ y bendito sea el Dios Altísimo que puso a tus enemigos en tus manos. Y Abrán le dio el diezmo de todo.

²¹ Luego el rey de Sodoma dijo a Abrán: —Dame las personas y quédate con las riquezas.

²² Pero Abrán contestó al rey de Sodoma: —Alzo mi mano ante el Señor, el Dios Altísimo creador de cielo y tierra;

²³ no he de tomar ni un hilo, ni una correa de sandalia de cuanto te pertenece para que no digas: «Yo he enriquecido a Abrán»,

²⁴ a excepción solamente de lo que han comido los jóvenes, y la parte correspondiente a los hombres que vinieron conmigo: Aner, Escol y Mambré; ellos percibirán su parte. 

Capítulo 15

Alianza de Dios con Abrán

¹ Después de estos sucesos, la palabra del Señor llegó a Abrán en una visión, diciéndole: —No temas, Abrán, yo soy un escudo para ti; tu recompensa será muy grande.

² Abrán contestó: —¡Mi Señor Dios! ¿Qué me vas a dar, si estoy sin hijos, y el heredero de mi casa va a ser Eliézer de Damasco?

³ Y añadió Abrán: —He aquí que no me has dado descendencia y, por tanto, un criado de mi casa me va a heredar.

⁴ Pero la palabra del Señor le respondió: —No te heredará ése; sino que te heredará uno que saldrá de tus entrañas. ⁵ Entonces le llevó afuera y le dijo: —Mira al cielo y cuenta, si puedes, las estrellas. Y añadió: —Así será tu descendencia.

⁶ Abrán creyó en el Señor, quien se lo contó como justicia.

⁷ Después le dijo: —Yo soy el Señor que te saqué de Ur de los Caldeos para darte esta tierra en posesión.

⁸ Abrán contestó: —¡Mi Señor Dios! ¿Cómo conoceré que voy a poseerla?

⁹ Le respondió: —Tráeme una ternera de tres años, una cabra de tres años, un carnero de tres años, una tórtola y un pichón.

¹⁰ Abrán los trajo, los partió por medio y puso cada mitad enfrente de la otra; pero no partió las aves.

¹¹ Los buitres bajaban a los cadáveres y Abrán los ahuyentaba.

¹² Cuando estaba poniéndose el sol, un profundo sueño cayó sobre Abrán, y le invadió un terror enorme y tenebroso.

¹³ Le dijo a Abrán: —Has de saber que tus descendientes serán extranjeros en tierra ajena, donde los someterán a esclavitud y los afligirán durante cuatrocientos años;

¹⁴ pero yo también juzgaré a la nación a la que habrán de servir, y después saldrán con grandes riquezas.

¹⁵ Tú te reunirás con tus padres en paz, serás sepultado muy anciano.

¹⁶ Ellos volverán aquí a la cuarta generación, porque hasta entonces no se habrá colmado la culpa de los amorreos.

¹⁷ Se puso el sol y sobrevino la oscuridad; y apareció una hoguera humeante, y una llama de fuego que pasó entre aquellas mitades.

¹⁸ Aquel día el Señor estableció una alianza con Abrán, diciéndole: —A tu descendencia daré esta tierra, desde el río de Egipto, hasta el gran río, el río Éufrates:

¹⁹ la tierra de los quenitas, quenizitas, cadmonitas,

²⁰ hititas, perezeos, refaítas,

²¹ amorreos, cananeos, guirgaseos y jebuseos. 

Capítulo 16

Nacimiento de Ismael

¹ Saray, esposa de Abrán, no le había dado hijos, pero tenía una esclava egipcia llamada Agar.

² Saray dijo a Abrán: —Mira, el Señor me ha hecho estéril, acércate por favor a mi esclava, y quizá tenga hijos de ella. Abrán asintió al ruego de Saray.

³ Cuando Abrán llevaba ya diez años asentado en la tierra de Canaán, Saray, esposa de Abrán, tomó a su esclava egipcia Agar, y se la dio por esposa a su marido Abrán. 4Él se acercó a Agar, ésta concibió, y, al ver que había concebido, miraba con desprecio a su señora. ⁵ Entonces dijo Saray a Abrán: —Recaiga sobre ti mi agravio; yo puse en tus brazos a mi esclava, y ella cuando ha visto que está encinta, me mira con desprecio. Que el Señor juzgue entre tú y yo.

⁶ Abrán respondió a Saray: —Ahí tienes a tu esclava a tu disposición, haz con ella lo que te parezca mejor. Entonces Saray la maltrató; y ella huyó de su lado.

⁷ Pero el ángel del Señor la encontró en el desierto junto a una fuente de agua, junto a la fuente del camino del sur,

⁸ y le dijo: —Agar, esclava de Saray, ¿de dónde vienes y a dónde vas? Ella respondió: — Huyo de la presencia de Saray, mi señora.

⁹ El ángel del Señor le dijo: —Vuelve a tu señora y humíllate ante ella.

¹⁰ Y el ángel del Señor añadió: —Multiplicaré tu descendencia, tanto que no podrá contarse a causa de su gran número.

¹¹ Y aún le dijo el ángel del Señor: —He aquí que estás encinta y darás a luz un hijo; le llamarás Ismael, porque el Señor escuchó tu aflicción.

¹² Será como onagro humano; levantará su mano contra todos y todos las manos contra él, y acampará frente a todos sus hermanos.

¹³ Ella llamó al Señor que le había hablado: «Tú eres El–Roy». Porque se dijo: «¿Verdaderamente, he visto yo aquí al que me ve?»

¹⁴ Por eso se le llama al pozo que está entre Cadés y Béred pozo de Lajay–Roy.

¹⁵ Agar dio a Abrán un hijo; y Abrán puso por nombre Ismael al hijo que dio a luz Agar.

¹⁶ Tenía Abrán ochenta y seis años cuando Agar dio a luz a Ismael para Abrán. 

Capítulo 17

Renovación de la Alianza: cambio de nombre a Abrán

¹ Tenía Abrán noventa y nueve años cuando el Señor se le manifestó y le dijo: — Yo soy El–Saday, camina en mi presencia y sé perfecto.

² Estableceré mi alianza contigo, y te multiplicaré sobremanera.

³ Abrán cayó rostro en tierra, y Dios continuó diciéndole:

⁴ —Ésta es mi alianza contigo: Serás padre de multitud de pueblos. ⁵ No te llamarás más Abrán, sino que tu nombre será Abrahán, porque te he constituido padre de multitud de pueblos.

⁶ Te multiplicaré enormemente, haré que salgan pueblos de ti, y nacerán de ti reyes.

⁷ Mantendré mi alianza contigo y con tu descendencia futura de generación en generación, como alianza perpetua, para ser yo tu Dios y el de tu descendencia futura.

⁸ Te daré a ti y a tu descendencia futura la tierra en que peregrinas, toda la tierra de Canaán, como propiedad perpetua; y seré su Dios. 

Mandato de la circuncisión

⁹ Dios dijo a Abrahán: —Guardarás mi alianza, tú y tu descendencia futura, de generación en generación.

¹⁰ Ésta es mi alianza con vosotros y con tu descendencia futura que habéis de guardar: Circuncidaréis a todos vuestros varones;

¹¹ os circuncidaréis la carne del prepucio, y será señal de la alianza entre Yo y vosotros.

¹² Al cumplir los ocho días serán circuncidados todos vuestros varones en cada generación, tanto el nacido en casa como el comprado con dinero a un extranjero que no sea de vuestra estirpe.

¹³ Circuncidarás a los nacidos en tu casa y a los comprados con tu dinero; y mi alianza estará en vuestra carne como alianza perpetua.

¹⁴ El varón incircunciso, que no haya circuncidado la carne de su prepucio, será extirpado de su pueblo por haber quebrantado mi alianza. 

Cambio de nombre a Saray y promesa de un hijo a Abrahán

¹⁵ También dijo Dios a Abrahán: — Saray, tu mujer, no se llamará más Saray, sino que su nombre será Sara.

¹⁶ La bendeciré y también de ella te daré un hijo; la bendeciré, haré de ella pueblos, y de ella saldrán reyes de naciones.

¹⁷ Abrahán cayó rostro en tierra y se sonrió diciendo para sí: «¿Acaso un hombre centenario puede tener un hijo, y Sara, con noventa años, puede dar a luz?».

¹⁸ Y Abrahán respondió a Dios: —Me bastaría con que Ismael viviera en tu presencia.

¹⁹ Dios replicó: —Sin embargo, es Sara, tu mujer, la que va a darte un hijo; le pondrás por nombre Isaac y estableceré mi alianza perpetua con él, y con su descendencia futura.

²⁰ En cuanto a Ismael, te he escuchado. Mira, le bendeciré, le haré crecer y le multiplicaré en gran manera; engendrará doce príncipes y haré de él un gran pueblo.

²¹ Pero mi alianza la estableceré con Isaac, el hijo que te dará Sara el año próximo por este tiempo.

²² Cuando Dios terminó de hablar con Abrahán, se elevó de su lado. 

La circuncisión

²³ Abrahán tomó a su hijo Ismael, a todos los nacidos en su casa, y a todos los comprados con dinero, a todos los varones de su casa, y aquel mismo día les circuncidó la carne del prepucio, tal como Dios le había ordenado.

²⁴ Tenía Abrahán noventa y nueve años cuando se circuncidó la carne del prepucio.

²⁵ Su hijo Ismael tenía trece años cuando se circuncidó la carne del prepucio.

²⁶ Aquel mismo día se circuncidaron Abrahán y su hijo Ismael;

²⁷ todos los hombres de su casa, los nacidos allí y los comprados a extranjeros con dinero, se circuncidaron con él. 

Capítulo 18

Manifestación de Dios en Mambré

¹ El Señor se manifestó a Abrahán junto a la encina de Mambré, cuando estaba sentado a la puerta de la tienda en lo más caluroso del día.

² Abrahán alzó la vista y vio que tres hombres estaban de pie junto a él. Apenas los vio, corrió a su encuentro desde la puerta de la tienda y se postró en tierra

³ diciendo: —Mi Señor, si he hallado gracia a tus ojos, no pases sin detenerte junto a tu siervo.

⁴ Haré que traigan un poco de agua para que os lavéis los pies, y descansaréis bajo el árbol; ⁵ entretanto, traeré un trozo de pan para que reparéis vuestras fuerzas, y luego seguiréis adelante, pues por algo habéis pasado junto a vuestro siervo. Contestaron: —Sí, haz como has dicho.

⁶ Abrahán corrió a la tienda donde estaba Sara y le dijo: —Date prisa, amasa tres seim de flor de harina y haz unas tortas. 7Él fue corriendo a la vacada, tomó un hermoso ternero recental y lo entregó a su siervo que se dio prisa en prepararlo.

⁸ Luego tomó cuajada, leche, y el ternero que había preparado, y lo sirvió ante ellos; y permaneció en pie a su lado, bajo el árbol, mientras ellos comían. 

Promesa del nacimiento de Isaac

⁹ Después le preguntaron: —¿Dónde está Sara, tu mujer? Él contestó: — Ahí en la tienda.

¹⁰ Y uno le dijo: —Sin falta volveré a ti la próxima primavera, y Sara tu mujer habrá tenido un hijo. Sara lo oyó desde la entrada de la tienda, pues estaba detrás del que hablaba.

¹¹ Abrahán y Sara eran ancianos, de edad avanzada, y a Sara le había cesado la regla de las mujeres.

¹² Sara se sonrió por dentro, diciendo: «¿Después de estar consumida, y con mi marido anciano, voy a sentir placer?»

¹³ El Señor dijo a Abrahán: —¿Por qué se ha reído Sara, diciendo: «¿De veras voy a dar a luz siendo anciana?».

¹⁴ ¿Es que hay algo difícil para el Señor? En el tiempo señalado, la próxima primavera, volveré a ti y Sara habrá tenido un hijo.

¹⁵ Sara lo negó diciendo: —No me he reído —pues tenía miedo. Pero Él le contestó: —No es cierto, te has reído. 

Abrahán intercede por Sodoma

¹⁶ Los hombres se levantaron de allí y se dirigieron hacia Sodoma. Abrahán iba con ellos para despedirlos.

¹⁷ Entonces el Señor se dijo: «¿Cómo podré ocultar a Abrahán lo que voy a hacer,

¹⁸ cuando Abrahán se va a convertir en un pueblo grande y poderoso, y en él van a ser bendecidos todos los pueblos de la tierra?;

¹⁹ pues a él lo he elegido para que instruya a sus hijos y a su futura casa, y para que guarden el camino del Señor practicando la justicia y el derecho, de forma que el Señor conceda a Abrahán lo que le ha prometido».

²⁰ Y dijo el Señor: —Se ha extendido un gran clamor contra Sodoma y Gomorra, y su pecado es gravísimo;

²¹ bajaré y veré si han obrado en todo según ese clamor que contra ella ha llegado hasta mí, y si no es así lo sabré.

²² Los hombres partieron de allí y se dirigieron a Sodoma, mientras Abrahán permanecía todavía junto al Señor.

²³ Abrahán se acercó a Dios y le dijo: —¿Vas a destruir al justo con el malvado?

²⁴ Quizá haya cincuenta justos dentro de la ciudad; ¿la vas a destruir?, ¿no la perdonarás en atención a los cincuenta justos que haya dentro de ella?

²⁵ Lejos de ti hacer tal cosa; matar al justo con el malvado, y equiparar al justo y al malvado; lejos de ti. ¿Es que el juez de toda la tierra no va a hacer justicia?

²⁶ El Señor respondió: —Si encuentro en Sodoma cincuenta justos dentro de la ciudad, la perdonaré en atención a ellos.

²⁷ Abrahán contestó diciendo: —Soy en verdad un atrevido al hablar a mi Señor, yo que soy polvo y ceniza;

²⁸ quizá falten cinco para los cincuenta justos. ¿Acaso destruirás por cinco toda la ciudad? Dios respondió: —No la destruiré si encuentro allí cuarenta y cinco.

²⁹ Todavía volvió a hablarle Abrahán diciendo: —Quizá se encuentren allí cuarenta. Dijo Dios: —No lo haré en atención a los cuarenta.

³⁰ Continuó Abrahán: —No se enfade mi Señor si sigo hablando; quizá se encuentren allí treinta. Dijo Dios: —No lo haré si encuentro allí treinta.

³¹ Insistió Abrahán: —Soy en verdad un atrevido al hablar a mi Señor; quizá se encuentren sólo veinte. Contestó Dios: —No la destruiré en atención a los veinte.

³² Abrahán siguió: —No se enfade mi Señor si hablo una vez más; quizá se encuentren allí diez. Dios contestó: —No la destruiré en atención a los diez.

³³ Cuando terminó de hablar con Abrahán, el Señor se marchó, y Abrahán volvió a su lugar. 

Capítulo 19

El pecado de los habitantes de Sodoma

¹ Los dos ángeles llegaron a Sodoma al atardecer; Lot estaba sentado a la puerta de la ciudad. Cuando Lot los vio, se levantó, salió a su encuentro y los adoró rostro en tierra.

² Les dijo: —Por favor, señores míos, venid a casa de vuestro siervo, pasad la noche, y lavaos los pies; así podréis madrugar y seguir vuestro camino. Le contestaron: —No. Pasaremos la noche en la plaza. 3Él les insistió tanto que se fueron con él y entraron a su casa; les preparó un banquete, coció panes ácimos y comieron.

⁴ Aún no se habían acostado, cuando los hombres de la ciudad, hombres de Sodoma, tanto jóvenes como viejos, todo el pueblo a la vez, rodearon la casa. ⁵ Llamaron a Lot y le preguntaron: —¿Dónde están los hombres que entraron anoche en tu casa? Sácanoslos para que los conozcamos.

⁶ Lot salió hacia ellos a la entrada y cerró la puerta tras él.

⁷ Les dijo: —Por favor, hermanos míos, no cometáis tal maldad.

⁸ Mirad, tengo dos hijas que aún no han conocido varón, voy a sacároslas y haced con ellas lo que queráis; ahora bien, a estos hombres no les hagáis nada, puesto que se han cobijado bajo mi techo.

⁹ Le contestaron: —¡Quítate de ahí! Y añadieron: —¿Uno que ha venido como extranjero quiere hacer de juez? Ahora te trataremos a ti peor que a ellos. Y empujaron violentamente a Lot de tal modo que estaban a punto de derribar la puerta.

¹⁰ Pero los hombres alargaron la mano, metieron a Lot junto a ellos dentro de la casa y cerraron la puerta.

¹¹ Y deslumbraron a los que estaban a la entrada de la casa, tanto pequeños como mayores, de forma que no conseguían encontrar la entrada.

¹² Entonces los hombres le preguntaron a Lot: —¿A quién más tienes aquí? A yernos, hijos e hijas, y a todos los que tengas en la ciudad, sácalos de este lugar,

¹³ pues vamos a destruirlo, porque es muy grande el clamor ante el Señor contra sus habitantes, y nos ha enviado a destruirlo.

¹⁴ Lot salió y habló con sus yernos, los que iban a casarse con sus hijas, y les dijo: —Levantaos, salid de este lugar porque el Señor va a destruir la ciudad. Pero a ellos les pareció que bromeaba. 

Huida de Lot y su familia

¹⁵ Al amanecer, los ángeles apremiaron a Lot diciéndole: —Levántate, y llévate a tu mujer y a tus dos hijas que se encuentran aquí, no vaya a ser que perezcas en el castigo de la ciudad. 16Él se retardaba, y entonces aquellos hombres los agarraron de la mano a él, a su mujer y a sus dos hijas en un acto de misericordia del Señor hacia él.

¹⁷ Le sacaron y le colocaron fuera de la ciudad. Y cuando los sacaron afuera, uno le dijo: —Huye, por tu vida; no mires atrás ni te detengas en toda la vega; huye a la montaña, pues si no, perecerás.

¹⁸ Lot les contestó: —No, por favor, mi Señor;

¹⁹ he aquí que tu siervo ha hallado gracia a tus ojos, y ha sido grande la misericordia que has tenido conmigo al salvarme la vida; pero no podré huir hasta la montaña sin que me alcance la desgracia y muera.

²⁰ Mira esa ciudad; está cerca para refugiarme allí y es bien poca cosa; huiré allí —bien poca cosa es — y salvaré la vida. 21Él le dijo: —Mira, te acepto también esta petición de no destruir la ciudad de la que hablas;

²² date prisa, huye allí, pues no puedo hacer nada hasta que llegues. Por eso aquella ciudad se llamó Soar. 

Destrucción de Sodoma y Gomorra

²³ Salía el sol en el horizonte cuando Lot llegó a Soar.

²⁴ Entonces el Señor hizo llover sobre Sodoma y Gomorra azufre y fuego lanzados por el Señor desde el cielo.

²⁵ Destruyó aquellas ciudades y toda la vega, con todos los habitantes de las ciudades y las plantas del suelo.

²⁶ La mujer de Lot miró hacia atrás y se convirtió en estatua de sal.

²⁷ Abrahán se levantó de madrugada y fue al lugar donde había estado con el Señor.

²⁸ Miró hacia Sodoma y Gomorra y hacia toda la región de la vega, y vio que subía de la tierra una humareda como la de un horno.

²⁹ Así, Dios, cuando destruyó las ciudades de la vega, se acordó de Abrahán y libró a Lot de la catástrofe que arrasó las ciudades en las que había habitado Lot. 

Los hijos de Lot: origen de los moabitas y amonitas

³⁰ Luego subió Lot desde Soar y se estableció en la montaña con sus dos hijas, pues tuvo miedo de vivir en Soar. Él y sus dos hijas habitaban en una cueva.

³¹ Entonces la mayor dijo a la más joven: —Nuestro padre es anciano, y en la región no hay un hombre que se una con nosotras como es costumbre en todo el mundo.

³² Vamos, hagamos beber vino a nuestro padre, durmamos con él y tendremos descendencia de nuestro padre.

³³ Aquella noche hicieron beber vino a su padre, y la mayor fue y durmió con su padre sin que él se diera cuenta de cuando ella se acostó ni de cuando se levantó.

³⁴ Al día siguiente la hija mayor dijo a la más joven: —Mira, anoche dormí yo con mi padre; hagámosle beber vino también esta noche, vas y duermes tú con él; así tendremos descendencia de nuestro padre.

³⁵ Hiciéronle beber vino a su padre también aquella noche, y la hija menor fue y durmió con él sin que él se diera cuenta de cuando ella se acostó ni de cuando se levantó.

³⁶ Así, las dos hijas de Lot concibieron de su padre.

³⁷ La mayor dio a luz un hijo y le puso por nombre Moab, pues se dijo: «Procede de mi padre». Éste es el padre de los actuales moabitas.

³⁸ También la más joven dio a luz un hijo y le puso por nombre Amón, pues pensó: «Es hijo de mi pueblo». Éste es el padre de los actuales amonitas. 

Capítulo 20

Abrahán y Sara en Guerar: encuentro con Abimélec

¹ Abrahán se trasladó desde allí a la región del Négueb, y se estableció entre Cadés y Sur; luego fue a habitar a Guerar.

² Y decía Abrahán de Sara, su mujer: —Ésta es mi hermana. Entonces Abimélec rey de Guerar mandó a buscar a Sara y la tomó para sí.

³ Pero por la noche Dios se presentó a Abimélec en un sueño y le dijo: —Vas a morir a causa de la mujer que has tomado para ti, pues es una mujer casada.

⁴ Sin embargo, Abimélec, que no se había acercado a ella, respondió: —Mi Señor, ¿es que vas a matar también al inocente? ⁵ ¿Acaso él no me dijo que era su hermana, y ella misma confirmó que él era su hermano? Yo lo hice con rectitud de corazón y manos inocentes.

⁶ Dios le contestó en el sueño: —También sé que hiciste esto con rectitud de corazón, y yo mismo te he impedido pecar contra mí; por eso no te he permitido tocarla.

⁷ Ahora devuelve la esposa a su marido; él es un profeta y rezará por ti y vivirás; pero si no se la devuelves, ten por seguro que morirás, tú y todos los tuyos.

⁸ Muy de mañana, Abimélec se levantó, llamó a todos sus siervos, les contó todas estas cosas y los hombres se llenaron de miedo.

⁹ Entonces Abimélec llamó a Abrahán y le dijo: —¿Qué nos has hecho? ¿En qué te he ofendido para que me hayas expuesto a mí y a mi reino a un pecado tan grande? Me has hecho cosas que no se deben hacer.

¹⁰ Y Abimélec preguntó a Abrahán: —¿Qué pretendías al obrar de esta forma?

¹¹ Abrahán contestó: — Solamente pensé que no encontraría temor de Dios en este lugar, y que me matarían a causa de mi esposa.

¹² Además, es verdad que era mi hermana por parte de padre, pero no por parte de madre, cuando la tomé por esposa.

¹³ Y así cuando Dios me hizo salir errante de casa de mi padre, le dije a ella: «Vas a hacerme este favor: en todos los lugares a los que vayamos dirás que soy tu hermano».

¹⁴ Entonces Abimélec tomó ovejas, vacas, siervos y siervas, y se los dio a Abrahán; también le devolvió a Sara su mujer.

¹⁵ Y dijo Abimélec: —Aquí tienes mi tierra ante ti, habita donde mejor te parezca.

¹⁶ Y le dijo a Sara: —Mira, le he dado a tu hermano mil monedas de plata, y esto te servirá de resarcimiento ante los ojos de todos los que están contigo, de modo que se te haga absoluta justicia.

¹⁷ Abrahán oró a Dios, y Dios curó a Abimélec, a su esposa y a sus esclavas, quienes, entonces, pudieron tener hijos;

¹⁸ pues el Señor había cerrado el vientre de todas ellas en casa de Abimélec a causa de Sara, mujer de Abrahán. 

Capítulo 21

Nacimiento y circuncisión de Isaac

¹ El Señor visitó a Sara como había dicho, y le concedió lo que le había prometido.

² Sara concibió y dio un hijo a Abrahán en su vejez, en el plazo que Dios le había fijado.

³ Abrahán puso por nombre Isaac al hijo que le había nacido, el que le había dado Sara.

⁴ Y Abrahán circuncidó a su hijo Isaac cuando éste tenía ocho días, tal como Dios le había ordenado. ⁵ Abrahán tenía cien años cuando le nació su hijo Isaac.

⁶ Entonces Sara dijo: —Dios me ha hecho reír; quienes lo oigan reirán conmigo.

⁷ Y añadió: — ¡Quién le diría a Abrahán que Sara iba a criar hijos! Pues yo le he dado un hijo en su vejez. 

Expulsión de Agar e Ismael

⁸ El niño creció y dejaron de darle de mamar. Abrahán dio un gran banquete el día que dejaron de dar de mamar a Isaac.

⁹ Pero Sara vio al hijo que Agar la egipcia había dado a Abrahán jugando con Isaac.

¹⁰ Y dijo a Abrahán: —Expulsa a esa esclava y a su hijo, pues no va a heredar el hijo de esa esclava con mi hijo Isaac.

¹¹ A Abrahán le desagradó mucho la petición respecto a su hijo.

¹² Pero Dios dijo a Abrahán: —No te desagrade lo del muchacho y su madre. Haz caso a Sara en todo lo que te dice, pues, por Isaac, una estirpe llevará tu nombre;

¹³ también al hijo de la esclava lo constituiré en un gran pueblo, por ser descendencia tuya.

¹⁴ Muy de mañana, Abrahán se levantó, tomó pan y un odre de agua, y se lo dio a Agar; se lo puso a la espalda con el niño y la despidió. Ella se marchó y anduvo errante por el desierto de Berseba.

¹⁵ Cuando se le terminó el agua del odre, recostó al niño debajo de una mata,

¹⁶ se apartó y se sentó lejos frente a él, como a un tiro de arco, pues se decía: «No quiero ver morir al niño». Se quedó sentada enfrente, y el niño rompió a llorar a gritos.

¹⁷ Dios oyó el llanto del niño y un ángel de Dios llamó a Agar desde el cielo y le dijo: —¿Qué te pasa, Agar? No temas, pues Dios ha oído el llanto del niño desde donde está.

¹⁸ Levántate, toma al niño y tenle fuerte de la mano, porque lo constituiré en un gran pueblo.

¹⁹ Entonces Dios le abrió a ella los ojos y vio un pozo de agua; fue, llenó de agua el odre, y dio de beber al niño.

²⁰ Dios estaba con el niño, que creció, habitó en el desierto y se convirtió en un buen arquero.

²¹ Habitó en el desierto de Parán, y su madre le buscó una esposa en el país de Egipto. 

Alianza entre Abrahán y Abimélec

²² En aquel tiempo Abimélec y Picol, jefe de su ejército, dijeron a Abrahán: —Dios está contigo en todo lo que haces.

²³ Ahora júrame aquí mismo por Dios que no me engañarás ni a mí, ni a mi posteridad, ni a mi estirpe; que la misma lealtad que he tenido contigo, la tendrás tú conmigo y con la tierra en que resides como extranjero.

²⁴ Y Abrahán respondió: —¡Lo juro!

²⁵ Pero Abrahán se quejó a Abimélec a propósito de un pozo de agua del que se habían apoderado los siervos de Abimélec.

²⁶ Y Abimélec respondió: —No sé quién ha hecho tal cosa; ni tú me lo habías comunicado, ni yo lo había oído hasta hoy.

²⁷ Abrahán tomó ovejas y vacas, se las dio a Abimélec e hicieron los dos una alianza.

²⁸ Luego Abrahán apartó siete ovejas del rebaño.

²⁹ Y Abimélec preguntó a Abrahán: —¿Qué significan esas siete ovejas que has apartado? 30Él dijo: —Acepta de mi mano estas siete ovejas en señal de mi testimonio de que yo he cavado este pozo.

³¹ Por eso se llama aquel lugar Berseba, porque allí juraron los dos.

³² Después que hicieron una alianza en Berseba, Abimélec y Picol, capitán de su ejército, se volvieron al país de los filisteos.

³³ Abrahán plantó un tamarisco en Berseba, e invocó allí el nombre del Señor.

³⁴ Abrahán residió mucho tiempo en el país de los filisteos. 

Capítulo 22

Sacrificio de Isaac y renovación de la promesa

¹ Después de estos sucesos, Dios puso a prueba a Abrahán. Y le llamó: —¡Abrahán! Éste respondió: —Aquí estoy.

² Entonces le dijo: — Toma a tu hijo, a tu único hijo, al que tú amas, a Isaac, y vete a la región de Moria. Allí lo ofrecerás en sacrificio, sobre un monte que yo te indicaré.

³ Muy de mañana Abrahán se levantó, aparejó su asno, se llevó consigo a dos siervos y a su hijo Isaac, cortó la leña del sacrificio, se puso en camino y se dirigió al lugar que le había dicho Dios.

⁴ Al tercer día, Abrahán alzó la vista y divisó el lugar a lo lejos. ⁵ Entonces dijo Abrahán a sus siervos: — Quedaos aquí con el asno mientras el muchacho y yo vamos hasta allí para adorar a Dios; luego volveremos con vosotros.

⁶ Tomó Abrahán la leña del sacrificio y se la cargó a su hijo Isaac, mientras él llevaba en la mano el fuego y el cuchillo; y se pusieron en marcha los dos juntos.

⁷ Isaac dijo a su padre Abrahán: —¡Padre! Él respondió: —Sí, hijo mío. Y el muchacho preguntó: —Aquí está el fuego y la leña, pero ¿dónde está el cordero para el sacrificio?

⁸ Respondió Abrahán: —Dios proveerá el cordero para el sacrificio, hijo mío. Caminando juntos

⁹ llegaron al lugar que Dios le había dicho; construyó allí Abrahán el altar y colocó la leña; luego ató a su hijo Isaac y lo puso sobre el altar encima de la leña.

¹⁰ Abrahán alargó la mano y empuñó el cuchillo para inmolar a su hijo.

¹¹ Pero entonces el ángel del Señor le llamó desde el cielo: —¡Abrahán, Abrahán! Él contestó: —Aquí estoy.

¹² Y Dios le dijo: —No extiendas tu mano hacia el muchacho ni le hagas nada, pues ahora he comprobado que temes a Dios y no me has negado a tu hijo, a tu único hijo.

¹³ Abrahán levantó la vista y vio detrás un carnero enredado en la maleza por los cuernos. Fue Abrahán, tomó el carnero y lo ofreció en sacrificio en vez de su hijo.

¹⁴ Abrahán llamó a aquel lugar «El Señor provee», tal como se dice hoy: «en la montaña del Señor provee».

¹⁵ El ángel del Señor llamó por segunda vez a Abrahán desde el cielo

¹⁶ y le dijo: —Juro por mí mismo, oráculo del Señor, que por haber hecho una cosa así, y no haberme negado a tu hijo, a tu único hijo,

¹⁷ te colmaré de bendiciones y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena de las playas; y tu descendencia se adueñará de las ciudades de sus enemigos.

¹⁸ En tu descendencia serán bendecidos todos los pueblos de la tierra porque has obedecido mi voz.

¹⁹ Abrahán volvió al lado de sus criados; emprendieron la marcha y fueron todos juntos a Berseba; y Abrahán residió en Berseba. 

Hijos de Najor

²⁰ Después de estos sucesos, le fue anunciado a Abrahán: — También Milcá le ha dado hijos a Najor, tu hermano:

²¹ Us, el primogénito; Buz, su hermano; Quemuel, padre de Aram;

²² Quésed, Jazó, Pildás, Yidlaf y Betuel.

²³ Betuel engendró a Rebeca. Estos ocho hijos dio Milcá a Najor, hermano de Abrahán.

²⁴ También su concubina, que se llamaba Reumá, dio a luz a Tébaj, Gajam, Tajas y Maacá. 

Capítulo 23

La compra de la cueva de Macpelá

¹ Sara vivió ciento veintisiete años

² y murió en Quiriat–Arbá, esto es, Hebrón, en tierra de Canaán. Abrahán fue a hacer duelo por Sara y a llorarla.

³ Después, se levantó Abrahán de junto a su difunta, y habló a los hititas:

⁴ —Yo soy un extranjero que reside entre vosotros. Dadme en propiedad un sepulcro para enterrar a mi difunta. ⁵ Los hititas respondieron a Abrahán:

⁶ —Escúchanos, señor; tú eres, en medio de nosotros, un príncipe divino; entierra a tu difunta en el más noble de nuestros sepulcros, pues ninguno de nosotros te negará su sepulcro para que entierres a tu difunta.

⁷ Abrahán se levantó, se inclinó ante la gente del país, los hititas,

⁸ y les dijo: —Si está en vuestro ánimo que entierre aquí a mi difunta, escuchadme e interceded por mí ante Efrón, hijo de Sójar,

⁹ para que me ceda la cueva de Macpelá que es suya, y que está en el límite de su campo; que me la venda a su precio, ante vosotros, como propiedad para sepulcro.

¹⁰ Efrón estaba sentado entre los hititas, y Efrón el hitita respondió a Abrahán en presencia de los hititas y de todos los que entraban por la puerta de la ciudad:

¹¹ —No, señor, escúchame: te doy el campo y te doy la cueva que hay en él; te la doy a la vista de mis paisanos para que entierres a tu difunta.

¹² Abrahán se inclinó ante la gente del país,

¹³ y contestó a Efrón, en presencia de la gente del país: —Bien, si te parece, escúchame: yo doy el dinero del campo, acéptamelo y entonces enterraré allí a mi difunta.

¹⁴ Efrón contestó a Abrahán diciéndole:

¹⁵ —Escúchame, señor: una tierra de cuatrocientos siclos de plata, ¿qué es para ti y para mí?; entierra, pues, a tu difunta.

¹⁶ Abrahán aceptó y pesó para Efrón, en presencia de los hititas, el dinero del que había hablado: cuatrocientos siclos de plata de curso en el mercado.

¹⁷ Así, el campo de Efrón en Macpelá, que está frente a Mambré, el campo y la cueva que hay en él, con todos los árboles que rodean el campo en todas sus lindes, pasaron a ser

¹⁸ propiedad de Abrahán, a la vista de los hititas y de todos los que entraban por la puerta de su ciudad.

¹⁹ Después de esto, Abrahán dio sepultura a Sara, su mujer, en la cueva del campo de Macpelá, frente a Mambré, es decir, Hebrón, en tierra de Canaán.

²⁰ El campo, con la cueva que hay en él, pasó a ser propiedad sepulcral de Abrahán, adquirida a los hititas. 

Capítulo 24

Casamiento de Isaac

¹ Abrahán era anciano, entrado en años, y el Señor le había bendecido en todo.

² Abrahán dijo al siervo más viejo de su casa, el que administraba todo cuanto tenía: — Pon tu mano bajo mi muslo,

³ que te voy a hacer jurar por el Señor, Dios del cielo y Dios de la tierra, que no buscarás para mi hijo una esposa de las hijas de los cananeos entre los que habito;

⁴ sino que irás a mi tierra, a mi patria, y buscarás una esposa para mi hijo Isaac. ⁵ El siervo le contestó: —Bien, pero si la mujer no quiere venir conmigo a esta tierra, ¿he de hacer entonces volver a tu hijo a la tierra de donde saliste?

⁶ Abrahán le respondió: —Guárdate de llevar allí a mi hijo.

⁷ El Señor, Dios del cielo, que me sacó de la casa de mi padre y de mi tierra natal, y que me habló y me juró diciendo: «Yo daré esta tierra a tu descendencia», Él enviará a su ángel delante de ti, y encontrarás allí una esposa para mi hijo.

⁸ Si ella no quiere venir contigo, quedas desligado de este juramento; pero a mi hijo, no le lleves allí.

⁹ Entonces el siervo puso su mano bajo el muslo de Abrahán y le prestó juramento sobre estas cosas.

¹⁰ Después, el siervo tomó diez camellos de su señor, y partió llevando con él todo lo mejor de su señor; se puso en camino y fue a Aram–Naharaim, la ciudad de Najor.

¹¹ Al atardecer, cuando salen las mujeres a recoger agua, hizo arrodillar a los camellos fuera de la ciudad junto al pozo de agua.

¹² Y dijo: —Señor, Dios de mi amo Abrahán, te ruego que me asistas hoy, y uses misericordia con mi amo Abrahán.

¹³ Voy a quedarme junto a la fuente del agua,

¹⁴ y cuando las hijas de la gente de la ciudad salgan a sacar agua, entonces, la joven a la que le diga: «Inclina tu cántaro, por favor, para que pueda beber», y ella me responda: «Bebe, y además, voy a abrevar tus camellos», ésa has destinado para tu siervo Isaac. Así conoceré que has usado misericordia con mi amo. 

Encuentro con Rebeca

¹⁵ Aún no había acabado él de hablar, cuando salió Rebeca, hija de Betuel, el hijo de Milcá, esposa de Najor, hermano de Abrahán, con su cántaro al hombro.

¹⁶ La joven era muy hermosa, era virgen y no había conocido varón. Bajó a la fuente, llenó su cántaro y volvió a subir.

¹⁷ El siervo corrió a su encuentro y le dijo: — Por favor, déjame beber un poco de agua de tu cántaro.

¹⁸ Ella contestó: —Bebe, señor. Y en seguida bajó el cántaro a las manos y le dio de beber.

¹⁹ Cuando terminó de darle a él de beber, le dijo: —Voy a sacar agua también para tus camellos, hasta que acaben de beber.

²⁰ Rápidamente vació el cántaro en el abrevadero y fue corriendo al pozo a sacar más, y sacó para todos los camellos.

²¹ El hombre la miraba en silencio, hasta saber si el Señor había dado éxito a su viaje o no.

²² Cuando los camellos acabaron de beber, el hombre le ofreció un anillo de oro de medio siclo de peso para la nariz, y dos pulseras de oro de diez siclos para los brazos.

²³ Y le preguntó: —¿De quién eres hija? Dímelo, por favor. ¿Tendremos sitio en casa de tu padre para pasar la noche?

²⁴ Ella le contestó: —Soy hija de Betuel, el hijo que Milcá dio a Najor.

²⁵ Y añadió: —En casa hay paja, forraje abundante y sitio para pasar la noche.

²⁶ Aquel hombre cayó de rodillas y adoró al Señor,

²⁷ diciendo: —Bendito sea el Señor, Dios de mi amo Abrahán, que no ha cesado de usar misericordia y fidelidad con mi amo; al ponerme en camino, el Señor me ha conducido a casa del hermano de mi amo.

²⁸ La joven echó a correr y contó todo esto en casa de su madre. 

Acogida en casa de Rebeca

²⁹ Rebeca tenía un hermano llamado Labán, el cual salió corriendo hacia el hombre que estaba fuera junto a la fuente.

³⁰ Así pues, al ver el anillo y las pulseras en el brazo de su hermana, y tras oír la explicación de su hermana Rebeca contando lo que le había dicho aquel hombre, fue hasta el hombre que permanecía de pie junto a los camellos cerca de la fuente

³¹ y le dijo: —Ven, bendito del Señor. ¿Por qué sigues fuera? He preparado la casa y sitio para los camellos.

³² Entonces el hombre entró a la casa. Labán desaparejó los camellos, les echó paja y forraje, y trajo agua para que el hombre y los que le acompañaban se lavasen los pies.

³³ Después le preparó de comer; pero aquel hombre dijo: —No comeré hasta que haya expuesto lo que debo decir. Labán le dijo: —Habla. 34Él empezó diciendo: —Yo soy un siervo de Abrahán.

³⁵ El Señor ha bendecido abundantemente a mi amo y lo ha hecho rico: le ha dado ovejas y vacas, plata y oro, siervos y siervas, camellos y asnos.

³⁶ La mujer de mi amo, Sara, ya en su vejez, le ha dado un hijo al que ha entregado todo cuanto posee.

³⁷ Y mi amo me hizo jurar lo siguiente: «No buscarás esposa para mi hijo entre las hijas de los cananeos, en cuya tierra habito;

³⁸ sino que irás a mi casa paterna, a mi familia, y buscarás una esposa para mi hijo».

³⁹ Y cuando yo le dije a mi amo que pudiera ser que la mujer no viniera conmigo,

⁴⁰ él me dijo: «El Señor, en cuya presencia he caminado, enviará contigo a su ángel, que dará éxito a tu viaje, y encontrarás para mi hijo una esposa de mi familia y de mi casa paterna.

⁴¹ Sólo quedarás desligado de mi juramento cuando hayas llegado a mi familia; aunque no te la den, también quedarás desligado de mi juramento».

⁴² Cuando he llegado hoy a la fuente he dicho: «Señor, Dios de mi amo Abrahán, si te dignas dar éxito al viaje que he emprendido,

⁴³ mira, yo me coloco junto a la fuente de agua, y a la doncella que suba a sacar agua le diré: “Por favor, dame de beber un poco de agua de tu cántaro”;

⁴⁴ y si ella me contesta: “Bebe tú, y además sacaré agua para tus camellos”; ésa es la mujer que destina el Señor para el hijo de mi amo».

⁴⁵ No había terminado de hablar conmigo mismo, cuando salió Rebeca con su cántaro al hombro, bajó a la fuente y sacó agua. Entonces le dije: «Dame de beber, por favor».

⁴⁶ Y en seguida bajó el cántaro, y me contestó: «Bebe, y además abrevaré tus camellos». Yo bebí y ella abrevó también los camellos.

⁴⁷ Entonces le pregunté: «¿De quién eres hija?»; y me contestó: «Soy hija de Betuel, el hijo que Milcá dio a Najor». Entonces le puse un anillo en la nariz y pulseras en los brazos.

⁴⁸ Luego caí de rodillas y adoré al Señor; y bendije al Señor Dios de mi amo Abrahán, porque me había conducido por el camino acertado para encontrar a la hija del hermano de mi amo para su hijo.

⁴⁹ Ahora, pues, si tenéis a bien usar de misericordia y lealtad hacia mi amo, decídmelo; y si no, decídmelo también, para tirar a derecha o a izquierda. ⁵⁰ Labán y Betuel le contestaron: — Todo esto viene del Señor, y nosotros no podemos decirte ni bien ni mal. ⁵¹ Ante ti está Rebeca, tómala contigo y vete: que sea la esposa del hijo de tu amo, tal como ha dispuesto el Señor. ⁵² Cuando el siervo de Abrahán escuchó sus palabras, se postró en tierra ante el Señor. ⁵³ Después sacó objetos de plata y de oro, y vestidos, y se los entregó a Rebeca; y también dio valiosos regalos a su hermano y a su madre. ⁵⁴ Después, él y los hombres que le acompañaban comieron y bebieron, y pasaron allí la noche. 

Encuentro de Rebeca y de Isaac

Cuando a la mañana siguiente se levantaron, dijo: —Permitidme volver a mi amo. ⁵⁵ Pero el hermano y la madre de Rebeca dijeron: —Que se quede la joven al menos diez días con nosotros, después irá. 56Él les contestó: —No me hagáis retrasarme, ya que el Señor ha dado éxito a mi viaje; permitidme que vaya a mi amo. ⁵⁷ Ellos respondieron: —Llamemos a la joven y preguntémosle su parecer. ⁵⁸ Llamaron a Rebeca y le preguntaron: —¿Quieres ir con este hombre? Ella respondió: —Iré con él. ⁵⁹ Entonces dejaron partir a su hermana Rebeca y a su nodriza, junto con el siervo de Abrahán y sus hombres.

⁶⁰ Y bendijeron a Rebeca diciéndole: —Tú eres nuestra hermana, que crezcas por millares y millares, que domine tu descendencia las ciudades de sus enemigos.

⁶¹ Rebeca y sus doncellas se levantaron, montaron en los camellos y siguieron al hombre. El siervo tomó consigo a Rebeca y partió.

⁶² Isaac había vuelto del pozo de Lajay–Roy y habitaba en la región del Négueb.

⁶³ Un atardecer salió Isaac al campo a distraerse, y al alzar la vista vio que venían camellos.

⁶⁴ También Rebeca alzó la vista y, al ver a Isaac, se bajó del camello

⁶⁵ y preguntó al siervo: —¿Quién es aquel hombre que viene por el campo a nuestro encuentro? El siervo respondió: —Es mi amo. Entonces ella tomó el velo y se cubrió.

⁶⁶ El siervo contó a Isaac todo lo que había hecho

⁶⁷ e Isaac condujo a Rebeca a la tienda de Sara, su madre; la tomó consigo y la hizo su esposa. Isaac la amó, y así se consoló de la muerte de su madre. 

Capítulo 25

Otros descendientes de Abrahán

¹ Abrahán volvió a tomar otra mujer, llamada Queturá,

² que le dio a Zimrán, a Yocsán, a Medán, a Madián, a Yisbac y a Súaj.

³ Yocsán engendró a Sebá y a Dedán; y los hijos de Dedán fueron los asirios, latusitas y leumitas.

⁴ Los hijos de Madián fueron: Efá, Éfer, Henoc, Abidá y Eldaá. Todos ellos hijos de Queturá. ⁵ Abrahán dio todo cuanto poseía a Isaac;

⁶ y a los hijos de las concubinas que había tenido, les proporcionó recursos, y, viviendo él todavía, los mandó lejos de su hijo Isaac, hacia el levante, al país de oriente. 

Muerte y sepultura de Abrahán

⁷ Los años de vida que alcanzó Abrahán fueron ciento setenta y cinco.

⁸ Abrahán expiró y murió tras una vejez feliz, anciano y colmado de años, y fue a reunirse con su pueblo.

⁹ Sus hijos Isaac e Ismael lo sepultaron en la cueva de Macpelá, en el campo de Efrón, hijo de Sójar, el hitita, frente a Mambré,

¹⁰ el campo que Abrahán había comprado allí a los hijos de Set. Allí fueron sepultados Abrahán y su esposa Sara.

¹¹ Después de la muerte de Abrahán, Dios bendijo a su hijo Isaac, e Isaac se estableció junto al pozo de Lajay–Roy. 

VII. LA DESCENDENCIA DE ISMAEL

¹² Éstos son los descendientes de Ismael, hijo de Abrahán, el que le dio Agar, la esclava egipcia de Sara:

¹³ Los nombres de los hijos de Ismael, según el orden de nacimiento son: el primogénito de Ismael fue Nebayot, después Quedar, Adbeel, Mibsam,

¹⁴ Mismá, Dumá, Masá,

¹⁵ Jadad, Temá, Yetur, Nafís y Quedmá.

¹⁶ Así quedan dichos los hijos de Ismael y sus nombres según sus poblados y campamentos: son los doce príncipes de sus respectivos pueblos.

¹⁷ Los años de vida de Ismael fueron ciento treinta y siete años, luego expiró, murió, y fue a reunirse con su pueblo.

¹⁸ Sus hijos se establecieron desde Javilá hasta Sur, que está frente a Egipto en dirección a Asiria. Se situaron frente a todos sus hermanos. 

VIII. LA DESCENDENCIA DE ISAAC. HISTORIA DE JACOB

Nacimiento de Esaú y Jacob

¹⁹ Éstos son los descendientes de Isaac, hijo de Abrahán: Abrahán había engendrado a Isaac;

²⁰ y tenía Isaac cuarenta años cuando tomó por esposa a Rebeca, hija de Betuel, el arameo de Padán–Aram, y hermana de Labán, el arameo.

²¹ Isaac imploró al Señor en favor de su esposa, pues era estéril. El Señor le escuchó y Rebeca, su mujer, concibió.

²² Y como los hijos se hostigasen en su seno, exclamó: —Si esto es así, ¿qué va a ser de mí? Y fue a consultar al Señor.

²³ El Señor le respondió: —Dos pueblos hay en tu vientre; se separarán dos naciones surgidas de ti. Una nación superará a la otra, y la mayor servirá a la menor.

²⁴ Se le cumplieron los días de dar a luz y resultó que tenía mellizos en su seno.

²⁵ El primero que salió era de tez rojiza, todo peludo como una zamarra de piel, y le pusieron de nombre Esaú.

²⁶ Después salió su hermano, agarrando con la mano el talón de Esaú, y le pusieron de nombre Jacob. Cuando nacieron, Isaac tenía sesenta años. 

Esaú vende los derechos de primogénito

²⁷ Los muchachos crecieron, y Esaú se convirtió en un experto cazador, en un hombre montaraz, mientras que Jacob era un hombre tranquilo que habitaba en tiendas.

²⁸ Isaac prefería a Esaú porque le traía caza; en cambio Rebeca prefería a Jacob.

²⁹ Un día Jacob había preparado un guiso, cuando Esaú volvió agotado del campo.

³⁰ Y Esaú dijo a Jacob: —Déjame comer, por favor, de eso rojo, pues estoy agotado. (Por eso precisamente se llama Edom).

³¹ Jacob respondió: —Véndeme ahora mismo tu primogenitura.

³² Y dijo Esaú: —Estoy a punto de morir ¿para qué me sirve mi primogenitura?

³³ Repuso Jacob: —Júramelo ahora mismo. Y él se lo juró, y vendió su primogenitura a Jacob.

³⁴ Jacob le dio pan y el guiso de lentejas a Esaú, quien comió, bebió, se levantó y se fue. Así malvendió Esaú la primogenitura. 

Capítulo 26

Isaac en Guerar: encuentro con Abimélec

¹ Sobrevino en el país un hambre distinta de aquella primera que hubo en tiempos de Abrahán, e Isaac se dirigió hacia Abimélec, rey de los filisteos, en Guerar.

² El Señor se le manifestó y le dijo: —No bajes a Egipto. Ve a vivir a la tierra que te diré.

³ Habita en esta tierra y yo estaré contigo y te bendeciré, porque a ti y a tu descendencia voy a dar toda esta tierra cumpliendo el juramento que hice a tu padre Abrahán.

⁴ Multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo, y daré toda esta tierra a tu descendencia; y todos los pueblos de la tierra se bendecirán en tu descendencia, ⁵ puesto que Abrahán obedeció mi voz y guardó mis preceptos, mandatos, decretos y leyes.

⁶ E Isaac se estableció en Guerar.

⁷ Los hombres de aquel lugar preguntaron acerca de su mujer, y dijo que era su hermana porque tenía miedo de que, si decía que era su esposa, los hombres de aquel lugar le mataran a causa de Rebeca, ya que ella era muy hermosa.

⁸ Se habían prolongado los días de estancia allí, cuando Abimélec, rey de los filisteos, mirando por la ventana vio que Isaac acariciaba a Rebeca, su esposa.

⁹ Entonces Abimélec llamó a Isaac y le dijo: —Está claro que es tu esposa, ¿por qué dijiste que era tu hermana? Le contestó Isaac: —Porque tuve miedo no fuera a morir por su causa.

¹⁰ Exclamó Abimélec: — ¡Qué es lo que nos has hecho! Poco ha faltado para que cualquiera de nosotros se uniera a tu esposa, y nos habrías acarreado un gran pecado.

¹¹ Y Abimélec avisó a toda la gente diciendo: —El que toque a este hombre o a su mujer, morirá.

¹² Isaac sembró en aquella tierra y recogió aquel año el ciento por uno, pues el Señor le bendijo.

¹³ El hombre se fue enriqueciendo poco a poco hasta llegar a ser muy rico;

¹⁴ y tuvo rebaños de ovejas y vacas, y mucha servidumbre. 

Conflictos por los pozos de agua

Pero los filisteos le tuvieron envidia,

¹⁵ y cegaron, llenándolos de arena, todos los pozos que habían cavado los siervos de su padre, en vida de su padre Abrahán.

¹⁶ Abimélec dijo entonces a Isaac: —Vete de nuestro lado porque te has hecho más poderoso que nosotros.

¹⁷ Isaac partió de allí, acampó junto al torrente Guerar, y se quedó allí.

¹⁸ Después Isaac volvió a excavar los pozos de agua que habían cavado en vida de su padre Abrahán, y que los filisteos cegaron tras la muerte de Abrahán. Y puso a los pozos los mismos nombres que les había puesto su padre.

¹⁹ Además, los siervos de Isaac cavaron junto al torrente y encontraron allí un manantial de agua viva.

²⁰ Pero los pastores de Guerar discutieron con los pastores de Isaac diciendo: —Esta agua es nuestra. Por eso llamó a aquel pozo Ésec, porque aquéllos habían reñido con él.

²¹ Excavaron otro pozo y también discutieron sobre él, y lo llamó Sitná.

²² Se retiró de allí, cavó otro pozo, y ya no discutieron por él. Lo llamó Rejobot pues dijo: «Ahora el Señor nos ha dado anchura para prosperar en el país». 

Manifestación de Dios a Isaac

²³ Desde allí subió a Berseba

²⁴ donde el Señor se le manifestó aquella noche y le dijo: —Yo soy el Dios de tu padre Abrahán; no temas porque yo estoy contigo, te bendeciré, multiplicaré tu descendencia en atención a mi siervo Abrahán.

²⁵ Isaac construyó allí un altar e invocó el nombre del Señor; plantó allí su tienda y sus siervos cavaron un pozo. 

Pacto de Isaac con los habitantes de Canaán

²⁶ Abimélec vino a él desde Guerar, en compañía de Ajuzat, amigo suyo, y de Picol, capitán de su ejército.

²⁷ Isaac les dijo: —¿Por qué habéis venido hasta mí, siendo así que me odiáis y me expulsasteis de vuestro lado?

²⁸ Le contestaron: —Realmente hemos visto que el Señor está contigo, y hemos dicho: «Haya un pacto entre nosotros, entre tú y nosotros; hagamos contigo la alianza

²⁹ de que no nos causarás ningún daño, lo mismo que nosotros no te hemos tocado, sino que sólo te hicimos bien y te despedimos en paz». Ahora tú eres bendito del Señor.

³⁰ Isaac les preparó un banquete y ellos comieron y bebieron.

³¹ A la mañana siguiente madrugaron y se hicieron juramento el uno al otro. Isaac los despidió y se fueron en paz de su lado.

³² Aquel día vinieron los siervos de Isaac y le trajeron noticias sobre el pozo que habían cavado, diciéndole que habían encontrado agua.

³³ Entonces puso al pozo el nombre de Sebá, y por eso el nombre de la ciudad es Berseba hasta el día de hoy.

³⁴ Esaú tenía cuarenta años cuando tomó por esposas a Judit, hija de Beerí, el hitita, y a Basemat, hija de Elón, el hitita. 35Éstas fueron una amargura para Isaac y Rebeca. 

Capítulo 27

Jacob se hace con la bendición de Isaac

¹ Isaac envejeció y sus ojos se debilitaron hasta perder la vista. Llamó a su hijo mayor Esaú, y le dijo: —¡Hijo mío! Éste le respondió: —Aquí estoy.

² Dijo el padre: —Mira, soy viejo y desconozco el día de mi muerte;

³ toma, pues, por favor, tus armas, tu aljaba y tu arco, ve al campo y cázame alguna pieza;

⁴ luego me preparas un buen guiso, como a mí me gusta, y me lo traes para comer con el fin de bendecirte antes de que muera. ⁵ Rebeca había escuchado la conversación de Isaac con su hijo Esaú. Esaú salió al campo a cazar algo que traerle.

⁶ Entonces Rebeca habló a su hijo Jacob diciéndole: —Mira, he oído a tu padre hablar con tu hermano Esaú y decirle:

⁷ «Tráeme caza y prepárame un buen guiso para comer con el fin de bendecirte delante del Señor antes de mi muerte».

⁸ Ahora, pues, hijo mío, escucha lo que te voy a mandar:

⁹ Ve al rebaño y tráeme de allí los dos mejores cabritos; yo los prepararé en un buen guiso para tu padre, como a él le gusta.

¹⁰ Luego lo llevarás a tu padre para que coma con el fin de que te bendiga antes de su muerte.

¹¹ Respondió Jacob a su madre Rebeca: —Sabes que mi hermano Esaú es un hombre velludo y yo en cambio soy lampiño.

¹² Puede ser que mi padre me palpe, yo le parezca un impostor, y entonces atraiga sobre mí su maldición en vez de su bendición.

¹³ Le replicó su madre: —Carga sobre mí la maldición, hijo mío. Hazme caso; ve y tráemelos. 14Él fue, los tomó y los llevó a su madre que preparó un buen guiso, como le gustaba a Isaac.

¹⁵ Luego Rebeca tomó los mejores vestidos de su hijo mayor, Esaú, que había en casa, y vistió a Jacob, su hijo menor.

¹⁶ Recubrió sus manos y la parte lampiña de su cuello con las pieles de los cabritos

¹⁷ y puso el sabroso guiso y el pan que había preparado en las manos de su hijo Jacob. 18Él se acercó a su padre y le dijo: —¡Padre mío! Éste respondió: —Aquí estoy. ¿Quién eres tú, hijo mío?

¹⁹ Jacob repuso a su padre: —Soy Esaú, tu primogénito; he hecho lo que me mandaste. Incorpórate, ponte sentado y come de mi caza, con el fin de que me bendigas.

²⁰ Isaac respondió a su hijo: —¡Qué rápido has sido en encontrarla, hijo mío! Él replicó: —Porque el Señor tu Dios me la ha puesto delante.

²¹ Isaac dijo a Jacob: —Acércate para que pueda tocarte, hijo mío, a ver si eres mi hijo Esaú o no.

²² Jacob se acercó a su padre Isaac quien lo palpó y dijo: —La voz es la de Jacob, pero las manos son las de Esaú.

²³ No lo reconoció porque sus manos estaban velludas como las de su hermano Esaú, y le bendijo.

²⁴ Aún le preguntó: — ¿Eres tú mi hijo Esaú? Él respondió: —Yo soy.

²⁵ Dijo Isaac: —Acércame la caza, hijo mío, y la comeré con el fin de bendecirte. Se la acercó y comió; le dio vino y bebió.

²⁶ Y le dijo su padre Isaac: —Acércate y bésame, hijo mío.

²⁷ Se acercó y le besó. Entonces percibió el olor de su vestido, y le bendijo diciendo: —El olor de mi hijo es como el olor de un campo que ha bendecido el Señor.

²⁸ Que Dios te conceda el rocío del cielo y la riqueza de la tierra; abundancia de trigo y de vino.

²⁹ Que los pueblos te sirvan y las naciones se postren ante ti; que seas señor de tus hermanos y se te postren los hijos de tu madre. Maldito el que te maldiga y bendito el que te bendiga.

³⁰ Apenas había terminado Isaac de bendecir a Jacob, justo cuando Jacob salía de la presencia de su padre Isaac, su hermano Esaú regresó de cazar.

³¹ También él preparó un buen guiso y se lo llevó a su padre, diciéndole: —Que mi padre se incorpore y coma de la caza de su hijo, para que tu alma me bendiga.

³² Le preguntó su padre Isaac: —¿Quién eres tú? Él respondió: —Soy Esaú, tu hijo primogénito.

³³ Entonces Isaac se llenó de gran espanto y preguntó: —¿Quién es, pues, el que trajo caza, me la presentó y comí de todo antes de que tú vinieras? Le he bendecido y por tanto quedará bendito. 

Reacción de Esaú

³⁴ Cuando Esaú oyó las palabras de su padre, lanzó un tremendo grito lleno de amargura, y pidió a su padre: —Bendíceme a mí también, padre mío. 35Éste le dijo: —Tu hermano ha venido con engaño y ha recibido la bendición que te pertenecía a ti. 36Él contestó: —Con razón se llama Jacob, pues me ha suplantado dos veces: me arrebató la primogenitura y ahora se lleva la bendición que me pertenecía a mí. Y preguntó: —¿No te ha quedado una bendición para mí?

³⁷ Respondió Isaac y dijo a Esaú: —Le he constituido tu señor, le he dado a todos sus hermanos como siervos, y le he entregado el trigo y el mosto, ¿qué voy ya a hacer por ti, hijo mío?

³⁸ Respondió Esaú a su padre: —¿Solamente tienes una bendición? Bendíceme también a mí, padre mío. Y Esaú rompió a llorar a gritos.

³⁹ Isaac, su padre, le respondió diciendo: — Mira, lejos de las tierras ricas tendrás tu morada, lejos del rocío que baja del cielo;

⁴⁰ gracias a la espada vivirás y a tu hermano servirás. Pero cuando te rebeles, echarás su yugo de tu cuello.

⁴¹ Esaú odiaba a su hermano por la bendición con que le había bendecido su padre; y pensó en su corazón: «Ya están cerca los días de duelo por mi padre; entonces mataré a mi hermano Jacob».

⁴² Le contaron a Rebeca las palabras de su hijo mayor Esaú, y ella mandó llamar a Jacob, su hijo menor, y le dijo: —Tu hermano se quiere vengar de ti matándote.

⁴³ Ahora, hijo mío, escucha mi consejo: Ponte en marcha y huye a donde mi hermano Labán, a Jarán;

⁴⁴ quédate allí algún tiempo hasta que se le pase la furia a tu hermano,

⁴⁵ hasta que se calme su ira contra ti y se olvide de lo que le has hecho. Entonces mandaré a buscarte allí. ¿Por qué he de perderos a los dos en un solo día? 

Capítulo 28

Partida de Jacob a la región de sus antepasados

⁴⁶ Rebeca dijo a Isaac: —Estoy asqueada de la vida junto a las hijas de Het; si Jacob toma esposa de las hijas de Het, nativas del país como ésas, ¿para qué quiero vivir?

¹ Isaac llamó a Jacob y, después de bendecirle, le ordenó lo siguiente: —No tomes esposa de las hijas de Canaán.

² Ponte en camino, ve a Padán–Aram, a casa de Betuel, tu abuelo materno, y búscate allí una esposa entre las hijas de Labán, hermano de tu madre.

³ Que El–Saday te bendiga, te haga crecer y multiplicarte, y te conviertas en una multitud de pueblos;

⁴ que te conceda la bendición de Abrahán, a ti y a tu descendencia, para que poseas la tierra en que resides que Dios otorgó a Abrahán. ⁵ E Isaac envió a Jacob, que fue a Padán–Aram, junto a Labán, hijo de Betuel el arameo, hermano de Rebeca, la madre de Jacob y de Esaú.

⁶ Esaú se enteró de que Isaac había bendecido a Jacob y le había enviado a Padán–Aram a buscarse allí esposa, y de que al bendecirle le había ordenado lo siguiente: «No tomes esposa entre las hijas de Canaán».

⁷ Se enteró también de que Jacob había obedecido a su padre y a su madre y había ido a Padán–Aram.

⁸ Entonces se dio cuenta Esaú de que las hijas de Canaán no le eran gratas a su padre Isaac.

⁹ Se encaminó a Ismael y tomó por esposa, además de las que tenía, a Majalat, hermana de Nebayot e hija de Ismael, hijo de Abrahán. 

Sueño de Jacob

¹⁰ Jacob partió de Berseba y se dirigió a Jarán.

¹¹ Al llegar a un cierto lugar, se dispuso a pasar allí la noche porque se había puesto el sol; tomó una piedra de aquel lugar y, colocándosela como cabecera, se acostó allí mismo.

¹² Entonces tuvo un sueño: una escala apoyada sobre la tierra tenía la cima tocando el cielo, y los ángeles de Dios subían y bajaban por ella.

¹³ El Señor estaba sobre ella y le dijo: —Yo soy el Señor, el Dios de tu padre Abrahán, el Dios de Isaac; voy a darte a ti y a tu descendencia la tierra sobre la que estás acostado.

¹⁴ Tu descendencia será como el polvo de la tierra, te extenderás al este y al oeste, al norte y al sur, y en ti y en tu descendencia serán bendecidos todos los pueblos de la tierra.

¹⁵ Yo estaré contigo y te guardaré donde quiera que vayas, haciéndote volver a esta tierra, pues no te abandonaré hasta que haya cumplido lo que te he dicho.

¹⁶ Cuando Jacob despertó del sueño, exclamó: — El Señor está realmente en este lugar y yo no lo sabía.

¹⁷ Y lleno de temor añadió: —¡Qué terrible es este lugar! Esto no es sino la casa de Dios y la puerta del cielo.

¹⁸ Se levantó Jacob muy de mañana y, tomando la piedra que había colocado de cabecera, la erigió como estela y derramó aceite sobre ella.

¹⁹ Y llamó a aquel lugar Betel (aunque al principio el nombre de la ciudad era Luz).

²⁰ Entonces Jacob hizo un voto diciendo: —Si Dios está conmigo y me guarda en este viaje que hago, si me proporciona pan para comer y ropa para vestirme,

²¹ y vuelvo con bien a casa de mi padre, el Señor será mi Dios.

²² Esta piedra que he erigido como estela será una casa de Dios, y de todo lo que me concedas te ofreceré el diezmo. 

Capítulo 29

Encuentro de Jacob con Labán

¹ Después Jacob reanudó el camino y fue al país de los orientales.

² Divisó un pozo en el campo y, junto a él, tres rebaños de ovejas sesteando allí, pues los rebaños abrevaban en aquel pozo. Una piedra grande tapaba el brocal.

³ Allí se reunían todos los rebaños; quitaban entonces la piedra del brocal y daban de beber a las ovejas, volviendo a colocar después la piedra en su sitio sobre el brocal del pozo.

⁴ Jacob dijo a los pastores: — Hermanos, ¿de dónde sois? Le respondieron: —Somos de Jarán. ⁵ Les preguntó: —¿Conocéis a Labán, hijo de Najor? Le contestaron: —Sí, le conocemos.

⁶ Les preguntó: —¿Está bien? Le dijeron: —Está bien. Mira, ahí llega su hija Raquel con las ovejas. 7Él les dijo: —Aún queda mucho día y no es hora de recoger el ganado; abrevad las ovejas e id a apacentarlas.

⁸ Le contestaron: —No podemos hasta que se hayan reunido todos los rebaños y quiten la piedra del brocal del pozo; entonces podremos abrevar las ovejas.

⁹ Todavía estaba hablando con ellos, cuando llegó Raquel con las ovejas de su padre, pues era pastora.

¹⁰ Al ver Jacob a Raquel, hija de su tío Labán, y las ovejas de su tío Labán, se acercó, retiró la piedra del brocal del pozo y abrevó las ovejas de Labán, su tío.

¹¹ Después Jacob besó a Raquel y rompió a llorar en alto.

¹² Jacob declaró a Raquel que era pariente de su padre, pues era hijo de Rebeca. Entonces ella fue corriendo a contárselo a su padre.

¹³ Cuando Labán oyó la noticia acerca de su sobrino Jacob, fue corriendo a su encuentro, lo abrazó, lo besó y lo llevó a su casa. Allí éste le contó a Labán todas aquellas cosas.

¹⁴ Labán le dijo: —Realmente eres de mi carne y de mi sangre. Jacob permaneció con él un mes. 

Matrimonio de Jacob con Lía y Raquel

¹⁵ Entonces Labán dijo a Jacob: —¿Acaso por ser pariente mío me vas a servir de balde? Dime cuál va a ser tu paga.

¹⁶ Tenía Labán dos hijas, la mayor se llamaba Lía, y la pequeña Raquel.

¹⁷ Lía era de ojos tristes, Raquel, en cambio, tenía buena presencia y era muy bella.

¹⁸ Jacob amaba a Raquel, y propuso a Labán: —Te serviré siete años a cambio de Raquel, tu hija menor.

¹⁹ Contestó Labán: —Mejor te la doy a ti que a cualquier otro extraño. Quédate conmigo.

²⁰ Jacob sirvió a Labán durante siete años que le parecieron unos cuantos días de tanto que la amaba.

²¹ Entonces dijo Jacob a Labán: —Dame a mi mujer, puesto que se ha cumplido el plazo y quiero vivir con ella.

²² Labán reunió a todos los hombres del lugar y dio un banquete.

²³ Por la noche tomó a su hija Lía y la llevó a Jacob, quien se unió a ella.

²⁴ Labán dio su propia esclava Zilpá a su hija Lía como esclava.

²⁵ Al llegar la mañana, vio que aquélla era Lía. Y Jacob dijo a Labán: —¿Qué es lo que me has hecho? ¿No he servido en tu casa a cambio de Raquel? ¿Por qué me has engañado?

²⁶ Respondió Labán: —No es costumbre entre nosotros dar la menor antes que la mayor.

²⁷ Termina esta semana y te daremos también a la otra a cambio del servicio que prestes en mi casa durante otros siete años más.

²⁸ Así lo hizo Jacob, y terminó aquella semana. Entonces Labán le entregó a su hija Raquel por esposa,

²⁹ y además dio su propia esclava Bilhá a su hija Raquel como esclava.

³⁰ Jacob vivió también con Raquel, y amaba a Raquel más que a Lía. Sirvió en casa de Labán todavía otros siete años. Hijos de Jacob en Padán–Aram

³¹ Vio el Señor que Lía era menospreciada y la hizo fecunda, mientras que Raquel era estéril.

³² Lía concibió y dio a luz un hijo, al que puso por nombre Rubén porque se dijo: —El Señor ha visto mi aflicción; por eso ahora me amará mi marido.

³³ Concibió de nuevo y dio a luz un hijo, y exclamó: —Porque el Señor ha oído que era despreciada, me ha dado también a éste. Y le puso Simeón.

³⁴ Volvió a concebir y a dar a luz un hijo, y dijo: —Ahora, esta vez, mi marido vendrá a unirse a mí porque le he dado tres hijos. Y por eso le puso por nombre Leví.

³⁵ Concibió otra vez y dio a luz un hijo, y exclamó: —Esta vez doy gracias al Señor. Por eso le puso por nombre Judá. Y dejó de dar a luz.

¹ Raquel veía que no daba hijos a Jacob, y tuvo celos de su hermana. Entonces dijo a Jacob: —Dame hijos o si no moriré.

² Jacob se enfadó con Raquel y exclamó: —¿Acaso estoy yo en el puesto de Dios que te ha privado del fruto de tu vientre?

³ Ella respondió: —Ahí tienes a mi esclava Bilhá; llégate a ella y que dé a luz sobre mis rodillas. Así, yo tendré hijos por medio de ella.

⁴ Y le dio a su esclava Bilhá por mujer, y Jacob se llegó a ella. ⁵ Bilhá concibió y dio un hijo a Jacob.

⁶ Entonces dijo Raquel: —Dios me ha hecho justicia y ha escuchado mi voz dándome un hijo. Por eso le puso por nombre Dan.

⁷ De nuevo concibió Bilhá, la esclava de Raquel, y dio a Jacob un segundo hijo.

⁸ Y Raquel exclamó: —He peleado con mi hermana peleas divinas, y he vencido. Y le puso por nombre Neftalí.

⁹ Al ver Lía que había dejado de dar a luz, tomó a su esclava Zilpá y se la dio por mujer a Jacob.

¹⁰ Zilpá, la esclava de Lía, dio un hijo a Jacob;

¹¹ y Lía exclamó: —¡Qué buena suerte! Y le puso por nombre Gad.

¹² Todavía Zilpá, la esclava de Lía, dio un segundo hijo a Jacob,

¹³ y Lía dijo: —Qué feliz soy, pues me felicitarán las mujeres. Y le puso por nombre Aser.

¹⁴ En los días de la siega del trigo, Rubén salió al campo, encontró unas mandrágoras, y se las llevó a su madre Lía. Entonces le dijo Raquel a Lía: —Por favor, dame de las mandrágoras de tu hijo. 15Ésta le contestó: —¿No te basta con haberte llevado a mi marido para que te lleves también las mandrágoras de mi hijo? Repuso Raquel: —Está bien, que duerma contigo esta noche a cambio de las mandrágoras de tu hijo.

¹⁶ Y al llegar Jacob del campo por la tarde, Lía salió a su encuentro y le dijo: —Vente conmigo, pues he pagado por ti con las mandrágoras de mi hijo. Y Jacob se unió a ella aquella noche.

¹⁷ El Señor escuchó a Lía, que concibió y dio a Jacob el quinto hijo.

¹⁸ Dijo Lía: —Dios me ha pagado por dar mi esclava a mi marido. Y le puso por nombre Isacar.

¹⁹ De nuevo concibió Lía y dio a Jacob el sexto hijo.

²⁰ Dijo entonces Lía: —Dios me ha hecho un buen regalo, esta vez me ganaré a mi marido pues le he dado seis hijos. Y le puso por nombre Zabulón.

²¹ Después dio a luz una hija y le puso por nombre Dina.

²² Dios se acordó de Raquel. Dios la escuchó y la hizo fecunda.

²³ Ella concibió y dio a luz un hijo, y exclamó: —Dios ha quitado mi afrenta.

²⁴ Y le puso por nombre José, diciendo: —Que el Señor me añada otro hijo. 

Jacob proyecta marchar de casa de Labán

²⁵ Después de que Raquel diera a luz a José, dijo Jacob a Labán: —Déjame marchar, que quiero ir a mi casa y a mi tierra;

²⁶ dame las mujeres y los hijos por los que te he servido y me iré, pues tú conoces el servicio que te he prestado.

²⁷ Le respondió Labán: —Si me aprecias, quédate; he recibido un oráculo de que el Señor me ha bendecido por tu causa.

²⁸ Y añadió: —Fíjame tu salario y te lo pagaré.

²⁹ Le dijo Jacob: —Tú sabes cuánto te he servido y cómo le ha ido a tu ganado conmigo,

³⁰ pues lo poco que tenías antes se ha convertido en mucho; el Señor te ha bendecido con mi llegada. Ahora bien, ¿cuándo voy a hacer algo por mi casa?

³¹ Labán le preguntó: —¿Qué tengo que darte? —No me des nada —respondió Jacob—; haz únicamente lo siguiente: Volveré a pastorear y a cuidar tu rebaño.

³² Pasaré hoy entre todo tu rebaño; tú aparta las reses listadas y oscuras; y todas las negras de entre las ovejas, y las oscuras y con pintas de entre las cabras, serán mi paga.

³³ Así el día de mañana mi honradez responderá de mí. Cuando te persones a comprobar mi paga, todo lo que no tenga pintas ni sea oscuro entre las cabras, o negro entre las ovejas, se me considerará un robo.

³⁴ Respondió Labán: —Está bien; sea como dices.

³⁵ Aquel mismo día Labán apartó los machos cabríos oscuros y con pintas negras, todas las cabras oscuras y con pintas, todo lo que tenía algo de blanco, todas las ovejas negras, y las entregó a sus hijos.

³⁶ Se alejó de Jacob tres días de camino, mientras que Jacob pastoreaba el resto del rebaño de Labán. 

Enriquecimiento de Jacob

³⁷ Jacob se procuró unas varas verdes de álamo, almendro y plátano; y peló en ellas unas franjas, dejando al descubierto lo blanco de las varas.

³⁸ Luego colocó las varas descortezadas en los pilones de los abrevaderos de agua donde el ganado venía a beber, justo delante del ganado que se apareaba al venir a abrevar.

³⁹ Así el ganado se apareaba delante de las varas y paría crías con pintas negras, reses listadas y oscuras.

⁴⁰ Jacob apartó los corderos y puso ese ganado junto al que tenía pintas o era negro en el rebaño de Labán, e iba poniendo sus hatos aparte, sin mezclarlos con el rebaño de Labán.

⁴¹ Y siempre que se apareaban las reses más fuertes ponía Jacob las varas delante de ellas en los pilones, para que se aparearan delante de las varas;

⁴² en cambio, no las ponía cuando las reses eran débiles. Así, las endebles eran para Labán y las fuertes para Jacob.

⁴³ El hombre se enriqueció muchísimo y tenía rebaños numerosos, siervas y siervos, camellos y asnos. 

Capítulo 31

Jacob huye de casa de Labán

¹ Jacob oyó las palabras de los hijos de Labán, que decían: —Jacob se ha llevado todo lo de nuestro padre y ha hecho toda esa fortuna con lo que pertenece a nuestro padre.

² Jacob observó el rostro de Labán y vio que ya no era respecto a él como en los días pasados.

³ Además, el Señor dijo a Jacob: —Vuelve a la tierra de tus padres, a los tuyos; yo estaré contigo.

Entonces Jacob mandó llamar a Raquel y a Lía para que fueran al campo junto al rebaño, ⁵ y les dijo: —Observo que el rostro de vuestro padre hacia mí no es como en los días pasados; pero el Dios de mi padre ha estado conmigo.

Vosotras sabéis que he servido a vuestro padre con todas mis fuerzas.

⁷ Pero vuestro padre se ha burlado de mí cambiando diez veces mi paga; sin embargo, Dios no le ha permitido hacerme daño.

⁸ Si él decía: «las reses listadas serán tu paga», todo el ganado paría crías listadas; y si decía: «las reses con pintas serán tu paga», todo el rebaño paría con pintas.

⁹ Dios le ha quitado el rebaño a vuestro padre y me lo ha dado a mí.

¹⁰ Así pues, en el tiempo de aparearse el ganado levanté la vista, y vi en un sueño que los machos que cubrían el ganado eran listados, con pintas y con manchas.

¹¹ Y en el sueño me habló un ángel de Dios: «Jacob»; y contesté: «Aquí estoy».

¹² Y me dijo: «Levanta la vista y observa que todos los machos que cubren el ganado son listados, con pintas y con manchas, porque he visto todo lo que te está haciendo Labán.

¹³ Yo soy el Dios de Betel, donde ungiste una estela, y donde me hiciste un voto. Ahora ponte en camino, sal de esta tierra y vuelve a tu tierra natal».

¹⁴ Raquel y Lía le respondieron: —¿Acaso tenemos aún parte o herencia en casa de nuestro padre?

¹⁵ ¿No nos considera extranjeras puesto que nos ha vendido e incluso ha devorado nuestro dinero?

¹⁶ Toda la riqueza que Dios ha quitado a nuestro padre era nuestra y de nuestros hijos; ahora, pues, haz todo lo que Dios te ha mandado.

¹⁷ Jacob se levantó, montó a sus hijos y a sus mujeres sobre los camellos,

¹⁸ y se llevó todo su ganado, el ganado de su propiedad que había adquirido en Padán–Aram, y los bienes que había conseguido, dirigiéndose a casa de su padre Isaac, en tierra de Canaán.

¹⁹ Mientras Labán había ido a esquilar su rebaño, Raquel robó los terafim que tenía su padre.

²⁰ Jacob, por su parte, engañó a Labán, el arameo, al no comunicarle que se escapaba.

²¹ Así huyó él con todo lo que tenía. Se puso en camino, cruzó el río y se dirigió a la montaña de Galaad. 

Labán da alcance a Jacob

²² Al tercer día dieron a Labán la noticia de que Jacob había huido.

²³ Entonces tomó consigo a sus parientes y lo persiguió durante siete días, dándole alcance en la montaña de Galaad.

²⁴ Pero aquella noche Dios se acercó a Labán, el arameo, en un sueño, y le dijo: —Guárdate de hacer nada a Jacob, ni bueno ni malo.

²⁵ Labán alcanzó a Jacob que había montado su tienda en la montaña, y montó también su tienda en la montaña de Galaad.

²⁶ Y dijo Labán a Jacob: —¿Qué has hecho? Me has engañado y te has llevado a mis hijas como cautivas de guerra.

²⁷ ¿Por qué huiste a escondidas engañándome y no me lo hiciste saber? Yo te habría despedido con alegría y cantos, con panderos y cítaras.

²⁸ Ni siquiera me has dejado dar un beso a mis hijas y a mis nietos. En esto te has portado como un necio.

²⁹ Está en mi mano poder haceros daño; pero el Dios de vuestros padres me habló anoche diciendo: «Guárdate de hacer algo a Jacob, ni bueno ni malo».

³⁰ Ahora te has ido porque anhelabas tu casa paterna, pero ¿por qué me has robado mis dioses?

³¹ Respondió Jacob a Labán: —Tuve miedo porque pensé que me quitarías a tus hijas.

³² Pero a quien le encuentres tus dioses, no vivirá. Delante de nuestros hermanos busca lo que tenga tuyo y tómalo. No sabía Jacob que Raquel los había robado.

³³ Labán entró en la tienda de Jacob, en la de Lía y en la de las dos esclavas, y no encontró nada. Cuando salió de la tienda de Lía entró en la de Raquel.

³⁴ Pero Raquel se había apoderado de los terafim, los había metido en una montura del camello y se había sentado encima. Labán registró toda la tienda y no encontró nada.

³⁵ Ella le dijo a su padre: —No te enfades, mi señor, si no puedo levantarme en tu presencia, pues estoy indispuesta. Él buscó, pero no encontró los terafim.

³⁶ Entonces se indignó Jacob y se encaró a Labán. Jacob increpó a Labán: —¿Cuál es mi crimen o mi pecado para que me persigas?

³⁷ Has registrado todas mis cosas. Si has encontrado algo de tu casa, ponlo aquí, ante mis parientes y los tuyos, y que ellos juzguen entre nosotros dos.

³⁸ He estado contigo veinte años y ni tus ovejas ni tus cabras abortaron; no me comí los carneros de tu rebaño;

³⁹ no te traje res despedazada, sino que yo mismo la reponía; me exigías lo que robaban de día y lo que robaban de noche.

⁴⁰ Aguanté que me devorara el calor durante el día y el frío durante la noche sin poder conciliar el sueño.

⁴¹ Llevo veinte años en tu casa; catorce te serví por tus dos hijas, y seis por tu ganado; y me cambiaste la paga diez veces.

⁴² Si no hubiera sido porque el Dios de mi padre, el Dios de Abrahán y el Temor de Isaac, estaba conmigo, ahora me habrías despedido sin nada. Pero Dios ha visto mi aflicción y el cansancio de mis manos, y anoche lo dictaminó. 

Pacto entre Labán y Jacob

⁴³ Respondió Labán a Jacob: —Ésas son mis hijas, ésos mis hijos, y ése mi rebaño; todo lo que ves es mío. ¿Qué puedo hacerles hoy a mis hijas o a los hijos que ellas han dado a luz?

⁴⁴ Ahora, pues, vamos; establezcamos una alianza entre tú y yo que sirva de testimonio entre los dos.

⁴⁵ Jacob tomó una piedra y la erigió como estela.

⁴⁶ Y dijo Jacob a sus familiares: —Recoged piedras. Ellos recogieron piedras, hicieron un montículo y comieron allí sobre el montículo.

⁴⁷ Labán lo llamó Yegar–Sehadutá y Jacob lo llamó Galed.

⁴⁸ Dijo entonces Labán: —Este montículo sea hoy testigo entre tú y yo. Por eso le puso el nombre de Galed,

⁴⁹ y también Mispá, pues dijo: —Que el Señor nos vigile a ti y a mí cuando nos hayamos alejado el uno del otro. ⁵⁰ Si maltratas a mis hijas o tomas otras mujeres además de mis hijas cuando no haya nadie con nosotros, ten presente que Dios es testigo entre tú y yo. ⁵¹ Dijo también Labán a Jacob: —Aquí está este montículo, y ahí la estela que he levantado entre tú y yo. ⁵² Este montículo y la estela son testigos de que yo no traspasaré este montículo ni esta estela hacia ti, ni tu traspasarás este montículo ni esta estela hacia mí, para nada malo. ⁵³ Que el Dios de Abrahán y Dios de Najor, el Dios de sus padres, juzgue entre nosotros. Jacob juró por el Temor de su padre Isaac. ⁵⁴ Y ofreció Jacob un sacrificio en la montaña, invitando a comer a sus parientes. Comieron pan y pasaron la noche en la montaña.

Capítulo 32

¹ Se levantó Labán muy de mañana, dio un beso a sus nietos y a sus hijas, los bendijo, y se fue. Labán regresó a su región.

² Jacob, en cambio, siguió su camino, y entonces le salieron al encuentro unos ángeles de Dios.

³ Al verlos dijo Jacob: —Éste es el campamento de Dios. Y llamó a aquel lugar Majanaim. 

Jacob prepara el encuentro con Esaú

⁴ Jacob envió por delante mensajeros a su hermano Esaú, a la tierra de Seír en la región de Edom, ⁵ y les dio esta orden: —Así diréis a mi señor Esaú: «Esto dice tu siervo Jacob: He permanecido con Labán hasta ahora,

⁶ y poseo bueyes y asnos, ovejas y vacas, siervos y siervas. Lo mando comunicar a mi señor para hallar gracia ante él».

⁷ Volvieron a Jacob los mensajeros diciendo: —Hemos llegado hasta donde está tu hermano Esaú, y también él viene a tu encuentro acompañado de cuatrocientos hombres.

⁸ Se estremeció Jacob, y se llenó de angustia. Dividió a la gente que iba con él, las ovejas, las vacas y los camellos, en dos campamentos

⁹ diciéndose: «Si viene Esaú contra un campamento y lo ataca, el campamento restante podrá escapar».

¹⁰ Entonces clamó Jacob: —Dios de mi padre Abrahán, Dios de mi padre Isaac, el Señor, que me dijiste: «Vuelve a tu tierra, a tu ascendencia, que yo seré generoso contigo».

¹¹ Soy indigno de todos los favores y de toda la lealtad que has mostrado con tu siervo, pues atravesé el Jordán sin otra cosa que mi cayado, y ahora he llegado a formar dos campamentos.

¹² Líbrame de la mano de mi hermano Esaú, porque tengo miedo de él, no vaya a venir y mate a la madre con los hijos.

¹³ Tú mismo dijiste: «Seré muy generoso contigo y multiplicaré tu descendencia como la arena del mar, que, por ser tanta, no se puede contar».

¹⁴ Pasó allí aquella noche y luego, de lo que poseía, separó un regalo para su hermano Esaú:

¹⁵ doscientas cabras y veinte machos cabríos, doscientas ovejas y veinte corderos,

¹⁶ treinta camellas paridas con sus crías, cuarenta vacas y diez novillos, veinte burras y diez asnos.

¹⁷ Lo confió a sus siervos, cada hato por separado, ordenándoles: —Pasad delante de mí y dejad un trecho entre un hato y otro.

¹⁸ Al primero le dio esta orden: —Cuando te encuentre mi hermano Esaú y te pregunte de quién eres, a dónde vas, y para quién es eso que llevas,

¹⁹ tú contestarás: «Es de tu siervo Jacob, un regalo que envía a mi señor Esaú; él viene detrás de nosotros».

²⁰ Dio la misma orden al segundo, al tercero y a todos los que iban tras los hatos: — Esto es lo que diréis a Esaú cuando os encontréis con él;

²¹ y añadiréis: «Tu siervo Jacob viene detrás de nosotros». Pues se decía: «Lo aplacaré con el regalo que va por delante, y después lo veré cara a cara; quizá esté a mi favor». 

Lucha de Jacob con el ángel del Señor

²² El regalo pasó por delante de él, y él se quedó aquella noche en el campamento.

²³ Se levantó por la noche, tomó a sus dos mujeres, a sus dos esclavas y a sus once hijos y cruzó el vado de Yaboc.

²⁴ Los llevó y les hizo pasar el río; después pasó todo lo que tenía,

²⁵ y se quedó Jacob solo. Un hombre estuvo luchando con él hasta rayar el alba;

²⁶ y al ver aquel hombre que no le podía, le alcanzó en la articulación del muslo; y se le dislocó a Jacob la articulación del muslo en su lucha con él.

²⁷ Y le dijo el hombre: —Suéltame, pues va a rayar el alba. Le contestó: —No te soltaré hasta que no me bendigas.

²⁸ Entonces le preguntó: —¿Cómo te llamas? Respondió: — Jacob.

²⁹ Le dijo: —Ya no te llamarás más Jacob, sino Israel, porque has luchado con Dios y con hombres, y has podido.

³⁰ Jacob le preguntó: —Por favor, dime tu nombre. Le contestó: — ¿Por qué preguntas mi nombre? Y le bendijo allí mismo.

³¹ Jacob puso a aquel lugar el nombre de Penuel, porque se dijo: «He visto a Dios cara a cara y conservo la vida».

³² Salía el sol cuando atravesó Penuel, e iba cojeando del muslo.

³³ Por eso los hijos de Israel no comen hasta hoy el tendón que está en la articulación del muslo, porque en el tendón fue alcanzada la articulación del muslo de Jacob. 

Capítulo 33

Encuentro de Jacob con Esaú

¹ Jacob alzó la vista y vio que venía Esaú acompañado de cuatrocientos hombres. Entonces repartió a los niños entre Lía, Raquel y las dos esclavas.

² Colocó delante a las esclavas con sus hijos, tras ellas a Lía con sus hijos, y detrás a Raquel con José. 3Él pasó delante de todos y se postró en tierra siete veces hasta llegar a su hermano.

⁴ Esaú corrió a su encuentro, lo abrazó, se le echó al cuello, le besó y rompieron a llorar. ⁵ Alzando la vista vio a las mujeres y a los niños, y preguntó: —¿Quiénes son éstos? Respondió: —Son los hijos que Dios ha concedido a tu siervo.

⁶ Entonces se acercaron las esclavas con sus hijos y se postraron.

⁷ Se acercó también Lía con sus hijos y se postraron. Después se acercaron José y Raquel y se postraron.

⁸ Preguntó de nuevo: —¿Qué es toda esa caravana que he encontrado? Jacob contestó: —Es para alcanzar el favor de mi señor.

⁹ Repuso Esaú: —Yo tengo mucho, hermano mío; guarda lo que es tuyo.

¹⁰ Jacob replicó: —De ningún modo. Si he hallado gracia a tus ojos, acepta mi regalo, ya que he visto tu rostro como quien ve el rostro de Dios, y me has acogido bien.

¹¹ Acepta, por favor, el presente que te he traído, pues me lo ha concedido Dios y de todo tengo en abundancia. Le insistió tanto que aceptó.

¹² Y dijo Esaú: —Pongámonos en marcha; yo iré a tu lado.

¹³ Jacob le respondió: —Mi señor sabe que los niños son débiles, y llevo ovejas y vacas criando; si las apremian una sola jornada, todo el rebaño morirá.

¹⁴ Vaya, por tanto, mi señor delante de su siervo, y yo seguiré despacio, al paso de la caravana que llevo delante, y al paso de los niños, hasta llegar a donde está mi señor en Seír.

¹⁵ Esaú dijo: —Dejaré contigo parte de la gente que me escolta. Contestó Jacob: —¿Para qué? Sólo quiero hallar gracia ante mi señor. 

Jacob en Siquem

¹⁶ Aquel día Esaú volvió por su camino hacia Seír.

¹⁷ Jacob marchó a Sucot, donde se construyó una casa e hizo cabañas para su ganado. Por eso puso por nombre a aquel lugar Sucot.

¹⁸ Jacob llegó sano y salvo a la ciudad de Siquem, en tierra de Canaán, viniendo de Padán–Aram, y acampó frente a la ciudad.

¹⁹ Entonces compró a los hijos de Jamor, padre de Siquem, la parte del campo donde había plantado su tienda por cien monedas.

²⁰ Construyó allí un altar y lo llamó El–Elohé–Israel. 

Capítulo 34

Dina es deshonrada por Siquem

¹ Dina, la hija que Lía había dado a Jacob, salió a ver a las jóvenes de la región.

² La vio Siquem, hijo de Jamor el jiveo, príncipe del país, se la llevó, se unió a ella y la humilló.

³ Se enamoró de Dina, hija de Jacob, amó a la muchacha y le habló al corazón.

⁴ Siquem dijo a su padre Jamor: —Toma a esta joven para mí como esposa. ⁵ Jacob se enteró de que habían deshonrado a su hija Dina; pero como sus hijos estaban con el ganado en el campo, Jacob guardó silencio hasta su vuelta.

⁶ Jamor, padre de Siquem, salió a donde estaba Jacob para hablar con él.

⁷ Los hijos de Jacob, al volver del campo, se enteraron; los hombres se llenaron de pena y de furia porque se había hecho una infamia contra Israel al haberse unido a una hija de Jacob; y eso no es lícito.

⁸ Jamor habló con ellos diciendo: —Mi hijo Siquem ama de corazón a vuestra hija; dádsela, por favor, como esposa.

⁹ Emparentad con nosotros, dadnos vuestras hijas y tomad para vosotros las nuestras.

¹⁰ Os quedaréis a vivir con nosotros; el país estará a vuestra disposición; estableceos, recorredlo y adquirid posesiones en él.

¹¹ También Siquem habló al padre y a los hermanos de Dina: —Que halle yo favor ante vosotros; cualquier cosa que me pidáis os la daré.

¹² Subidme mucho el precio y los regalos por la novia, que os lo entregaré como me digáis; pero dadme a la muchacha como esposa. 

Venganza de los hijos de Jacob

¹³ Los hijos de Jacob respondieron a Siquem y a su padre Jamor hablándoles con engaño, porque aquél había deshonrado a su hermana Dina.

¹⁴ Les dijeron: —No podemos hacer tal cosa, dar nuestra hermana a un hombre que es incircunciso, pues sería una afrenta para nosotros.

¹⁵ Solamente os lo consentiremos con esta condición: que seáis como nosotros, circuncidándoos todos los varones.

¹⁶ Entonces os daremos a nuestras jóvenes y tomaremos las vuestras; habitaremos con vosotros y seremos como un solo pueblo.

¹⁷ Pero si no estáis de acuerdo en circuncidaros, tomaremos a nuestra hija y nos iremos.

¹⁸ Su propuesta pareció bien a Jamor y a Siquem, hijo de Jamor;

¹⁹ y el joven no tardó en hacerlo, porque estaba enamorado de la hija de Jacob, y era el más influyente de la casa de su padre.

²⁰ Después Jamor y su hijo Siquem fueron a la puerta de su ciudad y hablaron a sus conciudadanos diciéndoles:

²¹ —Esos hombres están en son de paz hacia nosotros. Que habiten en la región y puedan recorrerla, ya que es una región espaciosa para ellos. Tomaremos a sus hijas por esposas y les daremos las nuestras.

²² Pero estos hombres sólo consentirán en habitar con nosotros y llegar a ser un solo pueblo con una condición: que nos circuncidemos todos los varones, como ellos están circuncidados.

²³ Sus ganados, sus posesiones y sus animales, ¿no serán entonces nuestros? Así que demos nuestro consentimiento, y que habiten con nosotros.

²⁴ Todos los que salían por la puerta de la ciudad escucharon a Jamor y a su hijo Siquem; y se circuncidaron todos los varones, todos los que salían por la puerta de la ciudad.

²⁵ Al tercer día, cuando aquellos estaban en medio de los dolores, dos hijos de Jacob, Simeón y Leví, hermanos de Dina, empuñaron cada uno su espada, penetraron en la ciudad que estaba desguarnecida y mataron a todos los varones.

²⁶ También pasaron a espada a Jamor y a su hijo Siquem; sacaron a Dina de casa de Siquem y se marcharon.

²⁷ Los hijos de Jacob se lanzaron sobre los muertos, y saquearon la ciudad, porque habían deshonrado a su hermana.

²⁸ Se llevaron ovejas, vacas, asnos, y lo que había en la ciudad y en el campo;

²⁹ tomaron como botín todas sus riquezas, sus niños y sus mujeres, y saquearon lo que había en las casas.

³⁰ Entonces Jacob dijo a Simeón y a Leví: —Me habéis traído la desgracia haciéndome odioso a los habitantes del país, cananeos y perezeos. Somos pocos y ellos se reunirán contra mí, me atacarán y me aniquilarán a mí y a mi familia.

³¹ Le respondieron: —¿Se podía tratar a nuestra hermana como a una prostituta? 

Capítulo 35

Vuelta de Jacob a Betel

¹ Dios dijo a Jacob: —Ponte en camino, sube a Betel y establécete allí; allí construirás un altar al Dios que se te manifestó cuando huías de tu hermano Esaú.

² Jacob ordenó a su familia y a todos los que le acompañaban: —Retirad los dioses extraños que hay entre vosotros, purificaos y cambiaos de ropa;

³ vamos a ponernos en camino y a subir a Betel, donde construiré un altar al Dios que me escuchó el día de mi aflicción y ha estado conmigo en el viaje que emprendí.

⁴ Entregaron a Jacob todos los dioses extraños que tenían en su poder, y los pendientes que llevaban en sus orejas, y Jacob los enterró al pie de la encina que hay junto a Siquem. ⁵ Iniciaron el viaje y el terror de Dios invadió las ciudades de su alrededor, de forma que no persiguieron a los hijos de Jacob.

⁶ Jacob llegó a Luz, en tierra de Canaán, es decir, a Betel, con toda la gente que le acompañaba.

⁷ Allí construyó un altar, y llamó a aquel lugar Dios de Betel, porque allí se le había manifestado Dios cuando huía de su hermano.

⁸ Murió Débora, nodriza de Rebeca, y fue sepultada cerca de Betel, al pie de la encina, por lo que se le dio el nombre de Alón–Bacut.

⁹ De nuevo se le manifestó Dios a Jacob, a su vuelta de Padán– Aram y le bendijo.

¹⁰ Le dijo Dios: —Tu nombre es Jacob. Sin embargo ya no te llamarás más Jacob, sino que tu nombre será Israel. Y le puso por nombre Israel.

¹¹ Además Dios le dijo: —Yo soy El–Saday, sé fecundo y multiplícate; de ti se formará un pueblo e incluso una multitud de pueblos, y de tus entrañas saldrán reyes.

¹² La tierra que di a Abrahán e Isaac te la doy a ti; y a tu descendencia futura daré esta misma tierra.

¹³ Y Dios se elevó de su lado, del lugar donde había hablado con él.

¹⁴ Jacob erigió una estela en el lugar en el que Dios le había hablado. Era una estela de piedra. Hizo sobre ella una libación y derramó aceite sobre ella.

¹⁵ Jacob llamó Betel a aquel lugar en el que Dios le había hablado. 

Nacimiento de Benjamín y muerte de Raquel

¹⁶ Partieron de Betel, y cuando todavía quedaba bastante trecho para llegar a Efrata, Raquel dio a luz, pero tuvo dificultades en el parto.

¹⁷ En medio de los dolores del parto, le dijo la comadrona: —No temas, pues también esta vez tienes un hijo.

¹⁸ Ella al exhalar su alma, a punto de morir, le puso por nombre Benoní, pero su padre le llamó Benjamín.

¹⁹ Raquel murió y fue sepultada junto al camino de Efrata, es decir, de Belén.

²⁰ Jacob erigió una estela sobre su sepulcro; es la estela del sepulcro de Raquel que existe hasta el día de hoy. 

Pecado de Rubén

²¹ Israel continuó el viaje y plantó la tienda más allá de Migdal– Éder.

²² Y sucedió que, habitando Israel en aquella tierra, fue Rubén y se unió a Bilhá, concubina de su padre, e Israel se enteró. Jacob llega a Hebrón. Muerte de Isaac Los hijos de Jacob fueron doce.

²³ Hijos de Lía: Rubén el primogénito de Jacob, Simeón, Leví, Judá, Isacar y Zabulón;

²⁴ hijos de Raquel: José y Benjamín;

²⁵ hijos de Bilhá, esclava de Raquel: Dan y Neftalí;

²⁶ hijos de Zilpá, esclava de Lía: Gad y Aser. Éstos son los hijos que le nacieron a Jacob en Padán–Aram.

²⁷ Jacob llegó a donde estaba su padre Isaac, a Mambré, a Quiriat– Arbá, esto es, Hebrón, donde habían habitado Abrahán e Isaac.

²⁸ Isaac vivió ciento ochenta años.

²⁹ Luego Isaac expiró y murió, yendo a reunirse con sus antepasados, anciano y colmado de días. Sus hijos Esaú y Jacob le dieron sepultura. 

Capítulo 36

IX. LA DESCENDENCIA DE ESAÚ

¹ Éstos son los descendientes de Esaú, es decir, de Edom:

² Esaú tomó sus esposas de entre las hijas de Canaán: Adá, hija de Elón, el hitita; Oholibamá, hija de Aná, hijo de Sibón, el jeveo,

³ y Basemat, hija de Ismael y hermana de Nebayot.

⁴ Adá dio a Esaú Elifaz, Basemat dio a luz a Reuel, ⁵ y Oholibamá dio a luz a Yeús, Yalam y Coré. Éstos son los hijos que le nacieron a Esaú en tierra de Canaán.

⁶ Esaú tomó a sus mujeres, a sus hijos e hijas, a todos los de su casa, a sus ganados, a todos sus animales, toda la fortuna que había adquirido en tierra de Canaán y se fue al país de Seír, lejos de su hermano Jacob.

⁷ Su hacienda era demasiado grande para poder habitar juntos, y la tierra en la que residían no era capaz de dar pasto para tanto ganado.

⁸ Esaú se estableció en la montaña de Seír. Esaú es Edom. 9Éstos fueron los descendientes de Esaú, padre de Edom, en la montaña de Seír. 10Éstos son los nombres de los hijos de Esaú: Elifaz, hijo de Adá, esposa de Esaú; y Reuel, hijo de Basemat, esposa de Esaú.

¹¹ Hijos de Elifaz fueron: Temán, Omar, Sefó, Gatam y Quenaz.

¹² Elifaz, hijo de Esaú, tenía una concubina, Timná, que le dio a Amalec. Éstos son los hijos de Adá, esposa de Esaú. 13Éstos fueron los hijos de Reuel: Nájat, Zéraj, Samá y Mizá. Éstos son los hijos de Basemat, mujer de Esaú. 14Éstos fueron los hijos de Oholibamá, hija de Aná, hijo de Sibón, esposa de Esaú. Ésta dio a Esaú Yeús, Yalam y Coré. 15Éstos son los jefes de tribu entre los hijos de Esaú: de los hijos de Elifaz, primogénito de Esaú, los jefes Temán, Omar, Sefó, Quenaz,

¹⁶ Coré, Gatam y Amalec. Tales son los jefes de tribu de Elifaz en el país de Edom, todos ellos hijos de Adá. 17Éstos son los hijos de Reuel, hijo de Esaú: los jefes de tribu Nájat, Zéraj, Samá y Mizá. Tales son los jefes de Reuel en el país de Edom, todos ellos hijos de Basemat, esposa de Esaú. 18Éstos son los hijos de Oholibamá, esposa de Esaú: los jefes de tribu Yeús, Yalam y Coré. Tales son los jefes de tribu descendientes de Oholibamá, hija de Aná y esposa de Esaú. 19Éstos son los hijos de Esaú y sus jefes, es decir, de Edom. 20Éstos fueron los hijos de Seír, el jorita, habitantes de aquel país: Lotán, Sobal, Sibón, Aná,

²¹ Disón, Éser y Disán; y éstos son los jefes de los joritas, hijos de Seír, en el país de Edom.

²² Fueron hijos de Lotán: Jorí y Hemam; y hermana de Lotán era Timná. 23Éstos fueron los hijos de Sobal: Alván, Manajat, Ebal, Sefó y Onam. 24Éstos fueron los hijos de Sibón: Ayá y Aná. Aná es el que encontró aguas termales en el desierto cuando cuidaba los asnos de su padre Sibón. 25Éstos son los hijos de Aná: Disón y la hija de Aná, Oholibamá. 26Éstos son los hijos de Disón: Jemdán, Esbán, Yitrán y Querán. 27Éstos son los hijos de Éser: Bilhán, Zaaván y Acán. 28Éstos son los hijos de Disán: Us y Arán. 29Éstos son los jefes de tribu de los joritas: los jefes Lotán, Sobal, Sibón, Aná,

³⁰ Disón, Éser y Disán. Éstos son los jefes de los joritas según sus clanes, en tierra de Seír. 31Éstos son los reyes que reinaron en el país de Edom antes de que hubiera un rey entre los hijos de Israel.

³² En Edom reinó Bela, hijo de Beor, cuya ciudad se llamaba Dinhaba.

³³ Murió Bela y reinó en su lugar Yobab, hijo de Zéraj, de Bosrá.

³⁴ Murió Yobab y reinó en su lugar Jusam, del país de los temanitas.

³⁵ Murió Jusam y reinó en su lugar Adad, hijo de Bedad, el que derrotó a Madián en el campo de Moab; su ciudad se llamaba Avit.

³⁶ Murió Adad y reinó en su lugar Samlá, de Masrecá.

³⁷ Murió Samlá y reinó en su lugar Saúl de Rejobot del río.

³⁸ Murió Saúl y reinó en su lugar Baal–Janán, hijo de Acbor.

³⁹ Murió Baal–Janán, hijo de Acbor, y reinó en su lugar Adar, cuya ciudad se llamaba Pau, y su mujer Mehetabel, hija de Matred, hijo de Mezahab. 40Éstos son los nombres de los jefes de tribu de Esaú según sus familias, sus territorios y sus nombres: los jefes Timná, Alvá, Yetet,

⁴¹ Oholibamá, Elá, Pinón,

⁴² Quenaz, Temán, Mibsar,

⁴³ Magdiel e Iram. Tales son los jefes de tribu de Edom según sus lugares de residencia en el país que poseían. Esaú es el padre de Edom.

¹ Jacob se estableció en el país en el que había residido su padre, en la tierra de Canaán. 

Capítulo 37

X. LA DESCENDENCIA DE JACOB. HISTORIA DE JOSÉ

José y sus hermanos

² Esta es la historia de los descendientes de Jacob: José tenía diecisiete años y pastoreaba el ganado con sus hermanos. Como era un muchacho acompañaba a los hijos de Bilhá y Zilpá, mujeres de su padre, e informó al padre de la mala fama de aquéllos.

³ Israel amaba a José más que a sus otros hijos, porque era el hijo de su ancianidad, y le hizo una túnica con mangas.

⁴ Sus hermanos, al ver que su padre le amaba más que a ellos, le odiaban hasta el punto de no poder devolverle el saludo. 

Los sueños de José ⁵ José tuvo un sueño y lo contó a sus hermanos, por lo que ellos le tuvieron más odio todavía.

⁶ Les dijo: —Escuchad el sueño que he tenido:

⁷ Estábamos atando gavillas en el campo y mi gavilla se erguía y se mantenía en pie, mientras que vuestras gavillas la rodeaban y se postraban ante ella.

⁸ Sus hermanos le respondieron: —¿Acaso vas a reinar sobre nosotros, o nos vas a gobernar tú? Y le tuvieron todavía más odio a causa de sus sueños y de sus palabras.

⁹ Todavía tuvo otro sueño y lo contó a sus hermanos diciendo: —Mirad, aún he tenido otro sueño: El sol, la luna y once estrellas se postraban ante mí.

¹⁰ Cuando lo contó a su padre y a sus hermanos, su padre le recriminó diciéndole: —¿Qué significa ese sueño que has tenido? ¿Acaso vamos a ir yo, tu madre y tus hermanos a postrarnos en tierra ante ti?

¹¹ Sus hermanos sintieron celos de él, pero su padre meditaba todas estas cosas. 

José vendido como esclavo a los egipcios

¹² Habían ido sus hermanos a pastorear las ovejas de su padre a Siquem,

¹³ e Israel dijo a José: —Tus hermanos están pastoreando en Siquem. Ven que te voy a mandar a donde están ellos. Le contestó José: —Estoy dispuesto.

¹⁴ Le dijo su padre: —Anda, pues, a ver cómo siguen tus hermanos y cómo está el ganado, y tráeme noticias. Lo envió desde el valle de Hebrón y él llegó a Siquem.

¹⁵ Un hombre lo encontró vagando por el campo y le preguntó: —¿Qué buscas?

¹⁶ Respondió: —Estoy buscando a mis hermanos; por favor, dime dónde están pastoreando.

¹⁷ El hombre le dijo: —Se marcharon de aquí, pues oí que decían: «Vámonos a Dotán». Y José fue siguiendo a sus hermanos hasta que los encontró en Dotán.

¹⁸ Ellos lo vieron a lo lejos y antes de que se acercara a donde estaban, se confabularon contra él para darle muerte.

¹⁹ Se decían unos a otros: —Mira, ahí viene ese soñador;

²⁰ vamos ahora, matémoslo y arrojémoslo a un pozo; luego diremos que lo ha devorado una fiera salvaje. Así veremos en qué paran sus sueños.

²¹ Oyó esto Rubén y, queriendo salvarlo de las manos de éstos, dijo: —No le quitemos la vida.

²² Entonces les propuso Rubén: —No derraméis sangre; echadlo a este pozo en medio del desierto, pero no pongáis las manos sobre él. Lo decía para salvarlo de las manos de éstos y devolverlo a su padre.

²³ Cuando José llegó a donde estaban sus hermanos, éstos arrancaron a José la túnica que llevaba, una túnica con mangas,

²⁴ lo agarraron y lo echaron al pozo. El pozo estaba vacío, sin agua.

²⁵ Después se sentaron a comer y, alzando la vista, vieron una caravana de ismaelitas que venía de Galaad, cuyos camellos transportaban tragacanto, resina y láudano, y que iba bajando hacia Egipto.

²⁶ Entonces dijo Judá a sus hermanos: —¿Qué sacamos con matar a nuestro hermano y ocultar su sangre?

²⁷ Vamos a venderlo a los ismaelitas y no pongamos las manos sobre él, pues es nuestro hermano y nuestra carne. Y sus hermanos asintieron.

²⁸ Cuando pasaban unos mercaderes madianitas, lo sacaron, subiendo a José del pozo, y lo vendieron por veinte monedas de plata a los ismaelitas, quienes se llevaron a José a Egipto.

²⁹ Volvió Rubén al pozo y José no estaba allí. Entonces se rasgó las vestiduras,

³⁰ y yendo a donde estaban sus hermanos les dijo: —El muchacho no aparece; ¿dónde voy a ir yo ahora?

³¹ Ellos tomaron la túnica de José, degollaron un cabrito y empaparon la túnica en la sangre.

³² Después mandaron llevar la túnica con mangas a su padre, y decirle: —Hemos encontrado esto. Comprueba si es la túnica de tu hijo o no. 33Él la reconoció y exclamó: —Es la túnica de mi hijo. Una fiera salvaje lo ha devorado; José ha sido despedazado.

³⁴ Entonces Jacob rasgó sus vestiduras, se puso un saco a la cintura e hizo muchos días de duelo por su hijo.

³⁵ Todos sus hijos e hijas acudieron a consolarlo; pero él rehusaba consolarse y decía: —Quiero llegar de luto hasta el sheol donde está mi hijo. Y su padre lloró por él.

³⁶ Entretanto los madianitas lo vendieron en Egipto a Putifar, eunuco del faraón y capitán de los guardias. 

Capítulo 38

Historia de Judá y Tamar

¹ Por aquel tiempo Judá se alejó de sus hermanos y se fue hasta donde vivía un adulamita llamado Jirá.

² Allí vio Judá a la hija de un cananeo llamado Súa, la tomó por esposa y se unió a ella.

³ Ella concibió y dio a luz un hijo al que puso por nombre Er.

⁴ Concibió de nuevo y dio a luz otro hijo al que puso por nombre Onán. ⁵ Volvió a concebir y dio a luz otro hijo al que puso por nombre Selá. Fue en Cazib donde ella le dio a luz.

⁶ Judá buscó para Er, su primogénito, una esposa llamada Tamar.

⁷ Pero Er, el primogénito de Judá, se portó mal ante el Señor y el Señor le hizo morir.

⁸ Entonces dijo Judá a Onán: —Acércate a la mujer de tu hermano y cumple con ella como cuñado, para suscitar descendencia a tu hermano. 

Conducta reprobable de Onán

⁹ Onán sabía que la descendencia no sería suya, por lo que, cada vez que se llegaba a la mujer de su hermano, derramaba por tierra, para no dar descendencia a su hermano.

¹⁰ Desagradó al Señor lo que hacía y le hizo morir también a él.

¹¹ Y dijo Judá a su nuera Tamar: —Permanece viuda en casa de tu padre hasta que crezca mi hijo Selá. Pues pensó: «No vaya a ser que muera también éste igual que sus hermanos». Tamar se fue y permaneció en casa de su padre. 

Tamar engaña a Judá

¹² Pasó mucho tiempo y murió la hija de Súa, esposa de Judá. Cuando Judá se consoló del duelo, subió a Timná, al esquileo de sus ovejas, con su amigo Jirá el adulamita.

¹³ Le comunicaron a Tamar: —Mira, tu suegro sube a Timná a esquilar sus ovejas.

¹⁴ Ella se quitó el vestido de viuda, se cubrió con un velo, y, disfrazada, se sentó a la entrada de Enaim que está en el camino de Timná, pues veía que Selá había crecido y ella no había sido dada a él por esposa.

¹⁵ Judá la vio y la tomó por una prostituta, pues tenía cubierto el rostro.

¹⁶ Se dirigió a ella en el camino y le dijo: —Por favor, deja que vaya contigo. Pues no reconoció que era su nuera. Ella le preguntó: —¿Qué me vas a dar por venir conmigo? 17Él respondió: —Te enviaré un cabrito del rebaño. Replicó ella: — Bien, si me das una prenda hasta que lo envíes. 18Él le preguntó: —¿Qué prenda he de darte? Le contestó: —Tu sello, tu cordón y el bastón que llevas. Él se los dio y se llegó a ella dejándola embarazada.

¹⁹ Ella se levantó, fue y, quitándose el manto, se vistió de nuevo las ropas de viuda.

²⁰ Judá envió el cabrito por medio de su amigo el adulamita, para recuperar la prenda de manos de la mujer; pero éste no la encontró.

²¹ Preguntó a la gente de aquel lugar: — ¿Dónde está la prostituta que se ponía en Enaim junto al camino? Le respondieron: —Aquí no ha habido ninguna prostituta. 22Él volvió a Judá y le dijo: —No la he encontrado, e incluso la gente del lugar dice que ahí no ha habido ninguna prostituta.

²³ Repuso Judá: —Que se los quede para ella; no vayamos a ser objeto de burla. Yo he enviado este cabrito y tú no la has encontrado.

²⁴ Pasados unos tres meses, le comunicaron a Judá: —Tamar, tu nuera, se ha prostituido, y además, está embarazada debido a su prostitución. Dijo Judá: —Que la saquen fuera y la quemen.

²⁵ Cuando la sacaban, ella envió a decir a su suegro: —El hombre a quien pertenece esto me ha dejado embarazada. Y añadió: —Comprueba por favor de quién son este sello, los cordones y el bastón.

²⁶ Judá los reconoció y dijo: —Es más inocente que yo, puesto que no le di a mi hijo Selá. Y no volvió a tener relaciones con ella. 

Nacimiento de Peres, antepasado de David

²⁷ Llegó el momento del parto, y resultó que tenía mellizos en el vientre.

²⁸ Al dar a luz salió una mano; la agarró la comadrona, y ató a la mano una cinta roja, diciendo: —Éste ha salido primero.

²⁹ Pero sucedió que retiró la mano, y salió su hermano. Entonces ella dijo: —¡Qué brecha te has abierto! Y le puso por nombre Peres.

³⁰ Después salió su hermano con la cinta roja en la mano, y le puso por nombre Zéraj. 

Capítulo 39

José en Egipto, en casa de Putifar

¹ José fue bajado a Egipto. Putifar, un egipcio eunuco del faraón y capitán de los guardias, lo compró a los ismaelitas que lo habían bajado allí.

² El Señor estaba con José, que llegó a ser un hombre afortunado viviendo en casa de su amo egipcio.

³ Su amo vio que el Señor estaba con él, y que le daba éxito en todo lo que emprendía.

⁴ José halló gracia ante él y entró a su servicio. Putifar lo puso al frente de su casa y le encomendó todo lo suyo. ⁵ Desde el momento en que lo puso al frente de su casa y le encomendó todo lo suyo, el Señor bendijo la casa del egipcio gracias a José. La bendición del Señor recayó sobre todo lo que aquel tenía en su palacio y en el campo.

⁶ El egipcio confió todo lo que poseía en manos de José, y no se preocupaba de otra cosa que del alimento que tomaba. José era bien parecido y de bella presencia.

⁷ Después de todo esto, la mujer de su amo puso los ojos en José, y le dijo: — Duerme conmigo.

⁸ El rehusó, y repuso a la mujer de su amo: —Mira, mi amo no me controla nada de lo que hay en casa, y me ha confiado todo lo que tiene;

⁹ no hay nadie más importante que yo en esta casa, y no se ha reservado nada excepto tú, porque eres su mujer. ¿Cómo voy a cometer esa gran maldad, pecando contra Dios?

¹⁰ Ella insistía a José todos los días, pero él no accedió a unirse y a darse a ella.

¹¹ Cierto día entró José en la casa a hacer su trabajo, y no había allí ninguno de los sirvientes.

¹² Ella lo agarró de la ropa diciéndole: —Duerme conmigo. Pero él, abandonando la ropa en sus manos, huyó y salió afuera.

¹³ Al ver que había abandonado la ropa en sus manos y había huido afuera,

¹⁴ ella llamó a sus sirvientes y les dijo: —Mirad, nos ha traído un hebreo para escarnecernos; ha entrado donde yo estaba para unirse a mí; pero he gritado con voz fuerte,

¹⁵ y, al oír que yo levantaba la voz y gritaba, ha abandonado su ropa junto a mí, ha huido y ha salido afuera.

¹⁶ Ella se guardó la ropa de José hasta que su amo llegó a casa.

¹⁷ Y entonces le contó las mismas cosas, diciendo: —El siervo hebreo que nos trajiste ha entrado donde yo estaba para abusar de mí,

¹⁸ y cuando levanté la voz y grité, abandonó su ropa junto a mí, y huyó afuera.

¹⁹ Cuando el amo de José oyó la versión de su mujer que le decía: «Esto me ha hecho tu siervo», montó en cólera;

²⁰ apresó a José y lo metió en la cárcel donde estaban encerrados los presos del rey; y quedó preso allí. 

José en la cárcel

²¹ Pero el Señor estaba con José y tuvo misericordia de él, haciéndole obtener gracia ante el jefe de la cárcel.

²² El jefe de la cárcel confió a José todos los presos que había en la cárcel; y todo lo que se hacía allí lo disponía él.

²³ El jefe de la cárcel no vigilaba nada de lo que le había confiado, pues en todo estaba el Señor con José, y le daba éxito en lo que emprendía. 

Capítulo 40

José, intérprete de sueños

¹ Después de estos sucesos, el copero y el panadero del rey de Egipto ofendieron a su señor, el rey de Egipto.

² El faraón se llenó de ira contra sus dos eunucos, el jefe de los coperos y el jefe de los panaderos,

³ y los puso bajo custodia en casa del capitán de los guardias, en la cárcel donde José estaba preso.

⁴ El capitán de los guardias se los encargó a José para que los sirviera, y estuvieron algún tiempo bajo custodia. ⁵ Ambos, el copero y el panadero del rey de Egipto, que estaban presos en la cárcel, tuvieron sendos sueños en la misma noche, y cada sueño con un sentido.

⁶ Por la mañana José entró a donde estaban ellos y los vio abatidos.

⁷ Entonces preguntó a los eunucos del faraón que estaban con él en la cárcel bajo custodia: —¿Por qué tenéis hoy tan mala cara?

⁸ Le contestaron: —Hemos tenido un sueño, y no hay nadie que lo interprete. José les replicó: —¿No pertenecen a Dios las interpretaciones? Por favor, contádmelos.

⁹ El jefe de los coperos contó a José su sueño. Le dijo: —En mi sueño había una vid delante de mí,

¹⁰ y en la vid tres sarmientos; entonces echaba yemas, florecía y sus racimos se convertían en uvas maduras.

¹¹ Yo tenía en la mano la copa del faraón, tomaba las uvas, las exprimía en la copa del faraón y ponía la copa en la mano del faraón.

¹² José le respondió: —Ésta es su interpretación: Los tres sarmientos son tres días.

¹³ Al cabo de tres días el faraón te levantará la condena y te repondrá en tu cargo; pondrás la copa del faraón en su mano, como acostumbrabas antes cuando eras copero.

¹⁴ Y si te acuerdas de mí cuando te vaya bien, ten la bondad de hablarle de mí al faraón para que me saque de esta cárcel.

¹⁵ Pues fui arrebatado del país de los hebreos, y nada he hecho aquí para que me metieran al calabozo.

¹⁶ Al ver el jefe de los panaderos que había interpretado favorablemente, dijo a José: —También yo he soñado que llevaba tres cestas de pan sobre la cabeza;

¹⁷ y en la cesta de arriba estaba toda la repostería que come el faraón; pero los pájaros se la comían de la cesta que llevaba en la cabeza.

¹⁸ Respondió José: —Ésta es la interpretación: Las tres cestas son tres días;

¹⁹ al cabo de tres días el faraón te levantará la condena, te colgará de un árbol, y los pájaros comerán tu carne.

²⁰ Al tercer día era el cumpleaños del faraón, y preparó un banquete para todos sus servidores. Entonces levantó la condena del jefe de los coperos y la del jefe de los panaderos, en medio de sus siervos.

²¹ Restableció al jefe de los coperos en su cargo de copero, y éste puso la copa en la mano del faraón.

²² En cambio al jefe de los panaderos le colgó, como les había interpretado José.

²³ El jefe de los coperos no se acordó de José, sino que se olvidó de él. 

Capítulo 41

Los sueños del Faraón

¹ Al cabo de dos años, el faraón soñó que estaba de pie junto al Nilo,

² y salían del Nilo siete vacas hermosas y gordas que se pusieron a pacer en el juncal;

³ detrás de ellas salían del Nilo otras siete vacas macilentas y flacas que se pararon junto a las primeras a la orilla del Nilo.

⁴ Y las vacas macilentas y flacas devoraron a las siete vacas hermosas y gordas. Entonces se despertó el faraón. ⁵ Volvió a dormirse y tuvo un segundo sueño: siete espigas brotaban de una misma caña repletas y lozanas;

⁶ y, a continuación, surgían otras siete espigas delgadas y abrasadas por el solano.

⁷ Y las espigas delgadas devoraron a las siete espigas repletas y granadas. Luego se despertó el faraón, y vio que era un sueño.

⁸ A la mañana siguiente estaba intranquilo. Mandó llamar a todos los magos y a todos los sabios de Egipto y el faraón les contó su sueño, sin que hubiera quien se lo interpretase al faraón.

⁹ Entonces el jefe de los coperos habló al faraón diciendo: —Hoy me acuerdo de mi pecado.

¹⁰ Cuando el faraón se llenó de ira contra sus siervos y me puso bajo custodia en casa del capitán de los guardias, a mí y al jefe de los panaderos,

¹¹ él y yo tuvimos un sueño la misma noche, cada uno nuestro sueño, con un sentido.

¹² Había allí con nosotros un joven hebreo, siervo del capitán de los guardias, se lo contamos y él nos interpretó nuestros sueños; a cada uno nos interpretó el sueño.

¹³ Y tal y como nos lo interpretó, así se cumplió: a mí se me repuso en mi cargo, y a él lo colgaron.

¹⁴ El faraón mandó llamar a José, y se apresuraron a sacarlo del calabozo. Se cortó el pelo, se cambió la ropa y se presentó al faraón.

¹⁵ El faraón le dijo a José: —He tenido un sueño y no hay nadie que lo interprete; pero me han informado sobre ti, que te basta escuchar un sueño para interpretarlo.

¹⁶ Respondió José al faraón: —No depende de mí. Que Dios responda favorablemente al faraón.

¹⁷ Y el faraón contó a José: —En mi sueño, yo estaba de pie a la orilla del Nilo;

¹⁸ entonces salían del Nilo siete vacas gordas y hermosas que se ponían a pacer en el juncal;

¹⁹ detrás de ellas salían otras siete vacas delgadas, muy macilentas y flacas. No las había visto tan macilentas en todo el país de Egipto.

²⁰ Y las vacas flacas y macilentas devoraron a las primeras siete vacas gordas.

²¹ Después de que éstas fueran engullidas, no se notaba que estuviesen dentro, pues el aspecto de las vacas era tan macilento como al principio. Entonces me desperté.

²² También vi en mi sueño que brotaban siete espigas de una misma caña, rellenas y lozanas;

²³ y, a continuación, detrás de ellas, surgían otras siete espigas secas, delgadas, abrasadas por el solano;

²⁴ y las espigas delgadas devoraron a las siete espigas lozanas. He contado esto a los magos y no se encuentra nadie que me lo explique.

²⁵ José respondió al faraón: —El sueño del faraón es solamente uno: Dios comunica al faraón lo que va a hacer.

²⁶ Las siete vacas hermosas son siete años y las siete espigas lozanas son siete años; el sueño es solamente uno.

²⁷ Las siete vacas flacas y macilentas que salen detrás de aquellas son siete años, y las siete espigas delgadas y abrasadas por el solano serán siete años de hambre.

²⁸ Es lo que he dicho al faraón: Dios ha revelado al faraón lo que va a hacer.

²⁹ Van a venir siete años prósperos en todo el país de Egipto;

³⁰ después sobrevendrán siete años de hambre que harán olvidar la abundancia en el país de Egipto, pues el hambre consumirá la tierra;

³¹ no se reconocerá la abundancia en la tierra a causa del hambre que la seguirá, porque será terrible.

³² Y en cuanto a que el sueño se haya repetido al faraón dos veces, significa que la decisión es firme de parte de Dios, y Dios se apresura a realizarla.

³³ Ahora, pues, que el faraón se fije en alguien inteligente y sabio, y lo ponga al frente del país de Egipto.

³⁴ Proceda el faraón a nombrar inspectores sobre el país, y cobre la quinta parte al país de Egipto durante los siete años de abundancia.

³⁵ Que recojan el alimento de los años prósperos que van a venir, almacenen grano y alimento en las ciudades bajo la autoridad del faraón, y lo guarden.

³⁶ Así el país tendrá alimento de reserva para los siete años de hambre que va a haber en el país de Egipto, y el país no perecerá de hambre. 

José es nombrado visir del faraón

³⁷ Pareció bien la propuesta al faraón y a todos sus servidores.

³⁸ Y el faraón preguntó a sus servidores: —¿Encontraremos un hombre como éste en quien esté el espíritu de Dios?

³⁹ Luego el faraón dijo a José: —Después de haberte dado Dios a conocer todo esto, no hay nadie tan inteligente y sabio como tú.

⁴⁰ Tú estarás al frente de mi casa, y todo mi pueblo obedecerá tus órdenes; tan sólo yo en el trono estaré por encima de ti.

⁴¹ Y el faraón confirmó a José: —Mira, te he puesto al frente de todo el país de Egipto.

⁴² Se quitó el faraón el anillo del dedo y lo puso en el dedo de José; lo vistió con ropa de lino, y le puso un collar de oro al cuello.

⁴³ Le hizo subir en su segunda carroza, y gritaban ante él: —¡De rodillas! Así lo puso al frente de todo el país de Egipto.

⁴⁴ El faraón dijo a José: —Yo soy el faraón. Sin contar contigo nadie moverá ni mano ni pie en todo el país de Egipto.

⁴⁵ Y el faraón puso a José por nombre Safenat–Panéaj, y le dio por esposa a Asenat, hija de Poti–Fera, sacerdote de On. 

José, administrador de los bienes de Egipto

José salió a recorrer el país de Egipto.

⁴⁶ Tenía José treinta años cuando se presentó ante el faraón, rey de Egipto. Salió José de presencia del faraón y recorrió todo el país de Egipto.

⁴⁷ La tierra produjo copiosamente en los siete años de abundancia,

⁴⁸ y él recogió todo el alimento que hubo durante los siete años en el país de Egipto, y lo guardó en las ciudades; el alimento del campo que rodeaba cada ciudad lo guardó en ella.

⁴⁹ Así José almacenó muchísimo grano, como las arenas del mar, hasta el punto que dejó de medirlo, pues sobrepasaba la medida. ⁵⁰ Le nacieron a José dos hijos antes de que llegara el año del hambre; se los dio Asenat, hija de Poti–Fera, sacerdote de On. ⁵¹ Al primogénito, José le puso por nombre Manasés, porque dijo: «Dios me ha hecho olvidar toda mi fatiga y toda la casa de mi padre». ⁵² Al segundo le puso por nombre Efraím, pues dijo: «Dios me ha hecho crecer en la tierra de mi aflicción». ⁵³ Cuando se acabaron los siete años de abundancia en el país de Egipto, ⁵⁴ comenzaron a llegar los siete años de hambre, como había anunciado José. Hubo hambre en todos los países; pero en toda la tierra de Egipto había pan. ⁵⁵ Llegó también el hambre a todo el país de Egipto, y el pueblo clamó al faraón pidiendo pan. El faraón dijo a todos los egipcios: —Id a José, y haced lo que él os diga. ⁵⁶ Reinaba el hambre sobre toda la faz de la tierra, y entonces José abrió todos los graneros y vendió grano a los egipcios mientras arreciaba el hambre en el país de Egipto. ⁵⁷ De todos los países venían a Egipto a comprar grano a José, porque el hambre arreciaba en toda la tierra. 

Capítulo 42

Los hijos de Jacob acuden a Egipto

¹ Jacob se enteró de que había grano en Egipto, y dijo a sus hijos: — ¿Por qué estáis mirándoos unos a otros?

² He oído que hay grano en Egipto; bajad allí y comprad para nosotros, para que podamos vivir y no muramos.

³ Bajaron, pues, diez hermanos de José a comprar grano a Egipto.

⁴ A Benjamín, hermano de José, no lo envió Jacob con sus hermanos, porque pensó: «No vaya a sucederle alguna desgracia». ⁵ Los hijos de Israel llegaron junto con otros que iban también a comprar, porque reinaba el hambre en el país de Canaán.

⁶ José era el gobernador del país y el que vendía a toda la gente del país. Llegaron sus hermanos y se postraron ante él rostro en tierra.

⁷ Al ver José a sus hermanos los reconoció; pero, fingiéndose extraño, les habló duramente. Les preguntó: —¿De dónde venís? Ellos respondieron: —Del país de Canaán a comprar alimentos. 

José pone a prueba a sus hermanos reteniendo a Simeón

⁸ José había reconocido a sus hermanos pero ellos no lo reconocieron a él.

⁹ Se acordó José de los sueños que había tenido acerca de ellos, y les dijo: —¡Vosotros sois espías! Habéis venido a observar los puntos desguarnecidos del país.

¹⁰ Le respondieron: —No, señor, tus siervos han venido a comprar alimentos;

¹¹ todos nosotros somos hijos del mismo padre, y somos gente honrada; tus siervos no son espías.

¹² Les volvió a decir: —No. Habéis venido a observar los puntos desguarnecidos del país.

¹³ Respondieron: —Nosotros, tus siervos, éramos doce hermanos, hijos del mismo padre en el país de Canaán; el pequeño está ahora con nuestro padre, y el otro ya no existe.

¹⁴ Les dijo de nuevo José: —Os lo vuelvo a decir: vosotros sois espías;

¹⁵ pero os voy a poner a prueba de este modo: ¡Por vida del faraón! no saldréis de aquí hasta que venga vuestro hermano pequeño.

¹⁶ Enviad a uno de vosotros que busque a vuestro hermano; mientras tanto quedaréis presos, y se pondrán a prueba vuestras palabras, a ver si la verdad está de vuestra parte. Si no, ¡por vida del faraón!, es que sois espías.

¹⁷ Y los puso bajo custodia tres días.

¹⁸ Al tercer día les dijo José: —Haced esto y viviréis, pues yo temo a Dios.

¹⁹ Si sois gente honrada, ¡uno de vuestros hermanos quede preso en la cárcel! Los demás id a llevar el grano comprado para remediar el hambre de vuestras casas.

²⁰ Después me traeréis a vuestro hermano pequeño para poder comprobar la verdad de vuestras palabras, y no moriréis. Así lo hicieron,

²¹ diciéndose los hermanos entre sí: —En verdad somos culpables respecto a nuestro hermano, pues vimos su angustia cuando nos pedía piedad y no le escuchamos; por eso nos sobreviene esta desgracia.

²² Les replicó Rubén: —¿No os dije que no pecaseis contra el muchacho, y no me hicisteis caso? Ahora nos piden cuenta de su sangre.

²³ Ellos ignoraban que José entendía, pues entre ellos había habido un intérprete.

²⁴ José se retiró de su lado y rompió a llorar; luego volvió a donde estaban y les habló de nuevo. Eligió de entre ellos a Simeón y le hizo prender delante de todos.

²⁵ Después José dio órdenes de que les llenaran los envases de grano, les devolvieran su dinero, a cada uno en su saco, y les dieran provisiones para el camino. Y así lo hicieron.

²⁶ Cargaron el grano en los asnos y partieron.

²⁷ Cuando en el lugar donde pernoctaron uno de ellos abrió su saco para dar pienso al asno, vio el dinero que estaba en la boca del saco

²⁸ y dijo a sus hermanos: —Me han devuelto el dinero; está también en mi saco. Entonces se sobresaltaron y aterrados se decían unos a otros: —¿Qué es lo que ha hecho Dios con nosotros?

²⁹ Llegaron a donde estaba Jacob, su padre, en la tierra de Canaán y le contaron todo lo que les había sucedido, diciendo:

³⁰ —El señor del país nos habló duramente y nos tomó por espías del territorio.

³¹ Le respondimos: «Nosotros somos gente honrada; no somos espías;

³² éramos doce hermanos, hijos del mismo padre, uno ya no existe, y el pequeño está ahora con nuestro padre en el país de Canaán».

³³ Entonces el señor del país nos replicó: «De esta forma sabré que sois gente honrada: dejad conmigo a uno de los hermanos, tomad lo necesario para remediar el hambre de vuestras casas y marchaos.

³⁴ Después me traeréis a vuestro hermano pequeño y así sabré que no sois espías, sino gente honrada. Entonces os devolveré a vuestro hermano y podréis circular por el país».

³⁵ Cuando vaciaron los sacos, encontró cada uno su bolsa de dinero dentro, y al ver las bolsas con el dinero, tanto ellos como su padre se llenaron de temor.

³⁶ Les dijo su padre Jacob: —Me estáis dejando sin hijos; José ya no existe, Simeón tampoco, y queréis llevaros a Benjamín. Todo recae sobre mí.

³⁷ Respondió Rubén a su padre: —Puedes matar a mis dos hijos si no te lo devuelvo; confíamelo que yo te lo devolveré.

³⁸ Pero él dijo: — Mi hijo no bajará con vosotros, pues su hermano murió y sólo queda él; si le ocurriera alguna desgracia en el viaje que vais a emprender, haríais bajar de pena mis canas al sheol. Los hijos de Jacob vuelven a José llevando a Benjamín

Capítulo 43

¹ El hambre seguía apretando en el país.

² Cuando hubieron consumido la provisión de grano que habían traído de Egipto, les dijo su padre: —Volved a comprarnos algún alimento.

³ Judá le respondió: —Aquel hombre, jurando, nos ha insistido: «No os presentéis ante mí sin que vuestro hermano venga con vosotros».

⁴ Si accedes a mandar a nuestro hermano, bajaremos y te compraremos alimento; ⁵ si no accedes, no bajaremos, porque aquel hombre nos advirtió: «No os presentéis ante mí sin vuestro hermano».

⁶ Israel exclamó: —¿Por qué me habéis traído tal desgracia, contando a aquel hombre que aún teníais otro hermano?

⁷ Replicaron: —Aquel hombre nos interrogó sobre nosotros y nuestra familia, preguntándonos: «¿Vive todavía vuestro padre?, ¿tenéis algún hermano?» Nosotros le contestamos según tales preguntas. ¿Acaso podíamos saber que iba a decir: «Traed a vuestro hermano»?

⁸ Entonces dijo Judá a su padre Israel: —Manda al muchacho conmigo; nos pondremos en camino e iremos, para poder seguir viviendo y no morir, ni nosotros, ni tú, ni vuestros niños.

⁹ Yo respondo de él, a mí me lo podrás exigir; si no te lo traigo y lo pongo ante ti, seré para ti culpable de pecado toda la vida.

¹⁰ Pues si no nos hubiéramos entretenido, ya estaríamos ahora de vuelta por segunda vez.

¹¹ Les dijo su padre Israel: —Si ha de ser así, hacedlo; tomad los mejores productos del país en vuestros equipajes y llevádselos a aquel hombre como regalo: un poco de resina aromática, un poco de miel, tragacanto, ládano, pistachos y almendras.

¹² Llevaos el doble de dinero y devolved personalmente el dinero encontrado en la boca de los sacos, pues quizá fue un error;

¹³ y traed a vuestro hermano. Poneos en camino y volved a aquel hombre.

¹⁴ Que El–Saday os conceda hallar misericordia ante ese hombre, y os devuelva a vuestro otro hermano y a Benjamín. Yo, si me quedo sin hijos, sin ellos me quedaré.

¹⁵ Tomaron los hombres aquel regalo; llevaron también el doble de dinero, y a Benjamín; y poniéndose en camino, bajaron a Egipto y se presentaron a José.

¹⁶ Cuando José vio con ellos a Benjamín, dijo a su mayordomo: —Haz entrar a estos hombres en casa, mata algún animal y prepáralo, pues ellos van a comer conmigo a mediodía.

¹⁷ El hombre hizo lo que le había mandado José e introdujo a aquellos hombres en casa de José.

¹⁸ Ellos sintieron miedo al ser introducidos en casa de José, y decían: —Nos meten aquí por lo del dinero devuelto en nuestros sacos la otra vez, para acosarnos, caer sobre nosotros y llevarnos como esclavos con nuestros asnos.

¹⁹ Se acercaron al mayordomo de José y le hablaron a la puerta de la casa,

²⁰ diciéndole: —Escúchanos, por favor, señor; ya bajamos antes otra vez a comprar alimento,

²¹ y sucedió que al llegar al lugar donde pernoctamos y abrir nuestro sacos, el dinero de cada uno estaba en la boca de su saco, todo nuestro dinero en su justo peso, y queremos devolverlo personalmente.

²² Hemos traído, además, otro dinero para comprar alimento. No sabemos quién metió nuestro dinero en los sacos. 23Él respondió: —Quedaos en paz, no temáis; vuestro Dios, el Dios de vuestros padres, os puso un tesoro en los sacos, pues vuestro dinero me llegó a mí. Entonces sacó a Simeón con ellos.

²⁴ Les introdujo en casa de José, les trajo agua para que se lavaran los pies, y echó pienso a sus asnos.

²⁵ Ellos prepararon los regalos antes de que llegase José a mediodía, pues oyeron que iban a comer allí.

²⁶ Cuando llegó José a casa, ellos le ofrecieron los regalos que habían traído hasta allí, y se postraron en tierra ante él.

²⁷ José les saludó y les preguntó: — ¿Qué tal está vuestro anciano padre del que me hablasteis? ¿Vive todavía?

²⁸ Respondieron: —Tu siervo, nuestro padre, está bien; vive todavía. E inclinándose se postraron.

²⁹ Alzó la vista y vio a su hermano Benjamín, hijo de su madre. Preguntó: —¿Es éste vuestro hermano pequeño del que me hablasteis? Y exclamó: —¡Que Dios te guarde, hijo mío!

³⁰ Entonces José salió a toda prisa, porque se le conmovieron las entrañas a la vista de su hermano, sintiendo ganas de llorar; y entrando en su habitación, lloró allí.

³¹ Luego, se lavó la cara, salió y, conteniéndose, ordenó: —Servid la comida.

³² Les sirvieron por separado a él, a ellos, y a los egipcios que comían con él, pues los egipcios no pueden comer con los hebreos, ya que es una abominación para los egipcios.

³³ Ellos se sentaron frente a él, el primogénito conforme a su primogenitura, y el menor conforme a su juventud. Y todos se miraban asombrados.

³⁴ José les pasó raciones de su mesa, y la ración de Benjamín era cinco veces más grande que las raciones de todos los demás. Bebieron y se alegraron en su compañía. 

Capítulo 44

José prueba de nuevo a sus hermanos

¹ José dio la siguiente orden a su mayordomo: —Llena de víveres los sacos de estos hombres, tanto como quepan, y pon el dinero de cada uno en la boca de su saco.

² Además colocarás mi copa, la de plata, en la boca del saco del pequeño, junto con el dinero de su compra. Él cumplió tal cual la orden de José.

³ Al amanecer se despidieron los hombres con sus asnos. ⁴ Éstos salieron de la ciudad y aún no estaban lejos cuando José dijo a su mayordomo: —Ponte en camino y persigue a esos hombres; cuando les alcances diles: «¿Por qué habéis pagado mal por bien? ⁵ ¿No es esta copa donde bebe mi señor y con la que hace adivinaciones? Está muy mal lo que habéis hecho».

⁶ Los alcanzó y les dijo estas mismas palabras.

⁷ Ellos le respondieron: —¿Por qué habla mi señor de este modo? Lejos de tus siervos hacer tal cosa.

⁸ El dinero que encontramos en la boca de nuestros sacos te lo trajimos desde el país de Canaán. ¿Cómo íbamos a robar plata ni oro de casa de tu señor?

⁹ Aquél de tus siervos a quien se le encuentre, que muera, e incluso nosotros quedaremos como esclavos de mi señor. ¹⁰ Él les dijo: —De acuerdo, sea como decís; a quien se le encuentre quedará como mi esclavo, los demás quedaréis libres.

¹¹ Dándose prisa cada uno bajó su saco a tierra, y lo abrió. ¹² Él los registró comenzando por el mayor y acabando por el pequeño, y encontró la copa en el saco de Benjamín.

¹³ Entonces se rasgaron las vestiduras y, cargando cada uno su asno, volvieron a la ciudad.

¹⁴ Entró Judá con sus hermanos a casa de José, quien todavía estaba allí, y cayeron ante él rostro en tierra.

¹⁵ Les dijo José: —¿Qué acción habéis cometido? ¿No sabíais que un hombre como yo puede adivinar?

¹⁶ Respondió Judá: —¿Qué podemos exponer a mi señor? ¿Qué alegaremos y cómo nos vamos a justificar? Dios ha descubierto la falta de tus siervos; aquí estamos como esclavos de mi señor, tanto nosotros como aquél en cuyo poder se ha encontrado la copa.

¹⁷ Repuso José: —Lejos de mí tal acción; aquel en cuyo poder se ha encontrado la copa, ése será mi esclavo; los demás id en paz a donde está vuestro padre. 

Reacción de Judá

¹⁸ Judá se le acercó y le dijo: —Te suplico, mi señor, que permitas a tu siervo decir una palabra a oídos de mi señor; y no se excite tu ira contra tu siervo, pues eres como el faraón.

¹⁹ Mi señor preguntó a sus siervos: «¿Tenéis padre o algún hermano?»

²⁰ Respondimos a mi señor: «Tenemos al padre anciano, y un hijo nacido en su ancianidad, el pequeño, cuyo hermano murió quedando él solo de su madre, y su padre le ama».

²¹ Entonces dijiste a tus siervos: «Traédmelo, para verlo con mis ojos».

²² Nosotros contestamos a mi señor: «El muchacho no puede abandonar a su padre; si lo abandonara, moriría».

²³ Tú insististe a tus siervos: «Si no baja con vosotros vuestro hermano pequeño, no volváis a verme».

²⁴ Cuando subimos a donde estaba mi padre, tu siervo, le contamos lo que había dicho mi señor.

²⁵ Luego dijo nuestro padre: «Volved a comprarnos algunos víveres».

²⁶ Respondimos: «No podemos bajar. Bajaremos si viene con nosotros nuestro hermano pequeño, pues no podemos presentarnos ante aquel hombre si nuestro hermano pequeño no viene con nosotros».

²⁷ Pero mi padre, tu siervo, nos replicó: «Vosotros sabéis que mi esposa me dio dos hijos;

²⁸ el uno se alejó de mí y tuve que decir: “Seguramente ha sido despedazado”. Y yo no le he vuelto a ver.

²⁹ Si os lleváis también a éste de mi lado y le ocurre alguna desgracia, haríais bajar, de aflicción, mis canas al sheol».

³⁰ Si ahora vuelvo a mi padre, tu siervo, sin que venga con nosotros el muchacho, a cuya vida está unida la de él,

³¹ cuando vea que no viene el muchacho, morirá; tus siervos habremos hecho bajar de pena las canas de nuestro padre al sheol.

³² Porque, además, yo, tu siervo, me he hecho responsable del muchacho ante mi padre, diciendo: «Si no te lo traigo seré culpable de pecado ante mi padre toda la vida».

³³ Ahora, pues, quede tu siervo, por favor, como esclavo de mi señor en lugar del muchacho y que éste suba con sus hermanos,

³⁴ pues ¿cómo voy a subir a donde está mi padre sin el muchacho conmigo? No quiero ver la desgracia que va a sobrevenir a mi padre. 

Capítulo 45

José se da a conocer a sus hermanos

¹ José ya no podía contenerse ante todos sus asistentes y ordenó: —Salid todos de mi presencia. Y no quedó nadie con él cuando José se dio a conocer a sus hermanos.

² Al llorar levantó la voz, y lo oyeron los egipcios y la casa del faraón.

³ José dijo a sus hermanos: —Yo soy José; ¿vive aún mi padre? Sus hermanos no podían responderle, porque quedaron aterrados ante él.

⁴ Entonces José dijo a sus hermanos: —Acercaos a mí. Se acercaron y les dijo: —Yo soy José, vuestro hermano, el que vendisteis a los egipcios; ⁵ pero ahora no os preocupéis, ni os parezca odioso el haberme vendido aquí, pues Dios me envió por delante para vuestra salvación.

⁶ Llevamos dos años de hambre dentro del país y todavía quedan cinco años en los que no habrá ni siembra ni siega.

⁷ Dios me envió delante de vosotros para aseguraros la subsistencia en la tierra, y conservaros la vida mediante una gran liberación.

⁸ No me enviasteis, por tanto, vosotros aquí, sino que es Dios quien me ha puesto como un padre para el faraón, como señor de toda su casa, y como gobernador de todo el país de Egipto.

⁹ Daos prisa, subid a donde está mi padre y decidle: «Así dice tu hijo José: Dios me ha hecho señor de todo Egipto, baja adonde estoy yo, sin detenerte;

¹⁰ te instalarás en la región de Gosen, vivirás cerca de mí, tú, tus hijos y los hijos de tus hijos; tu ganado mayor y menor, y todo lo que poseas.

¹¹ Yo te mantendré allí, pues todavía quedan cinco años de hambre, para que no perezcas ni tú, ni tu casa, ni nada de lo que posees».

¹² Estáis viendo con vuestros propios ojos, y también lo ve mi hermano Benjamín, que os hablo yo personalmente.

¹³ Contadle a mi padre toda mi gloria en Egipto y todo lo que habéis visto, y daos prisa en bajar aquí con mi padre.

¹⁴ Luego se echó al cuello de su hermano Benjamín y rompió a llorar; Benjamín lloró también abrazado a él.

¹⁵ Besó José a todos sus hermanos y lloró abrazado a ellos. Después de esto sus hermanos comenzaron a hablarle.

¹⁶ Llegó a casa del faraón la noticia de que habían venido los hermanos de José, y les pareció bien al faraón y a sus servidores.

¹⁷ El faraón dijo a José: —Di a tus hermanos: «Haced lo siguiente: Cargad vuestras caballerías y volved al país de Canaán,

¹⁸ recoged a vuestro padre y a vuestras familias y venid a mí; yo os daré lo mejor del país de Egipto, y comeréis lo más excelente de la tierra».

¹⁹ Ordénales también: «Haced lo siguiente: Llevaos del país de Egipto carros para vuestros niños y vuestras mujeres, montad a vuestro padre y venid.

²⁰ No os preocupéis de vuestras cosas, porque tendréis lo mejor de todo el país de Egipto».

²¹ Así lo hicieron los hijos de Israel; José les dio carros según la orden del faraón, y les proporcionó provisiones para el viaje.

²² A cada uno de ellos le regaló un vestido nuevo, pero a Benjamín le dio trescientos siclos de plata y cinco vestidos nuevos.

²³ A su padre le mandó lo siguiente: diez asnos cargados de lo mejor de Egipto, y diez asnas cargadas de grano, pan y provisiones para el viaje de su padre.

²⁴ Despidió a sus hermanos, y cuando se marchaban les dijo: —No os enfadéis en el camino.

²⁵ Subieron de Egipto y llegaron al país de Canaán donde estaba su padre Jacob.

²⁶ Le dieron la noticia: —José vive todavía y él es quien manda en todo el país de Egipto. Jacob no se conmovió porque no les creía.

²⁷ Entonces le contaron todo lo que les había dicho José y, al ver los carros que José mandaba para transportarle, Jacob, su padre, recobró el ánimo.

²⁸ Israel exclamó: —Es suficiente; mi hijo José vive todavía. Iré a verle antes de morir. 

Capítulo 46

Jacob baja a Egipto

¹ Israel emprendió el viaje con todo lo que tenía; llegó a Berseba y ofreció sacrificios al Dios de su padre Isaac.

² Dios llamó a Israel en una aparición aquella noche: —¡Jacob, Jacob! Éste contestó: —¡Aquí estoy!

³ Y le dijo: —Yo soy Dios, el Dios de tu padre. No temas bajar a Egipto, porque te constituiré allí en un gran pueblo.

⁴ Yo bajaré contigo a Egipto, y yo te haré también subir; y José te cerrará los ojos. ⁵ Jacob se puso en camino desde Berseba, y los hijos de Israel subieron a su padre Jacob, a los niños y a las mujeres en los carros que había enviado el faraón para transportarle.

⁶ Llevaron su ganado y las riquezas que habían hecho en el país de Canaán, y llegaron a Egipto, Jacob y toda su descendencia con él:

⁷ sus hijos y nietos, y sus hijas y nietas; a toda su descendencia la llevó consigo a .

⁸ Éstos son los nombres de los hijos de Israel que bajaron a Egipto, de Jacob y de sus hijos: Rubén, primogénito de Jacob,

⁹ y los hijos de Rubén: Henoc, Palú, Jesrón y Carmí.

¹⁰ Hijos de Simeón: Yemuel, Yamín, Ohad, Yaquín, Sójar y Saúl, hijo de la cananea.

¹¹ Hijos de Leví: Guersón, Quehat y Merarí.

¹² Hijos de Judá: Er, Onán, Selá, Peres, Zéraj; Er y Onán habían muerto en el país de Canaán. Los hijos de Peres fueron: Jesrón y Jamul.

¹³ Hijos de Isacar: Tolá, Puá, Job y Simrón.

¹⁴ Hijos de Zabulón: Séred, Elón y Yajleel. 15Éstos fueron los hijos que Lía dio a Jacob en Padán–Aram, además de su hija Dina. En total, entre sus hijos e hijas, treinta y tres personas.

¹⁶ Hijos de Gad: Sefón, Jaguí, Suní, Esbón, Erí, Arod y Arelí.

¹⁷ Hijos de Aser: Yimná, Yisvá, Yisví, Beriá, y Séraj, hermana de éstos. Hijos de Beriá: Jéber y Malquiel. 18Éstos son los hijos que dio a Jacob Zilpá, la esclava que Labán regaló a su hija Lía: dieciséis personas.

¹⁹ Hijos de Raquel, esposa de Jacob: José y Benjamín.

²⁰ A José le nacieron en el país de Egipto Manasés y Efraím–, los hijos que le dio Asenat, hija de Poti–Fera, sacerdote de On.

²¹ Hijos de Benjamín: Bela, Béquer, Asbel, Guerá, Naamán, Ejí, Ros, Mupim, Jupim y Ared. 22Éstos son los hijos que Raquel dio a Jacob; en total, catorce personas.

²³ Hijos de Dan: Jusim.

²⁴ Hijos de Neftalí: Yajseel, Guní, Yéser y Silem. 25Éstos son los hijos que dio a Jacob Bilhá la esclava que Labán regaló a su hija Raquel: en total, siete personas.

²⁶ El total de personas que entraron con Jacob a Egipto, las nacidas de él, sin contar las mujeres de sus hijos, fueron sesenta y seis;

²⁷ más los dos hijos de José, que le nacieron en Egipto, hacen de la familia de Jacob que entró a Egipto un total de setenta personas.

²⁸ Jacob envió a Judá por delante a donde estaba José, para que éste diese instrucciones antes de su llegada a Gosen. Luego entraron en la región de Gosen.

²⁹ José enganchó su carroza y subió a Gosen al encuentro de su padre Israel. Al verlo se le echó al cuello y lloró abrazado a él.

³⁰ Israel dijo a José: —Ahora puedo morir después de haber visto tu rostro y saber que todavía vives.

³¹ José dijo a sus hermanos y a la familia de su padre: — Voy a subir a dar la noticia al faraón y decirle: «Mis hermanos y la familia de mi padre, que estaban en el país de Canaán, han venido hasta mí.

³² Los hombres pastorean ovejas, pues son ganaderos, y han traído sus ovejas, sus vacas y todo lo que poseen».

³³ Cuando el faraón os llame y os pregunte cual es vuestra ocupación,

³⁴ le responderéis: «Tus siervos son ganaderos desde la juventud hasta ahora, lo mismo nosotros que nuestros padres». Y de esta forma podréis instalaros en la región de Gosen, porque los pastores de ovejas son una abominación para los egipcios. 

Capítulo 47

se asienta en la región de Gosen

¹ Fue José y dio al faraón la noticia: —Mi padre y mis hermanos, con sus ovejas, vacas y todo lo que poseen han llegado del país de Canaán y están ahora en la región de Gosen.

² Y de entre todos sus hermanos eligió cinco hombres y se los presentó al faraón.

³ El faraón les preguntó: —¿Cuál es vuestra ocupación? Ellos respondieron al faraón: —Nosotros tus siervos somos pastores de ovejas, lo mismo que nuestros padres.

⁴ Y añadieron: —Hemos venido a habitar en el país, porque no hay pasto para las ovejas de tus siervos, ya que es rigurosa el hambre en el país de Canaán. Ahora, permite que tus siervos se instalen en la región de Gosen. ⁵ Habló el faraón a José diciéndole: —Tu padre y tus hermanos han venido a ti;

⁶ el país de Egipto está a tu disposición; instala en lo mejor del país a tu padre y a tus hermanos. Que se establezcan en la región de Gosen; y si sabes que hay entre ellos hombres expertos, ponlos de mayorales al frente de mi ganado.

⁷ José hizo venir a su padre Jacob y lo presentó al faraón. Jacob bendijo al faraón,

⁸ y el faraón preguntó a Jacob: —¿Cuantos son los años de tu vida?

⁹ Respondió Jacob al faraón: —Ciento treinta son los años de mi peregrinar. Pocos y malos han sido los años de mi vida, y no llegan a los años de vida de mis padres en su peregrinar.

¹⁰ Jacob bendijo al faraón y salió de su presencia.

¹¹ José instaló a su padre y a sus hermanos, y les otorgó propiedades en el país de Egipto, en lo mejor del país, en la región de Ramsés, como había ordenado el faraón.

¹² Además, él mismo proveyó de alimento a su padre, a sus hermanos y a toda la familia de su padre, según el número de descendientes. 

José administra Egipto en favor del faraón

¹³ No había pan en toda la tierra porque el hambre era rigurosa y tanto el país de Egipto como el país de Canaán estaban asolados por el hambre.

¹⁴ José se hizo con todo el dinero que había en el país de Egipto y en el país de Canaán a cambio del grano que le compraban, y reunió todo el dinero en casa del faraón.

¹⁵ Pero se agotó el dinero en el país de Egipto y en el país de Canaán, y acudieron todos los egipcios a José diciéndole: —Danos pan, ¿o es que vamos a morir delante de ti porque falte el dinero?

¹⁶ Les respondió José: —Entregad vuestro ganado, y os daré pan a cambio de vuestro ganado si os falta dinero.

¹⁷ Traían su ganado a José y éste les daba pan a cambio de caballos, de rebaños de ganado mayor y menor, y de asnos; y durante aquel año les proveyó de pan a cambio de todo su ganado.

¹⁸ Pasó aquel año, y al año siguiente acudieron a él los egipcios y le dijeron: —No vamos a ocultar a mi señor que se acabó el dinero, y los rebaños de animales han pasado a ser de mi señor; no queda ante mi señor sino nuestras personas y nuestros campos.

¹⁹ ¿Es que vamos a morir ante tus ojos, nosotros y nuestros campos? Compra nuestras personas y nuestros campos a cambio de pan, y seremos nosotros y nuestros campos esclavos del faraón; danos semilla y podremos vivir; así no moriremos y nuestros campos no quedarán yermos.

²⁰ Así compró José para el faraón toda la tierra de Egipto, pues cada uno de los egipcios vendió su campo porque arreciaba el hambre sobre ellos. El país vino a ser propiedad del faraón,

²¹ y el pueblo le quedó sometido a esclavitud, desde un extremo a otro de las fronteras de Egipto.

²² Solamente dejó de comprar las tierras de los sacerdotes, porque tenían una renta del faraón y comían de la renta que les pasaba el faraón; por eso no vendieron sus campos.

²³ José dijo a la gente: —Hoy os he adquirido a vosotros y a vuestras tierras para el faraón; ahí tenéis simiente para sembrar la tierra.

²⁴ Cuando lleguen las cosechas, entregaréis la quinta parte al faraón, y tendréis cuatro partes para simiente de los campos, para alimento vuestro y de quienes haya en vuestras casas, y para comida de los niños.

²⁵ Ellos respondieron: —Nos has salvado la vida; que encontremos favor ante mi señor; seremos esclavos del faraón.

²⁶ Entonces José estableció la ley sobre el campo de Egipto, vigente hasta el día de hoy, de que la quinta parte es para el faraón, a excepción únicamente de las tierras de los sacerdotes, que no pasaron a ser propiedad del faraón. 

Jacob bendice a los hijos de José

²⁷ Israel se estableció en el país de Egipto, en la región de Gosen. Allí arraigaron, crecieron y se multiplicaron mucho.

²⁸ Jacob vivió en el país de Egipto diecisiete años, y el total de los años de vida de Jacob fue ciento cuarenta y siete años.

²⁹ Cuando los días de Israel tocaban a su fin, llamó a su hijo José y le dijo: —Si he hallado gracia ante ti, por favor, pon la mano bajo mi muslo, y jura que actuarás conmigo con misericordia y fidelidad; no me entierres en Egipto

³⁰ cuando descanse con mis padres, sino sácame de Egipto y entiérrame en el sepulcro. José respondió: —Lo haré según tu palabra.

³¹ Jacob insistió: —Júramelo. Y se lo juró. Entonces Israel se dejó caer sobre la cabecera de la cama. 

Capítulo 48

Jacob adopta y bendice a Manasés y Efraím

¹ Después de estos sucesos le dijeron a José: —Tu padre está enfermo. Él llevó consigo a sus dos hijos, Manasés y Efraím.

² Cuando le anunciaron a Jacob: «Tu hijo José ha venido a verte», Israel se reanimó y se sentó en la cama.

³ Le dijo Jacob a José: —El–Saday se me manifestó en Luz, en tierra de Canaán y me bendijo

⁴ diciéndome: «Te haré crecer, te multiplicaré y te convertiré en multitud de pueblos; daré esta tierra a tu descendencia después de ti en posesión perpetua». ⁵ Y en cuanto a tus dos hijos que te han nacido en el país de Egipto, antes de que yo viniera a Egipto a estar contigo, ellos serán míos; Efraím y Manasés serán para mí como Rubén y Simeón.

⁶ En cambio, la descendencia que hayas tenido después de ellos será tuya, y serán mencionados en la herencia junto al nombre de sus hermanos.

⁷ Cuando yo venía de Padán, Raquel se me murió en tierra de Canaán, en el camino, un trecho antes de llegar a Efrata, y allí le di sepultura, en el camino de Efrata, es decir, de Belén.

⁸ Israel vio a los hijos de José, y preguntó: —¿Quienes son éstos?

⁹ José respondió a su padre: —Son mis hijos, los que Dios me ha dado aquí. Le dijo Jacob: —Acércamelos para que los bendiga.

¹⁰ Los ojos de Israel se habían debilitado por la vejez, y apenas podía ver. José se los acercó y él los abrazó y los besó.

¹¹ Israel dijo a José: — No esperaba ver tu rostro, y ahora Dios me concede verte a ti y también a tu descendencia.

¹² José los sacó de entre las rodillas de su padre y se postró rostro en tierra.

¹³ Después tomó José a los dos, a Efraím con la derecha, a la izquierda de Israel, y a Manasés con la izquierda, a la derecha de Israel, y se los acercó.

¹⁴ Israel extendió su derecha y la puso sobre la cabeza de Efraím, que era el menor; y su izquierda sobre la cabeza de Manasés; adrede cruzó los brazos, ya que Manasés era el primogénito.

¹⁵ Entonces bendijo a José diciendo: —El Dios en cuya presencia anduvieron mis padres Abrahán e Isaac; el Dios que ha sido mi pastor desde el día en que nací hasta el día de hoy;

¹⁶ el ángel que me libró de todo mal, bendiga a estos muchachos: perdure en ellos mi nombre y el de mis padres Abrahán e Isaac, y en multitud se conviertan sobre la tierra.

¹⁷ Al ver José que su padre había puesto la mano derecha sobre la cabeza de Efraím, le pareció mal; y agarró la mano de su padre para cambiarla de la cabeza de Efraím a la cabeza de Manasés,

¹⁸ diciendo a su padre: —Así no, padre mío, que el primogénito es éste; pon tu derecha sobre su cabeza.

¹⁹ Pero su padre rehusó diciendo: —Lo sé, hijo mío, lo sé; también éste se convertirá en un pueblo, y él también será grande; pero, con todo, su hermano menor será más grande que él, y su descendencia se convertirá en multitud de naciones.

²⁰ Aquel día Jacob los bendijo diciendo: —En ti se bendecirá Israel diciendo: «Dios te haga como a Efraím y Manasés». Y puso a Efraím delante de Manasés.

²¹ Israel dijo a José: —Yo voy a morir; pero Dios estará con vosotros, y os hará volver a la tierra de vuestros padres.

²² A ti te entrego Siquem, una parte más que a tus hermanos, la que arrebaté del poder de los amorreos con mi espada y mi arco. 

Capítulo 49

Bendiciones de Jacob a sus doce hijos

¹ Jacob llamó a sus hijos y habló así: —Reuníos, que voy a anunciaros lo que os sucederá en los días venideros.

² Juntaos y escuchad, hijos de Jacob, escuchad a vuestro padre Israel.

³ Rubén, tú eres mi primogénito, mi fuerza y primicia de mi vigor, primero en dignidad, y primero en poder:

⁴ hierves como el agua, no predominarás, porque subiste al lecho de tu padre, y al subir mancillaste mi tálamo. ⁵ Simeón y Leví son hermanos; instrumentos de violencia sus cuchillos.

⁶ ¡Que no me una yo a sus decisiones ni asista a sus asambleas!; porque, en su cólera, asesinaron hombres y, por su capricho, desjarretaron toros.

⁷ Maldita sea su cólera, porque es violenta; y su furor, porque es cruel. Los repartiré entre Jacob; los dispersaré por Israel.

⁸ A ti, Judá, te alabarán tus hermanos; pondrás tu mano sobre la cerviz de tus enemigos y ante ti se postrarán los hijos de tu padre.

⁹ Judá es un cachorro de león; ¡hijo mío, volviste con la presa! Se recuesta echándose como un león, y como una leona: ¿quién le hará levantarse?

¹⁰ No se apartará de Judá el cetro ni el bastón de mando de entre sus pies, hasta que venga aquél, a quien le pertenece, y a quien deben obediencia las naciones.

¹¹ Ata su asno a una cepa y a una parra su pollino; lava en vino su vestido y en sangre de uvas su manto;

¹² sus ojos son más oscuros que el vino y sus dientes más blancos que la leche.

¹³ Zabulón habitará junto al mar y será puerto para los barcos; su frontera llegará hasta Sidón.

¹⁴ Isacar es un asno robusto echado entre las aguaderas;

¹⁵ ve que el descanso es bueno y la tierra agradable; ofrece el lomo a la carga llega a hacerse esclavo a sueldo.

¹⁶ Dan juzgará a su pueblo como una más de las tribus de Israel.

¹⁷ Dan será serpiente junto al camino, víbora junto al sendero, que muerde el jarrete del caballo y hace caer hacia atrás a su jinete.

¹⁸ Espero, oh Señor, tu salvación.

¹⁹ A Gad le asaltarán los ladrones; pero él asaltará su retaguardia.

²⁰ Aser tiene un pan excelente, produce manjares regios.

²¹ Neftalí es una cierva suelta que tiene hermosos cervatos.

²² José es un retoño fecundo, retoño fecundo junto a la fuente, sus brotes sobrepasan el muro.

²³ Le hostigan lanzándole dardos; le atacan ferozmente los arqueros.

²⁴ Pero se les rompe el arco y se aflojan los músculos de sus brazos, por obra del Fuerte de Jacob, en nombre del Pastor, la Piedra de Israel,

²⁵ por el Dios de tu padre, que te auxilia y El–Saday que te bendice con bendiciones del cielo desde arriba, bendiciones del abismo que yace en lo hondo, bendiciones de pechos y de senos.

²⁶ Las bendiciones de tu padre sobrepasan las bendiciones de las colinas antiguas, los anhelos de los collados eternos. Recaigan sobre la cabeza de José, sobre la frente del elegido entre sus hermanos.

²⁷ Benjamín es un lobo feroz, por la mañana devora la presa y por la tarde reparte los despojos.

²⁸ Todas éstas son las doce tribus de Israel y esto es lo que les dijo su padre al bendecirlos, bendiciendo a cada uno con una bendición propia. 

Muerte de Jacob

²⁹ Luego les dio la siguiente orden: —Yo voy a reunirme con los míos; enterradme junto a mis padres en la cueva que está en el campo de Efrón el hitita;

³⁰ en la cueva que está en el campo de Macpelá, frente a Mambré, en el país de Canaán, el campo que compró Abrahán a Efrón, el hitita, como propiedad sepulcral.

³¹ Allí están sepultados Abrahán y su esposa Sara; allí sepultaron a Isaac y a su esposa Rebeca; y allí sepulté yo a Lía.

³² El campo y la cueva que hay en él fueron adquiridos de los hijos de Het.

³³ Cuando Jacob acabó de dar estas instrucciones a sus hijos, metió los pies en el lecho, expiró, y fue a reunirse con los suyos. 

Capítulo 50

Sepultura de Jacob

¹ Entonces José se inclinó sobre el rostro de su padre, lloró y le besó.

² Luego ordenó a los médicos a su servicio que embalsamaran a su padre, y los médicos embalsamaron a Israel.

³ Emplearon en ello cuarenta días, para que así se cumplieran los días del embalsamamiento; y los egipcios le lloraron durante setenta días.

⁴ Cuando pasaron los días del duelo, José habló a la casa del Faraón diciendo: —Si he hallado gracia ante vosotros, hablad, por favor, al faraón en estos términos: ⁵ «Mi padre me hizo jurar esto: “Cuando yo muera, me enterrarás en el sepulcro que me excavé en el país de Canaán”. Ahora, pues, voy a subir a enterrar a mi padre, y luego volveré».

⁶ El faraón respondió: —Sube y entierra a tu padre, tal como te hizo jurar.

⁷ José subió a enterrar a su padre, y con él subieron todos los siervos del faraón, los ancianos de su corte, y todos los ancianos del país de Egipto,

⁸ así como toda la casa de José, sus hermanos y la casa de su padre; solamente sus niños, ganados y vacadas quedaron en el país de Gosen.

⁹ También subieron con él carros y jinetes, formando un cortejo imponente.

¹⁰ Cuando llegaron a Goren–Atad, al otro lado del Jordán, celebraron allí un gran rito fúnebre muy solemne, y José hizo duelo por su padre siete días.

¹¹ Al ver los habitantes de la tierra, los cananeos, el duelo en Goren–Atad, dijeron: «Qué solemne es el duelo de los egipcios». Por eso se llamó a aquel lugar Abel–Misraim, que está al otro lado del Jordán.

¹² Los hijos de Jacob hicieron con él tal como les había mandado:

¹³ lo llevaron a tierra de Canaán y lo sepultaron en la cueva del campo de Macpelá, el campo que Abrahán había comprado a Efrón, el hitita, como propiedad sepulcral frente a Mambré.

¹⁴ Después de haber sepultado a su padre, José, sus hermanos y todos los que habían subido con él a enterrar a su padre volvieron a Egipto. 

Tras la muerte de Jacob

¹⁵ Al ver los hermanos de José que había muerto su padre se dijeron: —Quizá José nos guarde rencor y nos devuelva todo el mal que le hicimos.

¹⁶ Entonces mandaron decir a José: —Tu padre, antes de su muerte, dio esta orden:

¹⁷ «Así diréis a José: “Por favor, perdona el crimen de tus hermanos y su pecado, pues te hicieron mal”. Ahora perdona el crimen de los siervos del Dios de tu padre». Al hablarle así, José se echó a llorar.

¹⁸ Entonces fueron también sus hermanos, se postraron ante él y dijeron: —Aquí nos tienes como esclavos tuyos.

¹⁹ José les respondió: —No temáis. ¿Acaso estoy yo en lugar de Dios?

²⁰ Vosotros planeasteis el mal contra mí, pero Dios lo planeó para el bien, para hacer, tal como hoy ocurre, que viviera un pueblo numeroso.

²¹ Ahora, pues, no temáis; yo os alimentaré a vosotros y a vuestros hijos. Y José los consoló hablándoles al corazón.

²² José vivió en Egipto con la casa de su padre, y llegó a los ciento diez años.

²³ José vio a los descendientes de Efraím hasta la tercera generación; también los hijos de Maquir, hijo de Manasés, nacieron sobre las rodillas de José. 

Muerte de José

²⁴ José dijo a sus hermanos: —Yo voy a morir; pero Dios os visitará sin falta y os hará subir desde esta tierra a la tierra que juró a Abrahán, Isaac y Jacob.

²⁵ Luego José hizo jurar a los hijos de Israel de esta manera: —Cuando Dios os visite, sacaréis mis huesos de aquí.

²⁶ José murió a los ciento diez años; lo embalsamaron y fue puesto en un féretro en Egipto.